2ª de feria en Cali (Colombia). Cornada a Aguilar y oreja para Alzate después de tres avisos

Pedro Abad-Schuster

Ante media plaza, calor y  poco viento, se vio al toro, el rey de la Fiesta, resultó dramática y compleja la corrida, una tarde de tragar saliva con los Mondoñedo en Cañaveralejo el jueves 26 de diciembre 2013. Se contrató un encierro bien presentado, serio, aunque desigual. En su comportamiento, exhibieron diferentes matices de casta, midiendo a los toreros. Fue un difícil  examen para todos, con pocas posibilidades para el detalle o el pellizco. Se jugaron la vida tres toreros, dos españoles y un colombiano que tuvieron la dignidad de comparecer ante estos animales. El toreo es el arte de la emoción, aquí y allá. Y en este inicio de feria en Cali, estuvo  presente el toro con hechuras, bien criado, con edad, proveniente de una ganadería definida, algo que reclaman sin éxito de manera infructuosa los públicos de plazas americanas, como La México o Acho. Sin embargo, ¿qué reciben a cambio? Novillos por toros, aun pagando 100 dólares o más por una localidad de andanada de sol,  o sol general, como sucede en Lima.

Ayer los Mondoñedos legendarios, encaste Contreras-Murube, regresaron después de cuatro años a Cali (como lo hicieron el año pasado en Manizales después de 10 años). Y en tres horas de festejo los aficionados se emocionaron con estos “regalitos”, toros no comerciales, no-bobalicones, que había que lidiar, que exigieron el carnet de torero. Estos son los encierros que no quieren ni ver las figuras del toreo que ahora se dedican al marketing taurino (o al toreo como negocio o fuente de fondos), que maximizan beneficios en vez de dejar un rotundo legado y trascender hacia la historia.   

Resultó herido grave el joven madrileño Alberto Aguilar, que venía de cinco tardes en Madrid y 30 festejos en el año, la cornada fue en el gemelo, cerca de la pantorrilla que casi roza la safena. Esperamos el parte médico. El salmantino Javier Castaño – sin su cuadrilla estrella que se quedó en España – no pudo refrendar el triunfo del año anterior, venía de 40 festejos en el año, acostumbrado a encastes fuertes. Y un jovencísimo caleño José Fernando Alzate, con tres años de alternativa, y  tres festejos en el año, aunque crudo de técnica demostró un valor espartano impresionante, quiere ser torero, salió ayer por cuarta tarde consecutiva en esta plaza con al menos una oreja.

El primero de Javier Castaño (de lila y oro), con 493 kilos, serio de lámina, con mucha caja, alto de agujas, parado, manso, probando mucho, no permitió el lucimiento, sin humillar ni desplazándose. Ni una sola verónica en los lances de recibo. Se dejó pegar en el caballo empujando con fuerza. El torero regaló un manojo de derechazos. Hasta que, sin casta ni nobleza  cantó la gallina refugiándose en tablas. Demora con el estoque. Pitos en el arrastre. Con el cuarto, de 568 kilos, enmorrillado, encampanado, gran toro en presencia, con cuajo y hechuras, nunca supo lo que es humillar. Lances iniciales trompicados, logró estirarse por ambos pitones. En varas, Luis Viloria, desmontado por la fuerza del animal, luego puyazo fuerte. El otro caballo también fue a tierra. En banderillas, gran par de Luis Mejía. El torero tomó precauciones, con poca decisión, sin dejar su sello y su firmeza, pero con pundonor. No supo encontrarse con el toro, hasta que se paró pronto, ya sin el recorrido de al principio, le pesaron los kilos. No fue fácil de pasaportar, media, tres pinchazos,  descabellos. Silencio

Alberto Aguilar, enfrentó a un solo ejemplar, el segundo de la tarde, bien presentado, de 496 kilos, menos cuajado, más bajo de agujas. Cinco verónicas de calidad de Alberto Aguilar, el toro abrigaba esperanzas. Sin ímpetu ante los picadores, no se le notaba la casta, aplomado. Aguilar lo embarcó en la muleta, cinco doblones sometiendo con poder, oficio y sitio. El toro se desplazaba mejor humillando. El torero le plantó cara. Por un instante pareció que le transmitió dudas, se dejó descubrir, y apenas era la tercera serie, lo levantó en momento dramático, pegando la cornada en la pierna izquierda debajo de la rodilla. Intentó pararse y se desplomó sobre la arena, fluyendo la sangre, siendo llevado a la enfermería y al hospital del que se espera el parte médico.

El colombiano José Fernando Alzate (de nazareno y cabos negros), emocionó a la concurrencia por sus inmensas ganas y valor inmenso en tres actuaciones en donde demostró su falta de rodaje. Su primero, el tercero de 476 kilos, feo de hechuras, encastado pero más incierto en sus embestidas que sus dos anteriores hermanos de sangre. Le cogió asco con el capote el colombiano.  El toro embestía por oleadas, incierto, rebrincando de mala manera. Y Alzate se la jugó, estuvo por encima del toro, con deseos, sin darle importancia a las dificultades. Un toro que no valía un duro, al que Alzate logró meter a las bambas de la muleta con valor y alegría a base de bajarle la mano por el derecho. Escuchó los tres avisos.

Con el quinto de la tarde, José Fernando Alzate reemplazaba a Aguilar herido. El toro de 508 kilos, fue el más boyante en sus embestidas, bravo, que salvó el prestigio de la ganadería, que humillaba más. La mayoría de muletazos le salieron enganchados al colombiano, con poco arte, pero se ha jugado la vida. Negro, cornidelantero, astiblanco de nombre “Canciller”, peleó en los caballos pero cabeceando. El toro con celo, embestía con buen son, el bogotano conectó con el público escuchando los olés pero sin serenidad ni despaciosidad en su labor. No hilvanaba, su toreo carecía de ser cadencioso o rítmico, muy rápida su velocidad, con muletazos burdos, sin gracia. Estocada poco caída, rodó sin puntilla. El juez denegó la oreja.

El sexto de 532 kilos, para Alzate también, el de menos cornamenta, más parecido al quinto en fenotipo, un toro exigente, José Fernando demostró que quiere ser torero, puede aprender la técnica. Se jugó todas sus cartas, esta vez más pausado en su quehacer, el toro  venía con alegría y desplazamiento al cite de lejos, el torero se jugó la vida y su carrera, la plaza puesta en pie coreó los olés sin importar las deficiencias técnicas, a veces perdía la distancia. Hasta que se descubrió y  fue lanzado a los aires, parecía había perdido la conciencia, felizmente resultó sin consecuencias. Siguió la épica e inolvidable actuación de Alzate, un torero con tres corridas en el año, que revertió los 3 avisos en su primero, logrando momentos intensos con el que cerró el festejo, estoconazo final logra el premio de la única oreja de la tarde. Se espera mucho de este bogotano afincado en Cali que quiere ser médico, y torero.  Para este viernes, cartelazo con Juan Bernardo Caicedo, para Bolívar, Ferrera y Fandiño.

Pedro Abad Schuster

Pedro Abad Schuster

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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