2ª de Colmenar Viejo. Gran corrida de Alcurrucén

 

Plaza de toros de Colmenar Viejo. Domingo 30 de Agosto de 2009. Segunda de Feria. Buen tiempo, un tercio de entrada. Cinco toros de Alcurrucén, vareados y astifinos. De muy buen juego en general. Tercero y sexto extraordinarios. Al cuarto se le dio la vuelta al ruedo. Un sobrero de José Luis Marca, lidiado en quinto lugar, chico, manso y rebrincado. Antonio Ferrera (de blanco y oro con cabos negros), silencio. Aviso y una oreja. Miguel Abellán (de rosa pálido y oro), una oreja. Silencio. Ruben Pinar (de lila y oro), una oreja y dos orejas. Se guardó un minuto de silencio en el vigésimocuarto aniversario de la muerte de José Cubero “Yiyo”.

 

Efectivamente, la de Alcurrucén fue una gran corrida de toros, pero conviene matizar: los toros en el caballo no hicieron gran cosa. Un puyazo con la salida tapada y punto. Pero para el torero fueron sensacionales, especialmente los que cayeron en manos de Rubén Pinar. Tercero y sexto fueron un dechado de clase y recorrido. Mucho mejores que el cuarto, al que se le dio una exagerada vuelta al ruedo por una muerte espectacular, pero que humilló menos que los dos toros de Pinar. También tuvo la corrida un toro complicado: el primero. Un toro mirón y que se quedaba corto y al que Antonio Ferrera no quiso ni ver.

 

Con el cuarto, que cantó su nobleza desde que salió,  Ferrera estuvo más animado. Puso un par al cambio muy bueno que nada tuvo que ver con el resto de sus intervenciones en banderillas, absolutamente espesas y pueblerinas. Templó al toro en la muleta, pero debió salirse con él a los medios y no estar tan metido en la oreja. En otras palabras, estuvo por debajo de un toro nobilísimo. Después de un pinchazo, mató de un bajonazo y sufrió un ataque de cólera al ver que premiaban al toro con la vuelta al ruedo, mientras que a él le negaban la segunda oreja. Yo no le hubiese concedido ni la primera, pues hubo mucha ventaja y un bajonazo muy sucio. Displicente y retador, Ferrera tiró la oreja al callejón y se negó a dar la vuelta al ruedo. Hace treinta años por este desprecio tendría que haber salido escoltado por la guardia civil ¡Menudos eran los mozos de Colmenar!  La afrenta se diluyó en una pitada al abandonar la plaza.

 

Me sorprendió muy gratamente Miguel Abellán. Jamás le había visto tan inspirado y tan torero. Buenas verónicas de salida, un gran quite por chicuelinas, lleno de pinturería, y  buen trasteo con la muleta. Las dos primeras series con la mano derecha tuvieron mucho garbo y mesura. Nunca había visto a Abellán tan estético y templado. Cuando se colocó por el pitón izquierdo, el toro le desarmó. Terminó la faena con circulares muy logrados que gustaron al respetable. Quizá tenía que haber apostado más con la mano izquierda y, de mitad de la faena en adelante, haber bajado la mano. Yo creo que el toro, ya afianzado, no se hubiera caído porque la poca fuerza fue el único defecto de un toro muy noble. Pero, ya he dicho, las dos primeras series con la mano derecha y a media altura, fueron sensacionales. A pesar de un pinchazo antes de la estocada, cortó una oreja. Con el sobrero de Marca, que se defendió mucho por la poca fuerza, poco pudo hacer.

 

Rubén Pinar se llevó un lote de ensueño. Primer dato a tener en cuenta: estuvo más que digno y a ratos brillante. Muy importante, porque cuando salen toros tan buenos, es muy difícil estar a su altura. Estos toros acaban dejando en evidencia al torero mediocre: “Dios te libre de un toro bravo”, decía Belmonte… Pues bien, Rubén estuvo a la altura de sus toros. Eso sí: mucho mejor con la mano derecha que con la izquierda. Fue una pena que el tercero se pegara ese volteretón en el tercio de banderillas, lo que le mermó un tanto. Así y todo, fue un gran toro, sobre todo por el pitón izquierdo.

 

El sexto iba y venía con un viaje interminable. Rubén toreó muy despacio y con un  trazo muy largo. Mató a ambos con entrega y a sus manos fueron a parar tres orejas. Se siente mucho más seguro con la mano derecha que con la izquierda, con la que baja un poco. Pero embarca muy bien, baja la mano y lleva a los toros hasta el final. Y en el sexto sacó a relucir una estética que nunca le habíamos visto. Dio dos series con la mano derecha templadísimas y de gran empaque. Sin estar a ese nivel con la izquierda, dio un natural eterno. Además es un torero bueno para el ganadero: luce los toros.

 

En resumen: un gran encierro de Alcurrucén, un Abellán desconocido y un Rubén Pinar que va a ser gente.

 

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