5ª de feria en Cali (Colombia). Dos orejas para Padilla y Perlaza mas una para Perera en tarde de marrajos

Pedro Abad-Schuster

Todo lo pusieron los tres toreros, Miguel Ángel Perera, Perlaza y el “Ciclón de Jerez” Juan José Padilla, no el ganadero en la tarde del domingo 29 de diciembre 2013 en la Cañaveralejo. Con tres cuartos de aforo y bastante calor, Fuentelapeña – del encaste Samuel Flores – envió un encierro bajo de raza, rajado, pero bien presentado como todos los encierros en esta feria, que es condición indispensable por la categoría de la feria, y la visión y modelo de Fiesta escogido por quienes gestionan la plaza de Cali. El Juez de plaza autorizó un toro de regalo, el séptimo, de 518 kilos, para tratar de revertir la tarde, como una manera de desagravio para borrar el bochornoso espectáculo de mansedumbre huidiza excesiva, especialmente con el completamente rajado cuarto de la tarde, el de los tres avisos a Padilla.  

Hasta ese momento, lo rescatable venía del colombiano Paquito Perlaza, un valiente torero felizmente reinventado que tapó los defectos del segundo del encierro,  y con el que alcanzó merecidamente las dos orejas. Perera que regresaba a Cali después de 4 años, logró una oreja del cuarto, en actuación magistral, repite este lunes 30 en cartel con Fandiño, y Luis Miguel Castrillón que toma la alternativa, con santacolomas de Ernesto González.

Con el séptimo de regalo, ofrecido por los ganaderos Domínguez Ochoa para el valiente Padilla, se consiguió que la plaza vibrara intensamente, coreaba todo lo que construía Padilla, en actuación toreando con el corazón, la técnica no importó, rápido y vertiginoso el español, qué honradez, arrimón con gran sentido escénico, el toro rehuyendo las suertes, olisqueaba la arena, y desarrolló sentido. Media espada en todo lo alto. Visto bueno del políticamente correcto presidente de la corrida Carlos Ilián, que obsequió las dos orejas excesivas para los estándares de Cali o para cualquier plaza de primera. Así, salida a hombros de dos toreros, el reinventado colombiano Perlaza y el héroe Padilla.

El primero, de gran trapío, con 482 kilos para Padilla (de marfil y oro con cabos negros), un toro sin fondo, bajo de raza, con poca chispa y transmisión, con la fuerza justa, duró poco, fue noble hasta que se rajó. Padilla toreó con sentimiento, está más placeado, con una especial  displicencia delante del toro. Su tauromaquia que era de tremendismo antes del percance en Zaragoza, y con ganaderías duras, ahora tiene sello personal de clasicismo. Buena estocada, y palmas.

El segundo de 442 kilos, el mejor del encierro, un colorado ojo de perdiz para el colombiano Paco Perlaza (de gris y oro), toro incierto con el capote, con poca fuerza. En varas había sangrado hasta la pezuña. Brindis emocionado a Padilla, logrando el toreo bueno con temple, alargando el brazo, aprovechó la nobleza y embestida franca. Series de derechazos largos de primer nivel, sin ser enganchados, estirándose con mano baja y lento, sintiendo el toreo. Los naturales dibujaban el camino que debe seguir el toro, pero ese no era el mejor pitón. Al final Perlaza logró taparle los defectos, el toro se entregó a su muleta hasta que se rajó al final. Estocadón recibiendo, y dos orejas. El toro no merecía la vuelta al ruedo, pero así lo decidió la presidencia.

El tercero para Miguel Ángel Perera (de grana y oro), un torito castaño bien presentado, de 444 kilos, distraído, sin transmisión, ni celo, de poco contenido. El toro peleó en el caballo de Clovis Velásquez. Perera tomaba la distancia inmediatamente al toro con el don de la ubicación, dándole tiempo y alturas, administrándolo bien, sin apretar en exceso. Lo recogía adelante al animal, llevándolo con lentitud hacia atrás, en series cortas, todo lo hacía el torero. El toro respondió con bondad por el derecho. Toreo largo y templado de Perera, acompañando por el izquierdo, pero era el lado menos potable, hasta que buscó las tablas. Estocada bien colocada, y oreja.

El cuarto para Padilla, de 466 kilos, nada que hacer, el toro más manso de la temporada, enmorrillado, zaino, astinegro, con peligro sordo, y presencia de novillo. Deprimente espectáculo, sin un solo pase, no respondía al llamado de ninguno de los capotes, el ejemplar impuso el total desorden en el ruedo, hasta que llegaron los tres avisos para el torero. Aplausos al torero. El quinto para Paco Perlaza, un marrajo de 522 kilos pitado en el arrastre, Perlaza en labor de lidiador, sin posibilidades de lucimiento. El animal se dolía en banderillas, no quiso embestir, parado, se quedaba por debajo, muy orientado, desarrolló malas maneras. Pinchazo y descabello, silencio. El sexto, de 548 kilos, otro pitado en el arrastre, inútil el esfuerzo que hizo Miguel Ángel Perera. Desparramaba la vista como sus hermanos, defectuosa su forma de acudir rebrincado a las telas, lanzaba hachazos. Estocada desprendida, y silencio. Pitos al toro.

Pedro Abad Schuster

Pedro Abad Schuster

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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