Las rabietas del integrismo taurino

Sé de sobra que el toreo es pasión y que los aficionados de hueso colorado solemos ser naturalmente apasionados y defensores a ultranza de nuestras respectivas preferencias. Pero eso es una cosa y otra creer a pie juntillas que siempre llevamos razón. Lo que más molesta es que, quienes así son, nunca renuncian a que sus ideas sean asumidas incondicionalmente por los demás recurriendo a cualquier método para conseguirlo. Por eso siempre estuve en contra de los sectarismos taurinos excluyentes a costa de nadar contra corriente y de recibir no pocos golpes profesionales, algunos gravísimos.

Lo que digo es para discrepar sin disimulo alguno de los que piensan que el toreo o, mejor dicho, las maneras de torear tienen que ajustarse a unas formas inamovibles y que cualquier otra versión haya que condenarla y, si se pudiera, prohibirla.

Pero claro, resulta que estos propósitos – inútiles por que en la práctica jamás prosperan – suelen cambiar según las modas en boga. Lo risible es que quienes los desean siempre los defienden calificándolos de “puros”. ¡Ah la pureza del toreo, del “toreo puro” como dicen y repiten como loros¡ Pero ¿qué es el toreo puro? Todos creen saberlo y nadie lo sabe a ciencia cierta porque en cada época se pusieron modelos, a la postre, contradictorios entre sí. Desde hace 40 años aproximadamente, muchos suelen poner como ejemplos paradigmáticos del toreo puro el de los grandes artistas. Sin embargo, casi ninguno de estos “privilegiados” hicieron ni hacen, ni seguramente harán el toreo efectivo y, en definitiva, pragmático en función de las condiciones de cada toro porque para la mayoría de los llamados grandes artistas, son los toros los que se tienen que acoplar a sus maneras de torear. Y eso ocurre muy pocas veces.

No deja de resultar curioso que los amantes de la pureza sean siempre más partidarios de los toreros irregulares y acérrimos de los que casi nunca triunfan, que de los que lo consiguen a golpe cantado y con toda clase de reses.

Cada vez que escribo o hablo de esto, recuerdo lo que un viejo aficionado de Madrid muy famoso le dijo un día a su hijo, también famoso y por cierto crítico: “hijo mío, hijo mío, los buenos toreros son los que casi siempre están mal”. O sea, que en el fondo, saben que no tienen razón pero intentan imponer la suya.

Esta manera de “ver” y de “ser” de los integristas conduce incluso a la paranoia y, a veces, hasta la violencia. Nefasta actitud que no solo explicitan en las plazas con voces y hasta con insultos hacia los que no torean como ellos quieren que lo hicieran, sino que, para colmo, muestran su radical enemiga contra los que no opinamos como ellos. Nos consideran poco menos que apestados.

La crítica radicalmente integrista – la hubo, la hay y desgraciadamente seguirá habiéndola – es la principal culpable de este desvarío porque son los que predican sus propias creencias y los que más contribuyen a extenderlas hasta convertirlas en contagiosas. Es un fenómeno que podemos calificar de enfermedad o mejor llamarla plaga mental porque llegan a convertir simples opiniones en armas arrojadizas contra quienes no compartimos sus odios. Hasta parecen gozar más con el odio a los toreros que detestan y a cuantos gozamos con su toreo que de la admiración a sus diestros predilectos. Convierten así el limpio y cortés contraste de pareceres en una guerra sin cuartel que intenta la eliminación moral de cuantos se atreven a discrepar.

Y esto infecta el ambiente taurino hasta hacerlo irrespirable. Sobre todo cuando la infección pasa de las plazas de toros a los círculos donde conviven más o menos organizados diversidad de aficionados. La situación se convierte en insoportable en las peñas y clubs taurinos en las que los socios del bando integrista  guerrean mediante toda clase de subterfugios y turbias maniobras para imponer sus criterios a los demás. Fenómeno que generalmente termina en graves disputas y, finalmente, en la inviabilidad de sostener la convivencia. O sea y lo que es peor, en la desaparición de la entidad como consecuencia de la decapitación moral de los que tratan de encontrar la paz. Y la imposibilidad de encontrarla provoca la huida de los moderados, hartos del conflicto. Ya han aparecido brotes de integrismo radical en Francia – la plaza de Dax es la mayor victima – y me cuentan que  hasta en algún otro país europeo.  Curiosamente, este es un fenómeno que corre parejo con lo que sucede muy habitualmente en el mundo de la política en donde tanto abundan el integrismo, los sectarismos y, no digamos, los nacionalismos.

