ponce-burgos

4ª de la Feria de San Pedro en Burgos. Otro faenón de Ponce desvirtuado por incompetencia presidencial

Fue otra más de las grandiosas faenas que lleva coleccionando el valenciano en la presente temporada. Pero como en tantas, pinchó antes de agarrar una estocada. Fue premiado con una solitaria oreja. Trofeo que hubiera sido aceptable de no haber sido premiadas antes y después obras de bastante menor fuste e importancia. Sobre todo las tres orejas que le regalaron a Morenito de Aranda por dos entusiastas aunque vulgares actuaciones culminadas con muy defectuosas estocadas. Manzanares se llevó el peor lote y cortó la oreja del segundo toro a cuenta de uno de sus cañonazos.  Muchos espectadores foráneos salieron abochornados de la plaza por el vergonzoso desatino del palco presidencial.

 Burgos. Plaza del Plantío. Martes 1 de julio de 2014. Cuarta de feria. Tarde despejada con sol tras mañana lluviosa con viento y dos tercios largos de entrada.

Seis toros de Núñez del Cuvillo, de discreta presentación y vario juego. Manejable sin ninguna fuerza ni raza el primero. Manejable sin clase ni apenas fuerza el segundo. Excelente para el toreo el tercero. Justo de fuerza aunque de gran clase el cuarto. Inválido el noble quinto. Y noble al también blando sexto. En general, carecieron de casta.

Enrique Ponce (añil y oro): Pinchazo y media estocada ligeramente atravesada, silencio tras leve división con pitos para el toro en el arrastre. Pinchazo hondo y estocada. La oreja que le dieron fue como para tirarla al palco. Dio una vuelta clamorosa.  

José María Manzanares (plomo y oro): Estoconazo trasero, oreja. Estoconazo, silencio.

Morenito de Aranda (turmalina y oro): Estocada atravesada desprendida que hizo guardia, dos orejas pueblerinas. Estocada trasera caída, oreja de paisanaje. Salió a hombros.

Bonito cartel. Con dos versiones de un mismo palo, el mismo concepto expresado desde la más preciosa diversidad del clasicismo. Llegamos a la plaza burgalesa ciertamente ilusionados aunque forzosamente pendientes del incierto juego que fueran a dar los toros de Núñez del Cuvillo. Ganadería no hace mucho predilecta de casi todo el escalafón superior. En el casi entraba el primer espada y primerísimo maestro del toreo, Enrique Ponce, a cuenta de los reparos que el valenciano puso a veces en torear reses de este hierro tras algunas malas experiencias. Recuerdo dos historias con distintos resultados y curiosidades con dos envíos de Cuvillo. La primera fue la corrida de la despedida de Espartaco en una feria de San Miguel de Sevilla. Antes de que llegara a celebrarse el festejo, Ponce le dijo a Espartaco que estos toros no serían propicios y que si aceptaba actuar solamente era por tratarse de la despedida del gran torero de Espartinas.

Lamentablemente, acertó de lleno el valenciano. La corrida fue desastrosa. Pero de la segunda que recuerdo, quien se equivocó fue Ponce aunque también los propios ganaderos. Le aconsejaron que no los toreara porque les habían echado para detrás el lote elegido y no tenían confianza en el juego que darían los sustitutos. Ponce se quitó de la corrida con el lío consiguiente. Fue en una feria de Albacete y los malos presagios se trocaron en una magnífica corrida. Y es que del buen o mal juego que vayan a dar los toros nunca nadie supo ni sabrá nada hasta que se catan, como los melones.  Incluso, ahora mismo,  los Cuvillos han dejado de ser los más apetecibles y esta circunstancia aumenta el morbo del festejo que nos ocupa en esta crónica.

Hemos visto cuajar grandes faenas a los dos diestros más señeros de la terna de ayer. Ponce ya ha catado excelentes ejemplares de Nuñez del Cuvillo. Manzanares  también y con más frecuencia. De quien no sabemos si ya probó o no estos caramelos agridulces es Morenito de Aranda que ayer actuó de telonero por aquello del paisanaje. Principal razón para que fuera el único que pudo salir a hombros a cuenta de un presidente absolutamente sectario en la aplicación del reglamento. Pero vayamos al tajo de lo que ocurrió ayer en la plaza del Plantío.

