8ª de Feria de San Marcos en Aguascalientes (México). José María Pastor sorprende en su debut en la Monumental y sale a hombros

Era la segunda y última novillada de la CLXXXVI edición de la Feria Nacional de San Marcos y en ella había de alguna manera interés por ver, una vez más, a Antonio Lomelín, la sorpresiva presentación del francés Cayetano Ortiz y quien por méritos propios estaba en la combinación, el joven cumpleañero de Aguascalientes José María Pastor, quien al final de cuentas resultó ser el triunfador de la tarde y el triunfador novilleril de la verbena sanmarqueña al cortar las orejas y por ello salir en hombros. Por lógica, se pensaría que quienes deberían haberse visto mejor que el tercer espada, quien apenas estaba llegando a seis novilladas picadas, eran los dos primeros por amplia experiencia y que supuestamente ya están tocando las puertas de la alternativa, pero lo mostrado este martes por ellos demostró todo lo contrario, frialdad, desgano, apatía y todo ello que conlleva a cumplir medianamente con un compromiso de la importancia como lo es torear en la Feria más relevante de México. Así las cosas. De tal suerte que ante un cuarto de entrada en el coso Monumental en tarde bochornosa, algo nublada y con viento al final, se lidiaron seis ejemplares bien presentados de la dehesa queretana de Jorge de Haro, siendo uno bueno, el corrido en sexto lugar. El primero también pero yendo a menos. Los demás resultaron complicados. Y un séptimo de regalo de los Sucesores de Celia Barbabosa, que de regular juego fue complicado al final.

ANTONIO LOMELÍN, del estado de Coahuila, en el astado que abrió el festejo lanceó bien a la verónica y mejor quitó por saltilleras. Con la muleta, luego de empezar midiendo las embestidas del buen astado, aunque de poca fuerza, realizó una faena por ambos lados, con buena técnica y oficio, además de buen trazo pero sin mucha transmisión a los tendidos. El burel fue a menos y el torero también para terminar con labor de aliño y dejar una estocada caída, siendo aplaudido. En su segundo nada logró hacer con el capote. Su quehacer muleteril, no obstante que el astado era muy parado e inoperante, nunca se le vio al torero algo de actitud y deseos por agradar. Vamos “no prendió ni un cerillo”. Mató de estocada caída y delantera para tener silencio. En el séptimo de regalo, de la dehesa de los Sucesores de Celia Barbabosa, de regular a complicado, después de una larga cambiada y un farol, ambos de hinojos cerrado en tablas, de pie no supo qué hacer con el capote. Quitó por chicuelinas a destiempo el galo Cayetano Ortiz y le replicó Lomelín por un quite en el que dio una gaonera, una saltillera y una caleserina. Con la sarga comenzó con un cambiado por la espalda, una vitolina y después darse a la tarea de realizar una faena intermitente y tardía en la función pues ya muy tarde se acordó que había que ponerle algo de ganas a su actuación. Falló al matar y lo despidieron con palmas.

De Béziers, Francia llegó CAYETANO ORTIZ para que a su primer astado veroniqueara con voluntad. Con la sarga, a un ejemplar igualmente de poca fuerza y sin mucho juego, le realizó una labor artística y con limpieza por ambos pitones pero sin conectar a las alturas. De su trasteo sobresalió lo que hizo por el pitón derecho y nada más. Quizá la parte final fue la parte más importante de su quehacer pero sin el fondo que requería el hecho. Mató de pinchazo y estocada calando para ser aplaudido. A su segundo no le logró hacer nada con el capote. Su labor de muleta tuvo mayor asentamiento y contenido meritorio por los dos perfiles, sobre todo por el derecho, pero ante lo agarrado al piso del astado, no había mucho que hacer. Su voluntad entonces quedó de manifiesto y la gente se lo agradeció. Mató de dos pinchazos y estocada, además de descabello para escuchar palmas. La verdad es que a este torero no se le vio nada sobresaliente y sólo vino a cumplir con la papeleta. Parece como si hubiera aceptado muy forzado el venir a una feria tan importante como lo es la de San Marcos cuando en realidad en nuestro país, concretamente en Aguascalientes, hay novilleros mucho mejor que él para haber cubierto su puesto.

