Zafra (Badajoz). Perera cumple su sueño en tarde apoteósica con seis toros

 

 

Plaza de toros de Zafra (Badajoz). 3 de septiembre de 2009. Tarde agradable con lleno. Seis toros de distintas ganaderías en su mayoría sobradamente presentados para una plaza de tercera. El primero, de Jandilla, bajó en trapío con respecto a los demás pero resultó muy noble aunque mermado tras pegarse dos volteretas. Muy en Atanasio en segundo de Valdefresno que fue el más agresivo de los seis y dio juego excepcional por el lado derecho. Bonito el tercero de Garcigrande que empezó haciendo cosas feas en los primeros tercios pero rompió a excelente en la muleta. Cuajado y cómodo de cabeza el cuarto, de Fuente Ymbro, que embistió con irregular aspereza aunque manejeble. Precioso el colorao quinto de José Luís Perera, también noble aunque soso. Y bravo además de muy completo el sexto de Núñez del Cuvillo que fue indultado. Único espada: Miguel Ángel Perera (celeste y oro): Estocada trasera de efectos fulminantes, oreja. Estoconazo trasero desprendido, dos orejas. Estocada trasera saliendo tropezado, dos orejas y rabo. Estocada trasera desprendida, oreja. Metisaca en los bajos, gran ovación. Indultado el último tras escuchar dos avisos sin dejar de torear hasta después de simular la suerte de matar. Perera fue sacado a hombros. En banderillas destacaron Joselito Gutiérrez que fue prendido al parear el segundo y Juan Sierra que saludó tras parear al quinto, magníficamente lidiado por Javier Ambel.

 

Ayer hizo exactamente un año que Perera se encerró a solas con seis toros en Madrid, tarde por todo histórica en la que resultó muy gravemente herido de la que tardó varios meses en recuperarse de sucesivas y desesperantes intervenciones quirúrgicas que hicieron temer por el futuro del torero. Culminó así una temporada repleta de éxitos más que apabullantes que le encumbraron a lo más alto del toreo. Este dramático final de campaña le impidió actuar también en solitario en Zafra, pero este año pudo cumplir con el compromiso adquirido en gesto que le honra y, además, con un triunfo de auténtico clamor. Habrá quienes piensen que los paisanos que llenaron la plaza hasta los topes para ver a su ídolo pusieron mucho de su parte para que el éxito fuera tan redondo, pero les puedo segurar que en cualquier otro ruedo del mundo esta corrida hubiera sido igualmente triunfal.

 

No es fácil que una corrida con seis toros de distintas ganaderías resulte tan redonda y por ello hay que felicitar en primer lugar a los que los escogieron que esta vez acertaron en su mayoría. Por descontado que el toreo iba a ser capaz de superar cualquier dificultad que se presentase como ya nos tiene acostumbrados. Pero si, además, la suerte se aliaba con la disposición, miel sobre hojuelas. La merecía Perera después de otro año en el que la dichosa suerte no le ha acompañado en una temporada dificilísima en la que el extremeño ha vuelto a caer herido en varias ocasiones, saliendo de todas como si nada le hubiera ocurrido. Y es que el ilimitado valor de Perera corre parejo a su abismal capacidad como ayer quedó patente frente a los seis toros que lidio, toreó y mató como el que lava. La difícil facilidad de los elegidos sin traicionarse a sí mismo por fiel al purísimo concepto que Perera tiene del toreo. La firmeza a cualquier costa y el temple como arma fundamental para que los toros mejoren y adquieran más y más fijeza en los engaños. Formula magistral en la que el extremeño casi nunca falla.

 

Así, supo sostener al primero, de Jandilla, pese a lo muy mermado que llegó a la muleta tras pegarse dos volantines que le hicieron polvo, sobre todo el que sufrió al salir de un original quite por tafalleras cambiadas. Con muy buenos lances recibió al segundo, de Valdefresno, que tuvo un pitón derecho de revolución y Perera supo aprovecharlo al máximo tras recibirlo en los medios con pases cambiados marca de la casa. Fueron tres tandas eternas por su lentísimo torear a relantí que, cuantos las vimos y pienso que el propio torero, nunca podremos olvidar. Aunque el toro se rajó después, solo por ese momento valió la pena estar en Zafra.