Un poquito menos público que el día anterior pero bastante más selecto con notoria diferencia. Aficionados de Bilbao y de Madrid principalmente. Muchos almorzamos en Ojeda, uno de los mejores restaurantes del mundo mundial que este año cumple un siglo desde que se inauguró. ¡Enhorabuena y que sea para otros 100 años¡

El primer toro, de pelo negro, llegó pero apenas remató en tablas saliendo suelto de cada viaje a los maderos. Ponce lo fijó enseguida metiéndolo en su templado capote. Tuvo que abrirse al dar el quinto porque el animal apretó mucho para los adentros. Al rematar con media, el toro hincó los pitones en la arena y se pegó un volantín. Apenas le pegaron en el único puyazo que tomó y Ponce pidió el cambio de tercio, de inmediato concedido. El toro empezó a acusar la voltereta antes de que Mariano de la Viña pusiera el primer par de banderillas. Un pena porque había salido  embistiendo con nobleza.  Al segundo tanteo de Ponce con la muleta, el animal cayó a la arena. Pero el valenciano siguió con la derecha, mimando a media altura por lo que pudo arrancar la obra medianamente.  Tras cambiar de terrenos, logró coser una primera ronda sin romperse del todo por más pendiente de que el animal no perdiera comba que de emplearse a fondo. Cuando se echó la muleta a la izquierda, ya se había rajado su deslucido oponente. Fue baldío el intento de seguir. El toro se había acobardado por completo. Pinchó antes de dejar media estocada.

En Burgos, la merienda suele estar por encima de lo que acontezca con el cuarto toro. Mandan la cecina, las cebollas y las tortas de pan. Por eso ocurrió lo que ocurrió. Más cuajado fue este colorao ojo de perdiz y más brioso de salida también aunque salió suelto de las dos primeras verónicas de Ponce que siguió lanceando bonitamente a pies juntos. Tras el leve puyazo, el toro se derrumbó apenas iniciar Ponce el quite. Maldición. El toro tuvo tranco en palos aunque embistió calamocheando. Y Ponce brindó al personal. Algo le había gustado del sin ninguna duda. Empezó la faena con tanteos por bajo, dos redondos y dos de pecho anunciando que la faena iría a mejor pese a los amagos de caerse del animal. Y así fue por redondos sedosos.  Soberanos los que siguieron rematados con cambio de mano resuelto al natural. La elegancia y la naturalidad del valenciano fueron aún más patentes cuando lo bordó al natural. Y más redondos prologados con el tres en uno, maravilla de de las maravillas. Faenón de Ponce porque no se cansó de seguir y seguir deleitándonos con ambas manos en un alarde de inspiración y de recreo que no todos los presentes supieron paladear hasta consumar las poncinas engarzadas a dobles de pecho y al desplante que enardecieron al tendido. Toro de clase para la gran clase del gran torero que incluso llegaron a congeniar armonizados en los ayudados por alto finales y en precioso abaniqueo antes de que entrara a matar. Hondo quedó el pinchazo que propinó para tener que volver a matar de estocada que fue suficiente. Si no hubiera pinchado, lo hecho mereció un rabo tan largo como las agujas de la catedral burgalesa. La estúpida cicatería presidencial al concederle solamente una oreja fue vergonzante. Ponce dio una vuelta al ruedo clamorosa.

El colorao ojo de perdiz segundo salió suelto del capote de Manzanares hasta pasarlo a pies juntos sin demasiada resolución por ambas partes. Distraído y sin fijeza tomó el puyazo en dos leves agresiones. Cuando tocaron a banderillas, el animal ya no podía ni con su alma. Al menos se las pudieron clavar. Manzanares comenzó su intento de faena en los medios sobando al animal por alto con la derecha antes de pegar dos redondos. Muy abierto el primero y más apretado por abajo el segundo y los que siguieron sin terminar de asentarse.  En la pausa, el toro empezó a recular y medio embistió doliéndose por el mismo pitón ya probado. Por el izquierdo acudió rebrincado y los naturales del alicantino no pudieron ser completos tras ser bien iniciados. Mejoró un poco la cosa de nuevo a derechas. Pero solo un poco. En vista de lo cual, recurrió a dar circulares invertidos. Tres seguidos de molinete y de pecho animándose un puntín el cotarro. No hubo más ni menos. Un cañonazo trasero de su cosecha dio paso a una petición de oreja que fue concedida. Le salvó su espada a Manzanares.