Llegados a este punto, nos vemos obligados una vez más a dar la versión más abierta sobre lo que el mejor toreo fue y va siendo interpretado cada vez con mayor perfección. La que, por supuesto, han alcanzado los mejores toreros del presente: Dominar toda clase de ganado con la mayor belleza, la mayor limpieza, la mayor templanza, la mayor armonía y la mayor naturalidad posibles.  Todo lo demás, es algo fútil por mucho empeño que pongan los integristas en hacer virtud de las futilidades al uso. Todas esos modismos como lo  del “pico”, lo de “cruzarse”, etc,  son precisamente fútiles en general porque el mal llamado “pico” y el “cruzarse” hay que utilizarlo o no según sea el toro que tengan enfrente. Imponerlo sistemáticamente sean como sean los toros es un grave error y una grosera torpeza. Por ejemplo, en la plaza de Las Ventas de Madrid los integristas suelen exigir con gritos a los mejores, hagan lo que hagan, mientras perdonan lo mismo que  a los otros demandan cuando los que torean son sus preferidos.  A los mejores toreros se les impide ligar los muletazos por no hallar manera de conseguirlo y, tras cada pase, tienen que cruzarse.

No hay que irnos demasiado lejos para poner otro ejemplo: Casi todos los integristas fueron curristas acérrimos. Pero yo no he visto a nadie que toree más al hilo, menos cruzado y con menos limpieza que al señor Romero quien, por cierto, tras dejar medio muertos a los toros en el caballo casi nunca daba pases completos porque al finalizarlos casi siempre le enganchaban la muleta. Eran sus partidarios los que remataban sus pases con esos oles preconcebidos y arrastrados hasta el paroxismo.  Fue lo se empezó a llamar currismo e incluso lo que actualmente sucede con Morante – el morantismo – en sus tardes medianas y no digamos en las malas cuando le jalean igual lo bueno que lo regular y hasta lo pésimo con tal de que haga parecer que quiere estirarse.  Y que conste que Morante es el mejor con mucho de esta clase de toreros y que a mí me encanta cuando está bien de verdad.

Los integristas se pasan la vida hablando de cosas que nada tienen que ver con lo sustancial. Y curiosamente, en cada época intentaron, intentan e intentarán dictar anatemas contra los mejores toreros. Lo he vivido y padecido durante toda mi vida.

Cuando yo era niño, todavía duraban las diatribas contra el recientemente muerto por un toro, Manuel Rodríguez Manolete. Siendo ya un mozalbete, a quienes más negaban y vituperaban era a Luis Miguel Dominguín. Todavía siendo yo muy joven y hasta que se retiró definitivamente, el diestro a batir fue el por todo grandioso Antonio Ordóñez.  También le había tocado la china al más incomprendido de la historia – yo mismo le negué hasta que mi padre y el propio Ordóñez contrariaron mi radical sin razón-, Manuel Benítez El Cordobés. A Paco Camino, Diego Puerta y El Viti, los integristas de su tiempo les llamaban el “sota, caballo y rey” de la baraja y yo pensaba para mis adentros: “!pues vaya sota, vaya caballo y vaya rey…, tardará mucho tiempo en salir tres como ellos y, además, al mismo tiempo. Más adelante, a José María Manzanares padre le odiaron hasta que se retiró y aún quedan muchos que siguen odiándole.  A Dámaso González le contaban los pases en cada crónica obviando sus grandes méritos. De El Niño de la Capea dijeron que parecía una máquina de coser. Y de Paquirri que era un vulgar trabajador. Tuvo que matarle un toro para que dejaran de ningunearle.  Pero sus críticos más crueles,  los que más le negaron,  terminaron demostrando lo cobardes que eran porque no se atrevieron a asistir a su entierro en Sevilla que fue el entierro más grande y sentido que yo he visto en mi vida. Justamente sucedió durante el breve aunque importantísimo y trascendental periodo de Paco Ojeda, a quien el líder del integrismo de entonces calificó de “saco de patatas”. Le siguió en el mando Espartaco. Otro odiadísimo por los integristas porque tuvieron que aguantar su mandato durante siete temporadas consecutivas. A César Rincón le admitieron alborozados en su primer año de gracia, pero luego, los mismos, intentaron machacarle. Por entonces ya había irrumpido Enrique Ponce, quizá el más odiado y negado por el integrismo de todos los tiempos porque, tras venticinco años consecutivos en el trono del toreo, aún dura y lo que te rondaré, morena pese a sus pertinaces detractores.  Ponce se les hace insoportable y les saca de quicio porque nadie logró apearle de su sitial y mira que lo intentaron y lo seguirán intentando. Cuando irrumpió el último de sus más importantes contrincantes, José Tomás, creyeron que el de Galapagar sería el que acabaría con el valenciano. Fue en sus mejores campañas de los años 1097, 1998 y 1999. Las que nunca logró repetir.  Pero Tomás tampoco consiguió destronar a Ponce. Más bien al revés y eso desespera a sus sempiternos contrarios.  Ahora mismo, los principales hombres a batir son El Juli y, sobre todo, José María Manzanares hijo, que por ahora es la última víctima de los integristas. Ganas de seguir haciendo el ridículo.

