Potra 2

Una década sin El Potra, el gran veedor de toros que nunca concedió una entrevista

Rosario Pérez, la mujer que mejor escribe de toros en la actualidad, firma un precioso y oportuno artículo en ABC sobre el fue uno de los personajes más singulares de cuantos hayan existido en la historia del toreo. Yo le conocí y muy bien porque fui muy amigo suyo. Muchas veces intenté entrevistarle y nunca accedió. Jamás quiso hacer declaraciones aunque toda su vida estuvo llena de sus elegantemente mordaces e incesantes comentarios sobre lo divino y lo humano del mundo taurino. La gran virtud que solamente pudo exhibir Miguel Criado con la única excepción de otro ser irrepetible del mundillo taurino, el crítico Curro Fetén, fue ser capaces de decir cualquier barbaridad sobre quien o quienes, estuvieran delante de ello o no. osaran ofenderse lo más mínimo. Ni siquiera el o los afectados por sus chascarrillos. El Potra y Curro Fetén nos hicieron hasta llorar de risa y, desde luego, pasar muchísimos ratos tan felices como inolvidables aunque ambos sabían mejor que nadie que si sus dichos hubieran sido escritos y publicados, habrían sido más que insoportablemente escandalosos.   Ambos, por eso, merecen estar en el Cielo por haberse negado a dar entrevistas. Y Fetén, por cierto, a no pasar de la palabra habada aunque, al escribir de lo que vio en las plazas, no pasó de meras y graciosísimas insinuaciones como aquella de “fulano no manda nada”… 

 

Acompañó a los más grandes, desde Belmonte a Manolete, y fue una institución en San Fermín

Miguel Criado Barragán, «hijo de legítima madre». Esa era su tarjeta de presentación. El Potra le llamaban todos. Así se le conocía en el mundo taurino, donde ejercía la profesión de «veedor de toros».Personaje irrepetible, de aquellos que ya no quedan, de aquellos que ya andan juntos por las alturas, como El Pipo o Camará. ¡Menuda terna!

Hace ya una larga década que murió el hombre que se fue a nacer a Almonte, «la tierra de la madre que me parió», me cuentan que decía mientras recordaba que antiguamente era costumbre que las mujeres diesen a luz en la arena donde ellas habían nacido. Una vez que llegó al mundo, sus padres regresaron a Sevilla.

En la capital hispalense comenzó a fraguarse el currículum de El Potra, que entró de botones en la Maestranza hasta llegar a ser el mozo de espadas, en 1939, de Juan Belmonte, su padrino de bautizo, pues su padre era su barbero. Después su carrera se cruzaría con la de Don Álvaro Domecq, con quien se mantuvo hasta 1946.

Y llegó el año de l amuerte de Manolete… Al Monstruo de Córdoba también le acompañaba, al igual que haría con Paco Ojeda o Espataco. Esa temporada de 1947 la plaza de Madrid lo contrató para seleccionar sus corridas. Pero sería Pamplona el lugar donde lo proclamarían «catedrático del Toro». Toda una institución en los Sanfermines, dede 1956 asesoró a la Junta para organizar la feria hasta su adiós. Dicen que a sus ochenta y tantos, trabajaba con la hierba en la boca como si tuviese veinte años.

En tiempos en los que se habla del trapío y el destrapío, de corridas rechazadas, del titular tal y el sobrero «pascual», un viejo conocido me habló esta mañana de El Potra, el hombre que nunca concedió una entrevista. Conversar con él era abrir el libro de la vida, una vida repleta de mucho más que anécdotas. La mayoría murieron con él. Con El Potra se hizo verdad la contaminada frase de «los secretos irán a la tumba». ¡Qué falta hacen personajes de tal talla, lealtad y sapiencia

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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