1ª de feria en Manizales (Colombia). Los aficionados merecieron mejor suerte

Esta afición de Manizales vive su feria con una muy buena gestión de la empresa. Aun cayendo agua, este lunes 6 de enero 2014, se hicieron presentes con un cartel de apoyo al torero colombiano, algo que no entienden empresarios de otras plazas de Sudamérica (que todos ya conocen), que rellenan carteles con españoles del tercer grupo para usarlo como excusa y poder cobrar 100 dólares la localidad más barata, sin importarles ver mucho cemento en la plaza, usando sus conexiones con ganaderos colombianos de segundo y tercer nivel (que nunca lidian en Cali, Manizales o Medellín), sin importarles perder dinero ni hacer afición, pero son tercos, al final no quieren la Fiesta, son pseudo-empresarios, muy a tono con la informalidad que los envuelve, y con el poder que detentan…por ahora.   

Y lo que sucedió:  tres toreros colombianos de a pie y un rejoneador, ante más de media plaza, 8,000 espectadores en tarde lluviosa, en el inicio de la edición 59 de Manizales. Esto recién empieza, están programados en cinco corridas de toros figuras como Manzanares (el jueves), Pablo Hermoso de Mendoza (un día antes, este miércoles), Castella (también el jueves), Julián López El Juli y Morante de Sevilla (en mano a mano este sábado), entre otros.

El encierro de Santa Bárbara dio buen juego, corrida de nota alta, toros que promediaron 460 kilos, nobles, que embistieron humillando con recorrido, con calidad, con buenos finales. Cuatro de ellos fueron aplaudidos en el arrastre. El resultado artístico fue responsabilidad de los toreros, los toros necesitaban ser templados muy bien, lo cual no sucedió.  Se cortó solitaria oreja por José Arcila de Manizales, no pudo abrir la Puerta. Ricardo Rivera de Cali, un torero diferente de personalidad acentuada – afincado en tierras aztecas -; y Luis Miguel Castrillón de Medellín, con el mejor lote, quedaron a deber. Torean poco, pero reciben el apoyo de la empresa, y de la afición. Abundaron los enganchones, así los toros cambian de comportamiento y se desluce la lidia.

Sin embargo Ricardo Rivera gustó mucho una vez más, gran clase de torero, con valor impresionante,  actuación con pundonor. Y Luis Miguel Castrillón, que tomó la alternativa la semana pasada en Cali, apoderado por el maestro José Antonio Campuzano, enfrentó  bronca histórica de una afición apasionada que no le perdonó que dejara ir inédito a su segundo, el séptimo del festejo,  y que desaprovechara su primero, el tercero de la tarde. Entonada fue la actuación del rejoneador José Miguel González en sus dos ejemplares.  

Ricardo Rivera (de berenjena y oro), con el primero, cuando arreciaba la lluvia, el toro en el límite de la presentación con 448 kilos, castaño que desarmó al torero de inicio, Rivera de inmediato logró hilvanar bonitas  verónicas, la media salió enganchada. El toro iba con suavidad en la embestida. Recibe excesivo castigo en varas, y en el quite logra larga cordobesa de categoría. El toro se refugiaba en tablas en banderillas. Con la muleta,  salía suelto rehuyendo la pelea, y se recostaba por el derecho. Ya pegado en tablas, no fue fácil templarlo, enganchados los naturales, un poco desconfiado Rivera sin acomodarse. Desde el principio el toro ganó la acción, no le daba tregua al torero, éste queriendo sincronizar con el ritmo de la embestida cuando le bajaba la mano. La plaza coreaba los naturales, seis de ellos en tanda vibrante,  siguió arriesgando hasta ser prendido en voltereta impresionante, recibió fuerte golpe a la altura del lado derecho del tórax. Tiene que perfeccionar la suerte suprema. Palmas.

Con su segundo,  el quinto, cuando dejó de llover, muy bravo y exigente, un

toro que dejó en alto su divisa,  castaño oscuro de 458 kilos, enmorrillado, con pitones, que era pronto, y le pidió el carnet al caleño.   Rivera instrumentó lances a la verónica por ambos pitones, de buena factura, el toro metía bien la cara. En varas se dejó pegar recargando. Había que sacarle la muleta por bajo pues era bravo. El toro esperaba, yendo si le provocaban, el torero sin poder acoplarse con la forma áspera de embestir del animal que le punteaba la muleta, le enganchaba. Las condiciones del toro exigieron plasticidad y técnica, ausentes en la faena, sin conjugar toro y torero. Buena estocada. Palmas.

José Arcila (de nazareno y oro), con muy pocas corridas en su haber, espigado, fue el triunfador del festejo con una oreja del segundo de la tarde, de 444 kilos, muy bajito, zaino cornidelantero,   con acometividad y fuerza, sin rehuir la pelea, mejor por el izquierdo. Un toro un poco complicado que venía vencido por el derecho, al que el jovencísimo torero de Manizales le buscó las vueltas, toreando rápido sin acople por el izquierdo. Arcila no pudo templarle ningún natural, no es fácil, había que bajarle la mano, sin posibilidades de lucir. Estoconazo, casi perfecto en su ejecución. Oreja.

Con su segundo, el sexto, el más pobre de cabeza, pero con calidad y prontitud, enrazado, con nobleza, premiado con palmas en el arrastre. Ganas y disposición de José Arcila, variado con el capote, destacó intercalando chicuelinas y verónicas, y en el quite por tafalleras. El toro había recargado en varas. Con la muleta había que tomarle el sitio, tiempo y distancia, para templar muy bien sus embestidas enrazadas. Ello no ocurrió. Muletazos rápidos y enganchados. El toro puso a vibrar los tendidos. Momentos aislados sin poder ligar una tanda completa y precisa. Demora en la suerte suprema. Silencio. Aplausos en el arrastre.

Luis Miguel Castrillón (de nazareno y oro), con su primero, el tercero de la tarde, de 452 kilos, jabonero sucio bien presentado, más serio que los dos primeros, de gran nobleza, con el que Castrillón escuchó dos avisos. Lances de recibo del agrado de los aficionados. Gran pelea en varas del animal, en su encuentro con Rafael Torres, gran picador. El toro era ideal para quien recién empieza, dejaba estar al torero, iba de largo con fijeza, sin atropellar, ni revolverse en palmo de terreno.  Muletazos de clase de Castrillón, dándole importancia al toro, bordando las series, pero el torero sin templanza en esta actuación, dejando trompicar la muleta. Hasta que el toro se aburrió yendo a tablas. Buen final de faena pegado a tablas y suerte suprema dejando recogido el brazo, numerosos pinchazos. Llovía mucho.   Dos avisos.  

Con el séptimo, de 454 kilos, castaño astifino, el de la bronca histórica a Luis Miguel Castrillón. Verónicas a pies juntos, con prestancia pudo llevar al toro hasta los medios. Éste se arrancó de largo a Luis Viloria, recargando largo tiempo, muy bueno el puyazo.  Excelente lidia de la cuadrilla en banderillas, destacó el par de Ricardo Santana dando el pecho. El toro pedía guerra, era pronto con recorrido y acometividad. Por la izquierda Castrillón se veía un poco verde, había que tirar de él para templar los muletazos. De pronto va por el estoque, y ahí es cuando se desbordaron las pasiones en una bronca sostenida, era inaceptable para esta afición que el torero renunciara tan pronto, había que plantarse y plantarle cara. Esto es una carrera de largo aliento. Y el maestro Campuzano sabrá motivar a Luis Miguel Castrillón.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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