 

El tercer toro, de Garcigrande, renqueó de patas en su salida y ello le impidió embestir a gusto. El toro quería pero no podía seguir el trazo de los engaños lo que se tradujo en no pocos problemas. Se le coló a Perera al llevarlo al caballo, esperó en banderillas y se metió por dentro, pero en cuanto se vio solo frente al torero a poco de empezar la faena en tablas y una vez sacado al tercio, el animal cambió a bueno y el toreo surgió como por encanto. Fue entonces cuando un espectador de sol se levantó de su asiento y empezó a cantar un fandango. Perera, sorprendido. Y la gente, más. Como si lo hubieran ensayado – algo imposible – el cante y el toreo se acoplaron perfectamente hasta empalmarlo todo como en un montaje cinematográfico. La sublimación de dos artes magníficamente acompasados, pausados y rubricados con otro fandango más mientras el torero, que supo esperar cuando procedió, prosiguió su obra que resultó más completa que la anterior por el mayor aguante del toro. Naturales de menor a mayor trazo, otra vez enorme con la derecha, trenzado metido entre los pitones, manoletinas ligadas al de echo y a la trincherilla y una estocada hasta las cintas que recetó tan entregado que salió prendido del embroque aunque afortunadamente sin consecuencias. La suma de emociones le deparó cortar el rabo.

 

Con larga afarolada de rodillas recibió Perera al cuarto, de Fuente Ymbro, que brindó al cantaor. Buen aficionado, por cierto. El toro no se prestó a músicas ni a cantes y no los hubo. Pero sí a la muleta del torero que anduvo muy por encima de las condiciones del animal hasta cortar otra oreja. La que también le habría cortado al muy bonito quinto, de José Luís Perera, que resultó noble aunque soso por falta de energía y al que mató de un metisaca después de otra faena que alargó en demasía por extralimitarse en los trenzados y parones del final.

 

Faltaba el toro de Núñez del Cuvillo en el que todos tenían fe y más el torero que lo recibió por muy templadas verónicas ganando terreno en cada lance y, sin solución de continuidad, a un par de tafallaras y fastuoso remate con media y una larga. Empujó con bravura el toro en el puyazo y Perera le hizo el mejor quite de la tarde combinando chicuelinas, tafalleras y gaoneras. Hasta tomó los palos que clavó con facilidad con dos de poder a poder y un tercero al quiebro por los adentros con carrera y parón fandista que puso la plaza boca abajo. Y en pie la gente otra vez cuando Perera empezó la faena en los medios de rodillas, ligando redondísimos mientras el toro se comía la muleta. Ya en pie, prosiguió la faena hasta alcanzar altísimas cotas al natural tras colosal ronda con la derecha. Los cantaores volvieron a intervenir esta vez menos oportunos que antes y la obra a crecer sin que a Perera el importara el mucho tiempo transcurrido. Cuando sonó el primer aviso, la gente empezó a pedir el indulto del toro. Y como Perera siguió toreando, sonó el segundo. Más fuerte fue la petición para que se le perdonara la vida al animal y, como suele ocurrir en estas ocasiones, el presidente terminó por sacar el pañuelo naranja entre la desatada locura del gentío. Perera simuló la suerte suprema y toda la plaza empezó a tocar palmas por bulerías. Los bueyes tardaron en meter al toro en los corrales pero el público estaba tan contento y feliz que no importó la espera. Todos querían ver salir a hombros al torero que pidió a los cantaores que bajaran al ruedo para acompañarle en la vuelta al ruedo. Los peones de Perera fueron finalmente quienes le sacaron de la plaza en medio de una emoción tan desbordante como incontenible.                      

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Currillo dice:

    Los cantaores eran Miguel de Tena y Rubito de Pará, ganadores de la lámpara minera en 2006 y 2003 respectivamente.
    A mí me pareció que estaba preparado, pues en el tercer toro, a media faena Perera manda parar la música y segundos después se arrancan los cantaores.
    Me pareció mucho más espontáneo el fandango de Manuel Orta a Ortega Cano este año en Villaluenga del Rosario.
    Por lo demás, soberbia actuación de Perera y me encantó el detalle que tuvo de brindar el sexto al matador y ganadero Antonio Muñoz

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