Bayona (Francia). Deslucidísima corrida de Valdefresno y solo una oreja para Juan Bautista

Plaza de toros de Bayona (Francia). 7 de septiembre de 2009. Segunda de la llamada Clausura. Tarde soleada y a ratitos ventosa con lleno. Seis toros de Valdefresno, muy bien presentados y armados. Dieron pobrísimo juego por su acentuada mansedumbre en distintos grados de fuerza y muy escasa manejabilidad. Se salvo el segundo, el más enterizo y noble aunque muy soso. Enrique Ponce (amapola y oro): Pinchazo hondo y descabello, silencio tras pitos al toro en su arrastre. Metisaca en los bajos saliendo peligrosamente perseguido por un arreón del toro en su agonía, gran ovación y vuelta al ruedo sin calor. Juan Bautista (blanco y oro): Estoconazo caído, oreja sin petición mayoritaria. Estocada trasera desprendida, silencio tras pitos al toro en su arrastre. Sebastián Castella (encarnado y oro): Pinchado hondo trasero caído y dos descabellos, ovación. Estocada casi entera trasera caída y cuatro descabellos, silencio. Bien a caballo Antonio Saavedra y en palos Curro Molina.  

 

El recuerdo de la gran corrida que echó Valdefresno el año pasado en estas mismas fechas, concitó muchas esperanzas en que el evento triunfal se repitiera con un cartel sumamente atractivo en estos lares galos, los dos toreros franceses más notables encabezados por el aquí siempre esperado y admirado Enrique Ponce. Pero la expectación de los repletos tendidos se diluyó enseguida. Casi nada notable tuvimos la ocasión de ver pese al empeño de los toreros. El primer jarrazo de agua fría sobrevino con el primer toro, manso declarado en varas, escarbador y rápidamente acobardado sin que faltaran los tornillazos al final de los pocos pases con la derecha que, a duras penas, logró Ponce.

 

Se animó un poco la cosa con el segundo que romaneó en el caballo. Juan Bautista pudo quitar lucido en lances por el lado izquierdo y brindó una faena muy de las suyas, con la facilidad y la frialdad que le caracterizan. El toro le iba al paso y Bautista se acopló a cada embestida con la mano derecha sin que el ambiente se rompiera por la sosería del burel y la escasa emoción del trasteo que finalizó mejor al natural y con tres muletazos por alto girando el torero sobre sus propios pies. La contundencia y eficacia del espadazo pusieron en las manos de Bautista una oreja que se concedió sin mayoría de pañuelos pero oreja al fin y el cabo que sería la única que se concedió en la frustrada tarde.

 

El tercero rehusó para el primer encuentro con el caballo y costó mucho llevarle a los siguientes. Otro manso pues aunque en principio suavón, Castella empezó bien la faena con la derecha y un precioso pase de trinchera, pero tras una segunda tanda muy ligada, el toro empezó a huir, a escarbar y a dolerse. Castella le intentó sujetar sin conseguirlo en las cortas tandas que siguieron, se echó la muleta a la mano izquierda y lo mismo. Ya con el toro refugiado en tablas, más pases inocuos con la derecha y dos circulares invertidos cosidos al de pecho. Necesitó Catella dos golpes con el descabello tras agarrar un pinchazo hondo apenas efectivo.

 

Los momentos más interesantes del festejo acontecieron con el cuarto toro que fue el más alto de los seis. El imponente animal derrotó varias y violentas veces contra los tableros y tomó un larguísimo puyazo de corrido, empleándose a fondo tanto el picador Antonio Saavedra como el toro encelado durante mucho tiempo. Blandeó el toro después y Juan Bautista intervino en un breve quite en el que pareció servir el toro pese al duro castigo recibido. Ponce brindó muy cariñoso a Patrick Oliver, todavía convaleciente de su gravísimo percance en la tráquea y comenzó la faena en los medios como procedía hasta meter al toro en la canasta como suele hacer el valenciano. Primero en línea y, poco a poco, bajando la mano con estético y elegante relajo. Pero al natural el toro se rajó y Ponce tuvo que irse tras el toro. La especial parsimonia del torero en sus intercalados andares enjoyó la forzosamente entrecortada obra. Algo que solamente logra hacer con arte este torero. Primero en el tercio donde cuajó redondísimos muy empalmados sin quitar al toro la muleta de la cara y, de nuevo el animal rajado y definitivamente refugiado en tablas, más redondos de similares características aunque con el animal a la defensiva. Se perfiló en la suerte contraria y el toro acudió al emboque violentamente, cobrando un metisaca del que Ponce salió peligrosamente perseguido en un arreón final que por poco alcanza al valenciano. Muy pocos pidieron la oreja. Gran ovación para el torero que se atrevió a dar una rápida vuelta al ruedo un tanto agradecido aunque visiblemente contrariado.

 

Lo más llamativo de lo que aconteció después fue el recibo de capa de Juan Bautista con lances de rodillas, más en pie, chicuelinas, revolera y media también de rodillas. Pero el toro no cesó luego de irse de allá para acá visiblemente rejado y la faena fue un tormento entre topetazo y topetazo del animal. A Castella le ocurrió otro tanto con el sexto que brindó al público aunque al final de la faena consiguió algunos naturales y derechazos limpios pero insustanciales. Los varios golpes con el descabello que necesitó para rematar al toro tras una casi entera caída, liquidaron esta tarde para el olvido.          

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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