El local JOSÉ MARÍA PASTOR, quien entró a este cartel como triunfador del anterior serial menor que se llevó a cabo en el histórico centenario coso de San Marcos, además de que un día antes había cumplido 19 envidiables años de edad, en el primer burel de su lote dio una larga cambiada de rodillas en la zona de tablas para luego lancear bien a la verónica, con empeño evidente, además de ligar ajustadas chicuelinas. Cubrió entre aplausos el segundo tercio y con la franela, a un astado que salía suelto y con tendencia a las tablas, le realizó una más que torera faena por ambos lados y cuando lo hizo en tablas logró sus mejores momentos por naturales. Al astado había que perseguirlo y allá iba el torero por el “socio” pero al lograr la reunión fue cuando surgieron los detalles relevantes de un trasteo determinado y dispuesto. Terminó de pinchazo y estocada tendida, tardó en doblar el novillo y finalizó de cinco golpes de descabello, escuchando ovación en el tercio tras un aviso.

En el segundo que le tocó en suerte a José María Pastor, sexto de la tarde, llamado “Berraco”, el mejor novillo del encierro pero no fácil, le echó voluntad para veroniquear y mejor verse en un quite por gaoneras. Tomó lo palos para clavar tres pares de buena exposición y mejor ejecución, sobre todo los dos primeros. Con la muleta, luego de brindarle a su tío Víctor Pastor y a su primo carnal del mismo nombre, ambos matadores de toros retirados, ejecutó un trasteo que comenzó con pases vaciando por alto para después enfilarse por series derechistas y de naturales de mucha entrega y elocuentes ganas de agradar. Intercaló adornos como los molinetes, los de pecho y el desdén que gustaron a la concurrencia. El final de la faena fue algo embarullada pero llena de entusiasmo. Abrochó todo con manoletinas y terminó de certera estocada para que le fueran concedidas las orejas en medio del contento general y al finalizar el festejo ser paseado en hombros entre nutridos aplausos.

FICHA: Aguascalientes. Feria Nacional de San Marcos. Segunda y última novillada y octavo festejo de abono. Martes 29 de abril de 2014. Coso Monumental. Entrada: Un cuarto en tarde bochornosa, algo nublada y viento al final. Novillos de Jorge de Haro, siendo uno bueno, el sexto. El primero también pero yendo a menos. Los demás resultaron complicados. Y un séptimo de regalo de los Sucesores de Celia Barbabosa, de regular a complicado. Antonio Lomelín: Palmas, silencio y palmas en el de regalo. El galo Cayetano Ortiz: Palmas y palmas. José María Pastor: Al tercio tras un aviso y dos orejas, con salida en hombros.

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La opinión de Sergio Martín del Campo

Pastor, el único librado de la segunda novillada

Recibieron fabulosa oportunidad y/o imposición del équite de Navarra, los novilleros Antonio Lomelín y el galo Cayetano Ortiz, cuyos nombres se imprimieron en el segundo cartel menor del serial sanmarqueño del mes pasado a costa de quitar dos puestos a otros jóvenes con opulenta torería dentro que realizaron con mucho anhelo un esfuerzo torero en el coso del barrio de San Marcos. Más se esperaba de los utreros de Jorge de Haro, y el grupo de reses, bien presentado, con buenos pesebres y bella lámina, que mansearon según boleta general. Aquel par de jóvenes ya acotados, dado el accidente que los llevó a esta verbena, y la escasa raza de los adversarios, estaban obligados moralmente a, como se dice en jerga taurina, ¡pegarse un arrimón!, sin embargo esta manifestación de quien realmente quiere vivir bien del toro, nunca se presentó en el escenario. Solo el verde local José María Pastor correspondió a la oportunidad y puso en la circunvalación del edificio taurómaco de la “Expo-Plaza”, que registró menos de un cuarto de entrada, el intenso y plausible deseo de éxito que todo novillero debe tener.

