Del dicho al hecho va mucho trecho

Ni el paso del tiempo ni mucho menos las campañas de buenismo que se están marcando los capitanes de la  rebelión que les llevó a vetar la plaza más emblemática del mundo han conseguido hacer olvidar tan burda afrenta

Durante estos días de procesiones y cirios, el toreo también se recoge.  De siempre fueron y continúan siendo muchos los diestros cofrades, sobre todo en Andalucía. Aunque los de Izquierda Unida siguen y seguirán intentando que la gente se olvide de la pasión y muerte de Cristo y no pocos de ellos prefieren llamar a la Semana Santa “Solsticio de Primavera” – ¡pobres hijos¡ -, las capitales andaluzas y, sobre todo, Sevilla seguirá siendo la tierra de María Santísima por lo siglos de los siglos.

Cerca estamos ya de que se inicie el abono taurino de la plaza de la Real Maestranza. Será el próximo Domingo de Resurrección con una corrida de Miura que matarán mano a mano Manuel Escribano y Daniel Luque en un insólito cambio de fechas, ganado y protagonistas toreros, forzosamente impuesto por la tremenda situación que se ha provocado por la voluntaria falta de cinco figuras en la Feria de Abril que este año se celebrará en mayo. Ya veremos cuanta gente habrá esa tarde en los tendidos y gradas maestrantes. Como también lo que habrá en los demás festejos, en su mayoría poco o nada atractivos. De aquel lobo, tantos lodos….

Claro que, la plaza por sí misma, Palacio Real de la Tauromaquia, merecería un lleno. Pero si no se llena, los que allí estaremos, es más que seguro que podremos disfrutar de varios de esos momentos mágicos que solamente se pueden vivir en el bien llamado marco incomparable.  Habrá instantes de acople entre algún toro y ambos toreros mientras el cielo parecerá que lo ha pintado el mismísimo Velázquez y las golondrinas sobrevolarán entrecruzándose por encima del dorado albero al mismo tiempo que la banda de música atacará uno de sus pasodobles cual concierto sinfónico. Solamente por poder gozar de esos momentos, estar allí es impagable. Mejor que nadie, mejor que cualquier aficionado asiduo, lo saben perfectamente los toreros. Dudo que haya uno solo entre ellos que lo dude. En ninguna otra plaza del mundo se torea tan a gusto como en la Maestranza. ¿O no?

Solo por eso, exclusivamente por eso, todavía somos muchos los que de ninguna manera podremos entender y aun menos comprender el veto que han puesto a esta plaza cinco figuras del toreo. Y es que, por mucho daño que digan les han hecho los empresarios que la rigen,  infinitamente más dañino ha sido lo que estos diestros decidieron hacer sin el más mínimo resquicio de arreglo en un gesto que ninguno se habría atrevido a llevarlo a cabo en solitario.  En muy poca estima deben considerarse al actuar en pandilla. Y eso, no lo duden, tarde o temprano lo pagarán muy caro se pongan como se pongan y digan lo que digan, como ahora alguno que trata de presentarse como niño bueno desairado. Para desaire, para escarnio, para desprecio el que van a sufrir la Fiesta y los aficionados, las grandes víctimas de la por todo rechazable afrenta.

Acabamos de leer unas declaraciones con las que nadie podrá disentir: “Hay que luchar por la Fiesta, no por intereses particulares”. Nada más cierto. En esto estamos todos de acuerdo. Pero claro, una cosa son los dichos y otra los hechos. Los dichos, por muy bonitos, por muy altruistas que sean o parezcan, carecen de valor cuando los que así lo manifiestan lo incumplen.  Y esto, esto es precisa y lamentablemente lo que está ocurriendo y lo que estamos padeciendo.

Nunca, jamás olvidaremos este atentado contra la plaza de toros más señera del mundo. A muchos se nos han caído los palos del sombrajo con los que veníamos dando sombra a estos toreros por lo que representaban en la Fiesta. Pero por muy importantes que sean profesional, artísticamente o por ambas cosas a la vez, a partir de ahora será muy difícil que les veamos con la complacencia, con la comprensión y hasta con la bula que siempre nos impusimos con los que, incluso sin gustarnos, se hacían merecedores del elogio crítico por el solo hecho de sumar y sumar orejas y rabos. Trofeos que, al fin y al cabo, solo son números para las estadísticas. En la vida, y en toreo también, no basta con ser grandes profesionalmente hablando, también hay que ser y hay que comportarse como señores. Y en esta triste historia de las cinco figuras amotinadas, el señorío no apareció por ninguna parte.

De modo que, menos disimulos, menos penitencias voluntarias y menos falsas disculpas. La última ha sido no querer ir a recoger los premios instituidos por la Maestranza y por los médicos de la plaza. Seguro que, si no hubiera ocurrido lo que han querido que ocurra, habrían ido a recogerlos. Y de esto no tiene nadie la menor duda. Solo falta que, encima, les perdonemos.  Imposible lograrlo porque, además y aunque nadie quiera hablar de ello, el origen de todo el lío fue la burda intentona de una poderosa empresa mexicana de hacerse con la empresa de la plaza de la Real Maestranza sin saber que con esta institución siempre fue y seguirá siendo inútil topar por las bravas.  Hasta Joselito El Gallo lo intentó con la construcción de una nueva plaza Monumental, finalmente derribada a los dos años de ser inaugurada. O es que quien pretende ser el “gallito” dictatorial de ahora no lo sabía…

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

3 Resultados

  1. Alejandro Romero dice:

    Entonces, el mensaje es q los toreros tienen q tragar,¿no? Y si hay un señor en la empresa q se toma a los toreros como el pito de un sereno, q se fastidien, ¿verdad?. Pues no. Por cierto todavía no he visto una crítica a la política empresarial de quedar los mismos precios. Es decir, q el aficionado importa poco. Ojalá toreros como Morante y Juli no vuelvan a Sevilla, mientras este Pages. La libertad está por encima de todo. Y un torero no tiene q soportar a tipos como Canorea o Valencia.

  2. Josem dice:

    Yo tampoco tengo por que soportar al Juli toreando cada vez más doblado a sus garcichicos y encima exigiendo el oro y el moro.

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