No por casualidad ni por dichos sino por hechos contantes y sonantes, todos los aquí nombrados fueron y son las máximas figuras de sus respectivos tiempos. Por eso, a los integristas de cada periodo siempre les compadecí y les seguiré compadeciendo.  Nunca se salieron con la suya. Pobres. Lo que dan es pena.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

13 Resultados

  1. Fabio dice:

    Josè Antonio,
    una vez mas has conseguido, en un articulo, sintetizar la historia de decadas de Tauromaquia…Gusten mas o menos, citaste los mejores de cada epoca, las expresiones mas altas, eternas y duraderas de sus proprio tiempo..
    Tambien es, este articulo, paradigma y justa y verdadera denuncia de un periodismo y de un sector de “aficionados” que realmente vieron y siguen viendo lo que no estaba y no està…
    o, en el mejor caso, no se enteraron ni se enteran de lo que pasa…
    Por quedar al presente vuelvo y quiero subrayar tus palabras sobre lo que es el mejor toreo… “Dominar toda clase de ganado con la mayor belleza, la mayor limpieza, la mayor templanza, la mayor armonía y la mayor naturalidad posibles”…(que las escuelas de Tauromaquia, los Clubs, los foros taurinos, los blogeros taurinos tomen nota…)
    Una vez mas te confirmas la mas solida, autentica y verdadera referencia en el mundo del periodismo contemporaneo…
    Que decir….pobres ellos que se lo pierden, pobres los que guerrean, insultan, odian, gritan, pobres los que efectivamente sufren esta plaga mental..Dan pena….
    Una vez mas te confirmas el Cesar de los periodistas pues para ti…
    olè, olè y olè

  2. uno del dos dice:

    Sencillamente extraordinario artículo; aunque los fundamentaistas son tan cansinos y aburridos que terminan siendo rechazados en las tertulias de categoria, es decir las rigorosas, que las hay.

  3. santiago dice:

    Un magistral articulo afortunadamente nada “politicamente correcto”. Porque hoy en dia, sobre todo en lo miles de blogs, foros y twit de la web, la moda es quejarse de casi todo el toreo actual. A pesar de que hay muchos problemas que denunciar (nadie lo niega) con esas formas como bien dices “integristas” parece que haya una lucha entre aficionados para ver quien es el mas puro, el mas autentico, olvidando que esto siempre ha sido y siempre será la FIESTA de los TOROS. Y la cosa más riducula es que estos que creen que “cada tiempo pasado fue mejor” olvidan como eran aquellos publicos (quizás facilones pero autenticos) que otorgaron un rabo a Cesar Girón en la Maestranza, o a Palomo Linares en las Ventas, que sacaban a hombros toreros sin las orejas reglamentarias o que pidieron en indulto de Belador en Madrid. Estos integristas están intentando hacer perder el saber “saborear” de la grandeza de la Fiesta de los Toros (y esto no quiere decir que qualquier cosa pueda valer, sobretodo si no hay Toro). Afortunadamente gracias a personas como tu podemos seguir confiando que esta batalla no la ganarán

  4. Chris Brant dice:

    Estimado Jose Antonio, He estado abriendo esta página hasta cuatro veces al día durante la última semana, esperando ver un artículo suyo despotricando contra la concesión a Ivan Fandiño de La Oreja de Oro y he aquí que tanto va el cántaro a la fuente que me he encontrado con una verdadera obra de arte que describe a la vez que analiza a la perfección un fenómeno que se remonta hasta tiempos de Pedro Romero. Enhorabuena.

  5. CERATIX dice:

    Maestro, que gran articulo, nunca mas vigente y real. Gran reseña de lo que ha sido, es y seguirá siendo esto. Saludos atrasados por el cumpleaños!!

  6. Jaime de Rivero dice:

    Estimado Jose Antonio:
    Comparto tu artículo plenamente. Todos esos conceptos “toreo puro”, “toreo clásico” “cargar la suerte” etc. no pueden ser explicados en forma coherente, pues algunos como “cargar la suerte” provienen del s XIX, cuando se practicaba un toreo absolutamente distinto al de ahora. Lo de adelantar la pierna “contraria” y luego “de salida” no existía en las tauromaquias decimononicas, fue introducido por Domingo Ortega en una conferencia, pero irónicamente él jamás cargo la suerte, nunca se paro, por mas que lo escribiera para esa conferencia que derivó en un libro. Ortega toreó siempre sobre pies, buscando la cola como una vez Esplá demostró hace años en un video con la muleta en la mano. El dia dehoy estos conceptos y los argumentos son falacias. Del “Pico” se comienza a hablar en los 80s me parece, o un poco antes. En ninguna cronica anterior se encontrará la palabra “pico de la muleta”. un abrazo desde Lima.