No más que decente se vio en los lances de saludo al primero del festejo Antonio Lomelín (mediocres palmas, silencio y palmas sordas de consolación), bonito sardo salinero que dio generosa y abiertamente sus suaves embestidas en las que emitía un buen estilo diáfano. Quizás su escasa energía resultó la mala nota en su ficha individual. Después del quite por saltilleras, el hijo del valiente Antonio, se propuso torear sobre ambos lados; lo hizo con estética y lineamiento, sin embargo en desgraciado ánimo, desganado y ordinario, no logrando, consecuencia lógica, calentar a nadie. Luego de su incoloro hacer mató de inadmisible golletazo. Fue cierto que su segundo era un marmolillo que se pegó al suelo firmemente y resultó punto menos que imposible provocar sus embestidas, pero también que el joven no quiere ser torero ¡Que mal interpretó la tauromaquia y ni la lucha le hizo por pegarse el arrimón que se imponía! Aquella intervención desesperanzada y superflua hizo que el público fuera cubierto por la sombra del tedio. Mal ofició con el acero para no dejar duda del absurdo paso por el serial. Aún quedaba una ocurrencia, el de obsequiar un séptimo; fue el segundo reserva quemado con el hierro de Celia Barbabosa, ante el que hizo como que hizo, pero no hizo nada y finalmente lo despachó sin que haya trascendido su actuación menos que mediocre. Otro año y otro petardo.

Vaya actuación aguada la del francés Cayetano Ortiz (palmas y palmas sordas); obligado a poner lo que al adversario, su primero, le faltaba, esto es, raza, se quiso etiquetar como “profesor” del toreo; era menester llenar el hueco con intensidad y desgarrarse el alma, y lo que se soportó, entre bostezos, fue una actuación sin matices claros, opaca, desalmada y absurda, terminada de un pinchazo y una fea estocada caída. Hermoso de lámina era el quinto; cárdeno, largo, armónico, con todo el tipo de su acendrada sangre vieja de la familia González y “derivaciones”, no obstante, para suerte de las aspiraciones ganaderas, rajado y encajado hondamente a la corteza del redondel. Aunque más dispuesto el europeo, no pasó nada de interés; mal instruido pareció en asuntos prácticos de la tauromaquia que gusta a las mayorías, sobre todo en este “Valle de Anáhuac”. Ya más bien enfadada la clientela, se tiró a matar sin las de la ley para pinchar dos ocasiones, y por suerte mera dejar en el tercer viaje media espada atravesada insuficiente y viéndose obligado a descabellar, afortunadamente para el cotarro, una sola vez.

El tercer ejemplar, bien comido, presentó un laberinto; se terciaba y era transparente su amistad con el área de la barrera, pero el entusiasmo y la buena energía del chaval José María Pastor (al tercio y dos orejas exageradas) lo hicieron sobreponerse a esas inconveniencias, primero toreando lucidamente con el percal, luego banderilleando y posteriormente tratando de sujetarlo y hacerlo pasar según desplazaba la sarga, cuando ya este adversario salía huyendo tras cada muletazo. Lamentablemente pinchó antes de interpretar una estocada tendida de réditos mortales retardados, diligencia que le orilló a empuñar el estoque de cruceta y lanzar varios descabellos.

José María Pastor se impuso luego a la blandura de su segundo, el sexto de la tarde y lo lanceó intermitente pero bellamente, ejecutando una media verónica con plasticidad y torería. No entregó la capa sino después de que interpretó con ardor un valeroso quite por gaoneras. Después empuñó las banderillas y se ganó las palmas del respetable en los dos primeros pares, siguiendo con una labor correcta y alegre de muleta, manteniendo buena idea y siempre orientado a un novillo de cierta casta, no fácil, que iba tras el avío cobrando las incomodidades de su testa alta, pero bajándola cuando se le llevaba lo que se dice “bien toreao”, es decir, absorbido en el centro del engaño y con temple. Bien estuvo el chamaco, que justo celebraba con esta actuación su cumpleaños número 19, buen toreo por ambos lados, considerando que esta función fue la sexta de su trayecto como novillero y correspondiendo al trasteo con un buen espadazo. (Extraído de “noticiero taurino mx”).

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