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1ª de la Temporada Grande en La México. Puerta grande para El Payo

Primera Corrida del serial, una tarde muy agradable considerando las lluvias de los días anteriores, más de tres cuartos de entrada en el numerado, que sumados a los que se congregaron en los generales, podrían sumar unos veintidós mil aficionados. Partieron plaza Morante, Octavio García “El Payo” y Diego Silveti para lidiar un encierro de Barralva, encaste Atanasio Fernández. El ganado tuvo la presentación adecuada, en su juego destacaron el segundo, el quinto y el sobrero (de regalo); el resto del encierro tuvo poca fuerza y clase.

Morante (marino y oro): aviso, aviso y dos avisos en el sobrero. Octavio García “El Payo” (malva y oro) oreja y dos orejas. Diego Silveti (negro y oro) silencio y silencio.

Se llevó la tarde El Payo demostrando que está en su mejor momento.  El mundo del toreo da oportunidades y éstas hay que saber aprovecharlas.  Cualquiera pensaría que aquélla tarde desastrosa de Madrid habría retirado al joven queretano; no fue así, replanteó su vida personal y un acertado cambio de administración lo ha relanzado.  Lejos quedó aquél Payo que desde el momento en que partía plaza iba con el rostro desencajado y nervioso, ayer llegó el torero sereno, dueño de la situación, decidido a triunfar. El primero de su lote tuvo una salida incierta, el burel acusaba poca fuerza, no hubo nada que reseñar con el percal. Se dio gusto con dos vistosas chicuelinas en el quite rematadas con una media. Empeñoso brindó al respetable, comenzó con lances a pies juntos, buen trincherazo y molinete. Su faena fue por el lado derecho series cortas acertadamente rematadas. Los pases no fueron los más aseados pero tuvieron la calidad suficiente para fijar la atención del respetable. Destacó la estocada con la que despachó al astado. Petición de oreja que fue concedida.  Con el segundo de su lote, lo mejor vendría en el último tercio. Comenzó doblándose con buen temple, para acomodar al enemigo por el lado derecho. Series templadas por derecha destacaron en el trasteo. Se podría decir que el coleta cortaba pronto las series, pero había que tomar en cuenta que todo el encierro tuvo la fuerza justa. El mérito del Payo fue que supo despertar del letargo al aficionado y lo metió a su faena. Octavio entendió al animal y gozó su faena, ese gusto lo supo transmitir al público. Se tiró a matar, dejó una estocada entera, algo defectuosa, pero de efectos fulminantes. El público con júbilo pidió las dos orejas, las cuales fueron concedidas.

Morante de la Puebla es de esos toreros del todo o nada, con la gran cualidad que un simple capotazo o pase de este artista puede poner a la plaza de su lado.  Mucha expectación para confirmar eso de que “el arte no tiene miedo”.  A su primero lo recibió con verónicas suaves rematadas con una media. No las mejores que le hemos visto pero suficientes para calentar el tendido. El toro acusó poca fuerza, no hubo quite, bien Carretero con los palos. Con la muleta un inicio con toques suaves para llevarlo a los medios, el toro no colaboró por ningún lado y fiel a su estilo, el de la Puebla decidió por abreviar. Se  puso pesado con la espada, escuchó un aviso y se despidió con pitos.  El segundo de su lote no le permitió lucir con el percal, en las banderillas destacó Gustavo Campos, con la muleta las condiciones del animal solo le permitieron algunos destellos morantistas. De nuevo, pesado con la espada y otro aviso. Decidió regalar el sobrero. Lo recibió con lances soltando el capote a una mano, el toro salía suelto, Morante aprovechó y toreó por ceñidas chicuelinas que calaron en el tendido. Morante deja detalles que para algunos valen la entrada, a pesar de ello, en México aún no ha podido cuajar a un toro con el capote. Dejó como pincelada dos verónicas y una revolera. Se veían las ganas de Jose Antonio, con la muleta dejó series de mucho temple y sentimiento por ambos lados, las condiciones del toro eran buenas, sin ser las mejores, pero su empeño le permitió sacar rotundos muletazos rematados por agitanados molinetes y trincheras. El toro suelto lo obligó a buscarle otra lidia, llena de detalles, soberbios, pero que serían opacados con la espada. Estuvo fatal con la toledana al grado de escuchar dos avisos. Lástima, se le fue un triunfo.

Poco o nada podemos decir de Diego Silveti, si bien sus enemigos no colaboraron del todo, también es cierto que el toreo de Diego se limitó a dar pases para rematar, como es ya su fiel costumbre, con bernardinas o pases cambiados finalizados con su tradicional desdén viendo al tendido. Una apuesta arriesgada venir dos tardes consecutivas, de su primer compromiso poco hay que decir, sobre todo si para parte del público pudo haber hecho algo más. La plaza lo quiere y lo cuida, lo silenciaron, a cualquier otro lo hubiesen

 

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