8ª de Fallas en Valencia. Una moruchada de Zalduendo arruinó el duelo entre Castella y Perera

Al menos el diestro francés pudo cortar la única oreja de la malhadada tarde del tercer toro, el único que duró y medio se dejó. Los demás fueron un rosario de reses sin fuerza, sin casa y sin raza terminaron con la paciencia de los espectadores aunque no con la voluntad y la entrega de los contendientes.

  • Valencia. Plaza de la calle Xátiva. Lunes 17 de marzo de 2014. Octava de feria. Tarde soleada y fresca con algo de viento y más de tres cuartos de entrada.
  • Seis toros de Zalduendo, bien presentados y de juego muy deslucido por faltos de fuerza, de raza y sosería al embestir. Noble aunque apagado y soso el primero. Noble, con poca fuerza, soso y muy a menos el segundo. Tan noble como soso aunque más enterito en tercero. Parado de principio a fin el quinto. Manso declarado y brevísimamente noble en la muleta por el lado izquierdo para pararse enseguida. Pronto parado el engañosamente bravito sexto.
  • Sebastián Castella (avellana y oro): Pinchazo y buena estocada estocada, silencio. Estoconazo trasero, oreja. Pinchado, estocada y descabello, ovación.
  • Miguel Ángel Perera (verde inglés y oro): Estoconazo trasero, palmas. Estoconazo de rápidos efectos, silencio tras pitos al toro en su arrastre. Pinchazo, otro hondo y tres descabellos, silencio.

No podíamos imaginar que la corrida resultara tan aburrida y decepcionante porque los antecedentes obligaban a la esperanza.  Y es que íbamos a ver un mano a mano entre dos grandes valientes  en distintas situaciones. Más favorable sobre el papel para el extremeño, Miguel Ángel Perera, que para el francés Sebastián Castella porque el primero no logró asentarse en el sitio que conquistó en su histórica temporada de 2006 mientras el segundo sí a raíz de su también histórica campaña de 2008 tras una penosa travesía de percances, cornadas y largas, dolorosas convalecencias que no hicieron la más mínima mella en su ánimo. Es verdad que ambos resultaron varias veces castigados por los toros aunque, en tales tesituras, también Perera viene ganando a Castella. El pétreo e inamovible valor del de la Puebla del Prior ha permanecido incólume. El de Castella, que fue notabilísimo mientras duró su costoso ascenso a la cumbre, lo ha modulado con los años hasta convertirse en un diestro menos trasmisor en su manera de torear tras haber aprendido muy bien el oficio y no dar ya esa sensación de continuo riesgo que exhibió en sus primeros años. En la historia de ambos, además, hay que mencionar otro cara a cara que se saldó con la aplastante victoria de Miguel Ángel sobre Sebastián y que tuvo lugar en la feria de Clausura de la plaza francesa de Bayona el 4 de septiembre de 2011. El baño fue oceánico y en la casa del contrario  Después hubo más enfrentamientos pero no tan radicalmente emotivos como el de Bayona que marcó un hito en la carrera de Perera. Pero es que, además, en el desigual talante encajador de censuras y consejos, los contendientes también se han definido con sus opuestas maneras de aceptar la realidad cuando hace tiempo les fue planteada por quien subscribe. En una cena con Castella, sin testigos, en el mayo isidril de 2007, le dije a Sebastián que si de verdad quería ingresar en el podio más alto del toreo tendría que estar como el año anterior al menos cinco temporadas seguidas. No le gustó nada oírme eso y no me contestó visiblemente molesto. Por el contrario, en un almuerzo con Perera y su apoderado, Fernando Cepeda, en la septembrina feria de Palencia del 2009, el extremeño me dio la razón sin pestañear cuando le planteé lo mismo. En eso anda precisamente Miguel Ángel. Por eso, al menos para mí, era tan atractivo y por qué no decirlo, también tan morboso, este enfrentamiento fallero. Todo o casi todo, claro está, iba a depender de la suerte que tendrían ambos con los toros de Zalduendo.

A medio día asistimos a la mascletá desde el lugar más privilegiado de la plaza del Ayuntamiento. La terraza de la casa de mi gran amigo Jordi García Inglés. Impresionante vista general de la abarrotada plaza. No hay palabras para describir la emoción que sentimos. Hoy es San Patricio, patrón de Irlanda. Ya quisieran festejar allí a su santo como aquí a San José. Ojalá que a la mascletá de la mañana le siguiera algo parecido por la tarde. Con ese pensamiento esperanzador empezó la corrida.

Por delante Sebastián Castella con un toro muy bien armado. Lances muy templados y reunidos en el recibo que terminaron con la perdida de manos del animal. Y como hubo que cuidarlo, la cosa minimizó en emoción. Perera, en su quite, la recobró por chicuelinas firmísimas y ajustadísimas. Pero fue por cómo las dio no por el toro aunque en banderillas pareció recobrarse. Castella planteó su faena en el tercio con mucha corrección, temple y pulcras maneras en sucesivas tandas con la derecha de menor a mayor intensidad en la interpretación de la suerte. E igualmente al natural con el toro cada vez más remiso. Los tuvo que recetar de uno en uno, cerrando con pases de pecho y con un molinete.Y con el toro ya casi parado, dos o tres naturales y un circular invertido. Los que dio a pies juntos para finalizar fueron los más bonitos. Lo mejor del trasteo. Pero lo ensució pinchando.