En su saludo, Manzanares lanceó con más ganas que garbo al negro quinto que exhibió mayores ímpetus en el puyazo que le pegaron. Quizá en exceso porque salió algo mermando. No se notó sin embargo en la estupenda brega de Curro Javier durante el tercio de banderillas en el que brilló Luís Blázquez. Alertado, Manzanares arrancó su faena en enfermero. Pero como el toro respondió bien en los primeros muletazos, al emplearse con hondura a derechas se derrumbó. Y no solo una vez. No obstante, Manzanares prosiguió sin resultados por culpa de la ventolera que apareció repentinamente. Calmado Eolo, los naturales resultaron largos aunque deslucidos por lo feble del animal. Y también los redondos porque el toro volvió a derrumbarse. Manzanares liquidó al inválido con uno de sus cañonazos.

Tras una apurada larga de rodillas junto a tablas, Morenito de Aranda se aplicó con entusiasmo a saludar al tercer toro por incompletas verónicas simplemente bien intencionadas. El toro, castaño de pelo, se fue solo al caballo y no le dieron nada. Morenito quitó por chicuelinas. Cubierto el segundo tercio sin mayores aconteceres en solo dos pares a petición del matador, hubo brindis a los paisanos. Morenito se hincó de rodillas y así comenzó su trasteo. Con tantas ganas como falto de gusto y muy acelerado. Mejoró el trazo y la traza en la primera ronda a derechas. Y aunque el animal perdió las manos en la segunda, mostró más fuerza y más impetuosidad que sus anteriores hermanos. También valió por el lado izquierdo que Morenito no terminó de aprovechar como hubiéramos querido. Lo mejor de lo hecho hasta este momento fueron los dos de pecho con que remató la segunda tanda de insustanciales naturales. Como también el pectoral con el que cerró la tercera. Se aquietó en las cercanías para recetar circulares invertidos y cambios a modo de arrimón. Y los paisanos se le entregaron. Mucho mejor el toro que la faena. La estocada trasera caidilla hizo guardia por atravesada. No importó el defecto. Le dieron dos muy pedidas orejas. Dado el dispendio auricular, debemos decir que el toro hubiera sido de rabo en las manos de los otros dos matadores. Pero quien sabe a la vista de la arbitrariedad presidencial.

Tras lo hecho por Enrique Ponce frente al cuarto toro con el añadido de la incompetencia del presidente a la hora de conceder o no conceder trofeos, confieso que uno ya no sabe qué decir ante tamaña injusticia. La segunda oreja es potestad de palco, señores míos. El palco no deberían ocupar sujetos tan absolutamente desconocedores de lo que es el toreo. Por eso me niego a seguir escribiendo en detalle sobre lo que sucedió en el sexto toro. Y lo siento por Morenito de Aranda que el chico no tiene la culpa de los regalos que le hicieron en su anterior actuación. Solamente cabe apuntar por mi parte que el sexto fue el de mayor volumen de la corrida, que el de Aranda volvió a comportarse con el mismo entusiasmo que antes y que este animal tampoco tuvo fuerza aunque, como todos, también mucha nobleza.  A Morenito le regalaron una tercera oreja tras matar de mala manera de estocada trasera y bastante caída. Que no selo crea porque sería peor para el muchacho. Además, le he visto mucho mejor que ayer en otras plazas y en otras tardes.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

4 Resultados

  1. Chelu dice:

    Ponce majestuoso. Sr. Del Moral usted también hablando de toros y melones, yo aún no he descubierto en que se parecen. Si cato un melón y es soso, lo será hasta el final, y si sabroso otro tanto, pero el toro tiene infinidad de cambios, ya sea per se o por la lidia de un torero que puede obrar el milagro de la trasformación y hacer de un toro intratable un dulce exquisito. Ponce ha demostrado una y mil veces que el toro no es como el melón. Un respetuoso saludo.

  2. Domingo dice:

    Con razón Carlitos Serolo andaba preocupado. Dos tercios de plaza (peñas incluídas) y Álvaro, Ponce y Manzanares para liquidar. Menudo marrón.

  3. Domingo dice:

    No sé a usted, pero a mi me da mucha pena que empresarios jóvenes monten carteles de semejante categoría y no se llene a reventar la plaza.
    Ánimo y esta es la línea a seguir.

  4. J.A. del Moral J.A. del Moral dice:

    Quizá usted por muy joven, imagino, no sepa que en los finales de los años 60, a los toros en Burgos iba aun menos gente que ahora con la crisis. Yo he asistido dos mano a mano entre Antonio Ordóñez y Paco Camino con menos de media entrada….. Cortaron todo lo cortable incluido algún rabo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

También puede interesarte: