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¿Qué pasa con las peñas pamplonicas?

 

A las peñas pamplonicas les tengo mucho cariño. Cuando hacían su papel de animadoras de las fiestas, con cánticos, gritos oportunos, canciones adecuadas a la situación, chispa en sus vestimentas, música dando en el clavo y, en general aciertos múltiples que las hacía insustituibles, me encantaban. Aquellas voces rotundas y generales pro Indurain, en sus años gloriosos del Tour. El encierro, primero y por encima de todas las cosas, off course, y después ellas, siempre ellas, como el alma de Pamplona. Corazón de sanfermines. Alma, corazón y vida, que decía la canción. Encierros y peñas. Peñas que alegran la vida antes, en y después de los toros. Insustituíbles. Como se comprueba en la tradicional corrida del rejoneo, a la que le falta algo. Ellas.

No me gustaba nada cuando se ponían a politiquear a favor de la izquierda terrorista, cuyo sitio era otro y no el festivo de una plaza de toros. Viví intensamente los años previos a la muerte de un peñista y la consiguiente suspensión de las fiestas. Ese año ya no fui porque ví lo que se avecinaba. Y se lo dije a mi mujer que se extrañó después de muchos años asistiendo. Y en viaje de vacaciones al Valle de Arán oí en directo en el coche la tremenda noticia. Política y peñas son cosas diferentes. Y apoyar a la eta un disparate.

Salvo eso, chapó para las peñas con las que disfrutaba. Van a su aire pero cuando hay algo en el ruedo que merece la pena bien que atienden.

De los sanfermines me engancharon para siempre dos cosas. Llegué a Pamplona hace 50 años, año más año menos, con un amigo a mediodía de un día sanferminero, compramos unos pases de favor -porque éramos muy jóvenes y no teníamos un duro- en el hall del hotel-bar-restaurante más taurino al inolvidable por su peculiaridad Diamante Rubio, comimos bien y a buen precio porque entonces las fiestas pamplonicas eran asequibles a todos los bolsillos, no como ahora, vimos encantados a las peñas entrando a la plaza, asistimos a los toros sentados en una escalera de las que separan los tendidos y, ya enganchados, el colmo fue el paseíllo y su explosión con la música de Eurovisión primero y los gritos atronadores de ¡Diego, Diego, Diego! Aclamando a Diego Puerta, torero ideal para esa plaza. Nos mirábamos asombrado como si hubiéramos descubierto el Mediterráneo y algo de eso era. No me acuerdo de nada más, ni de los otros toreros ni de cómo estuvieron los tres, que no fue mal precisamente sobre todo el gran Diego de Sevilla, ejemplo de toreros y el más valiente que he visto en mi vida. Diego Valor le llamaban.

Inolvidable tarde por la que quedé enganchado eternamente. Las peñas tuvieron la culpa. Y, por supuesto, al día siguiente los encierros. Me dejaban sin habla. Jugarse la vida por una tradición y un sentimiento.

No sé si fue aquel año o alguno posterior pero un toro había matado a un corredor y al día siguiente se corría el último, el de Miura. Y pensé que no iba a haber nadie porque al salir a la calle hacía un día de perros y estaba lloviendo. Eran las seis y media de la mañana porque entonces, sin televisión, los encierros se corrían a las siete. Y había menos colorido en general y muchísimo menos blanco y rojo.

O sea, más peligro todavía con la calzada mojada y la leyenda de los miuras. Me quedé de piedra, ni la lluvia, ni la adversidad de posibles resbalones por el agua ni sobre todo el impacto de una muerte tan cercana el día anterior ni la leyenda de los toros que esperaban  quitó  a un corredor. Ni uno. ¡Dios mío qué grandes y valientes son! me dije cuando yo tenía el corazón en un puño.

¿Para qué contarles más? Ya fui siempre de Pamplona. Siempre.

Y aquí surge mi duda y mi pregunta ¿qué pasa con las peñas pamplonicas? Bien es verdad que hace años sigo los sanfermines desde las siete de la mañana hasta medianoche por la tele y visitando diariamente a San Fermín en su iglesia de la madrileña calle de Eduardo Dato, sé también que el canal especializado bajaba mucho el sonido y no puedo detectar exactamente lo que hacen, como antes, estando allí u ofrecido por la tele pública, pero da la impresión de que han bajado mucho, muchísimo.

¿Por qué? Olvidan la Eurovisión en el paseíllo, cantan mucho menos en general, siempre las mismas canciones a la misma hora como si fueran un reloj, ni los ánimos a sus toreros preeferidos, no veo novedades ni creatividad ni en frases, pancartas y canciones, tampoco la gracia de antaño que tanto nos hacía sonreir y, desde luego, y esto lo que más me preocupa, puedo oir perfectamente cuando toca la banda de la plaza durante las faenas. Antes ¡en seguida iban a dejar que les pisara el terreno otro y que se oyera algo que no fuera suyo! Por eso la impresión que tengo es actúan menos aunque sea rutinariamente como cantando el rey o la chica ye-ye. Un día tras otro como discos rayados.

Insisto en mi pregunta : ¿Qué les pasa a las peñas pamplonicas?

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