  7. J.A. del Moral J.A. del Moral dice:

    Mi distinguido lector. No comenté lo de la Oreja de Oro de RNE concedida este año a Iván Fandiño porque esta noticia apenas tuvo eco en los medios y, cuando lo supe, creí que se trataba de un error. Pero como usted confirma que, en efecto, le ha sido concedida, lo único que merece la pena decir al respecto es que el premio perjudicará al premiado porque mucha gente que aún no se ha fijado en Fandiño van a ir a verle con mucha ilusión en la creencia de que se trata de un nuevo fenómeno del toreo y van a llevarse una desilusión. Esta sobrevaloración de Fandiño es una más de las que viene gozando aunque mejor sería decir sufriendo. Aunque nadie puede dudar que el torero de Orduña es valentísimo, que se ha ganado el lugar avanzado que ocupa en la segunda fila del toreo y que en determinados periodos apuntó a figura, todavía no lo es. Este año pareció que lo conseguiría, pero las corridas en las que debería haber dado el paso adelante tras sus grandes triunfos en Fallas, en Pamplona y en Mont de Marsan una vez superada la cornada que sufrió en la feria de San Isidro, no lo dio. Y otra cosa respecto al triunfador de la temporada 2013: el gran campeón fue Miguel Ángel Perera sin posible discusión.

  8. Josem dice:

    La fiesta está en un estado de decadencia que asusta, cada vez hay menos público, más plazas cerradas que costará reabrir, nula repercusión en los medios, muchos toreros y subalternos con una segunda ocupación de la que realmente viven … y en foros como este saque el pone el acento en cuestiones menores y en muchos casos superadas, si el pico, que si los integristas de Madrid, que si Fandiño es poca cosa (curiosamente es uno de los toreros con más tirón en el Norte y posiblemente el que más en Francia, lo más serio con diferencia de la fiesta actual, mi Andalucía está desgraciadamente ocupando un lugar testimonial) . Poca gente es consciente de la situación actual. José Antonio vive en su propia ficción, escribe su artículo como si estuviera en los 60 en pleno apogeo de la fiesta. Cada vez tengo más claro que la fiesta nos la cargamos desde dentro, ningún sector se libra, ni prensa ni el minúsculo sector de aficionados que aun pervive

  9. José dice:

    Que pesados con fandiño. Que es muy malo coño , que ese no es figura en su vida y que el señor del moral lleva más razón que mil santos juntos

  10. gregorio dice:

    Josem, que la fiesta se encuentre en momento dificil, nadie lo duda pero la historia nos dice que hubos otros así o peores. Quizás le parezca un tema de poca o nula relevancia, pero a mi el tema del integrismo taurino que se va difundiendo a muchas plazas, me parece uno de los problemas que hoy tenemos y que no ayudan a la Fiesta. Saludos

  11. josem dice:

    amigo Gregorio, la Fiesta jamás ha vivido un momento tan malo como éste. Para nuestra desgracia: plazas que se cierran, encastes históricos que desaparecen, profesionales que torean por debajo de los mínimos legales, matadores triunfadores en Madrid o Sevilla trabajando de camareros durante el invierno, desaparición de la Fiesta en los medios de comunicación y desinterés de una inmensa mayoría de la ciudadanía española. Cada vez es mas difícil encontrar a gente interesada por la Fiesta, incluso entre personas de cierta cultura y preparación. Para muchos, como el caso de José Antonio del Moral, parece que todo esto no existe, la Fiesta no solo es el oropel de las Figuras. ¿Acaso es mas importante que Perera no sea considerado triunfador de la temporada a que toreros en la flor de su carrera malvivan o que desaparezcan los Coquillas o Vega Villar? Pero no me entiendas mal (seguramente me habré explicado mal) tanto el artículo de JA como comentarios como el tuyo tienen su interés. Pero no perdamos a de vista la ruina y miseria que rodea una gran parte de la fiesta

  12. josem dice:

    en los lejanos años que mencionas en nuestro país no tenía otras opciones para divertirse que los toros y la copla. El fútbol estaban a años luz de lo que fue después. Los del balón si que son listos, al contrario que los estamentos taurinos, cada uno tirando de lo suyo. Está claro que tanto la báscula como aquello del “toro grande ando o no ande” supusieron el principio del fin de los encastes mencionados. La cuestión es que enterrados están. Respecto al futuro de la fiesta soy tremendamente pesimista, ojalá me equivocase. A los problemas de los que hablé antes añado quizá el mas grave de todos: la práctica desaparición de festejos menores que no solo aboca a la desazón y al ostracismo a muchos chavales sino que nos priva de la cantera de la que han de salir las figuras del futuro. Un abrazo

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