La declaración de intenciones de Perera consistió en recibir al segundo toro con dos largas de rodillas en el tercio. Pero este animal, que también exhibió seria cornamenta, tuvo aun menos fuerza que el anterior y, para colmo, se pegó un volantín al salir de un capotazo. Pasó prácticamente sin picar y ni un solo quite. Con esta clase de toros no es posible competir en serio. No obstante, Perera lo brindó al público. A la sosa docilidad del burel, Perera respondió con muletazos diestros larguísimos y muy templados. Citando en la media distancia para el primero, la segunda y tercera rondas resultaron muy reunidas pero sin poder evitar tres amagos de caída del animal. Los naturales en círculo muy cerrado los dio de uno en uno porque el toro, como el anterior, empezó a pararse. Forzosamente ausente la vibración, Perera decidió concluir la faena. La estocada con que mato fue lo mejor pese a quedar trasera.

El tercero fue un cinqueño. Muy armado como sus hermanos. Y suelto del templado capote del francés hasta sujetarlo en los medios con lances de rodillas. Las dos en la arena. Se picó al relance sin apenas pegarle y Castella quitó por distantes aunque garbosas chicuelinas.  Y otro que tal bailó por su ostensible falta de fuerza y de energía. Perera quitó por tafallera y gaoneras sin apenas eco. Lo tuvo Castella a replicarle con otro quite por arrucinas capoteras. Los dos se inventaron la pelea sin enemigo enfrente. Grandes pares de Javier Ambel premiados con la mayor ovación de la tarde hasta el momento. Más enterizo el toro que los precedentes, Castella le hizo su faena  predilecta con cambios en los medios sin moverse y el consabido repertorio sobre ambas manos. Ligadas las rondas aunque intercaladas con largas pausas para que el animal no se acabara pronto. Desgraciadamente, no lo consiguió porque el muy noble toro empezó a claudicary a tardear.  Al menos pudo dar un natural en círculo completo. Terminó en las cercanías sacando cortos pases de donde casi no había. Mucha voluntad, encomiable entrega, innegable quietud. Pero con un toro tan soso, la faena solo brilló por la gran disposición del torero. Sin casta no hay sal. Y sin sal torera no hay sol. Un estoconazo muy trasero, recetado con mucha fe, despertó al público que había contemplado la faena sin apenas pasión. Valió para que Castella cortara la primera oreja de la tarde.

Por fin salió uno alegre y con pies. Pero echando las manos por delante y la cara arriba en el capote de Perera. Sin apenas señalarle el puyazo aunque romaneando tomó el primero. Y ni una cosa ni otra el segundo. Tampoco fuerza. Perdió las manos nada más empezar Perera la faena. La faena resultó intrascendente pese a la voluntad del matador, inasequible al desaliento hasta impacientar a muchos espectadores. Y estoconazo fulminante para nada. Una pena.

El quinto, con muy serias perchas, bastote y altón salió sin querer pelea, huyendo cuando no distrayéndose  y echando las manos por delante. Otro toro de mierda que enojó a los pacientes espectadores, hartos de ver un animal tras otro sin el más mínimo interés porque no sirvieron ni para jugarse el pellejo. Manso declarado, se picó solo a la carambola de sus incesantes huidas. Fue banderilleado como mala o buenamente se pudo aunque dejando una ventanita abierta al tomar humillado el capote de Ambél. Castella quiso empezar la faena sentado en el estribo pero el animal no estaba por esas. Ya en el tercio, reemprendió el intento por bajo el francés. Y en los medios  por el lado izquierdo por donde se aclaró la cosa como habíamos intuido en la brega de Ambel. Empezó entonces la faena propiamente dicha. Primero brevemente al natural y luego sin apenas pasar el toro a derechas. Mejor hubiera sido seguir por el otro pitón porque el animal empezó a pararse y a no querer seguir el engaño. Castella recurrió al arrimón que resultó vacío de contenido. No perdió nada por pinchar.

A porta gayola se fue Perera para recibir al sexto que la tomó limpiamente. Y otra en el tercio, no tanto. El animal no paraba de correr y de huir del capote del extremeño hasta que lo sujetó en los medios que es donde casi siempre se logra en estos casos. Más bravo que sus hermanos este toro en el caballo. ¿Sería el garbanzo blanco entre tantos negros? Apenas apuntó serlo en el quite de Perera por lentas tafalleras. Medio real dábamos por el toro en banderillas. El que aprovechó Miguel Ángel para mostrar su estoicismo torero y poco más porque enseguida se paró el marrajo. Para colmo, al empeñarse en lo imposible casi resulta herido en el parón. No merecía la pena seguir.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. pedro dice:

    El petardo de los Zalduendo estaba anunciado ya que esta es la peor ganaderia de la actualidad (aunque los del Plus intentaron tapar de forma vergonzosa hasta que pudieron). Pero la culpa la llevan Perera y Castella, dos toreros poderosos y valientes que ni con el mejor zalduendo dicen nada. No entiendo porque no se anunciaron con corridas como La Quinta, Ana Romero, Escolar (o con dos que abitualmente matan como Alcurrucén y Fuente Ymbro) que le hubieran dado almenos más categoria. En el pecado llevan la penitencia

  2. Lj dice:

    Un desastre lo de Zalduendo, hace ya tiempo que el mas listo de los Domecq perdio el hilo de la ganaderia. Por lo que vi en la plaza el traje de Perera de verde ingles no tenia nada, era berenjena o ciruela pero de verde nada no sera que su televisor distorsiona los colores Sr. Del Moral?

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