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Sueño que toreo, dice Sabina

Buen slogan para el toreo en estos momentos. Recibí un mensaje hace días en mi móvil –antes de lo de Manzanares- que me hizo feliz. Leí: “Preguntarle a mi mujer. Por las noches nunca sueño que canto, sueño que toreo. Joaquín Sabina”.

Qué emocionante y significativo. Uno de los mejores cantantes no sueña con lo suyo sino con lo otro, con lo que es sublime. Sueña que torea.

Gracias a Joaquin Sabina, con el que no estoy de acuerdo en muchas cosas y del que creía que sólo le llevaba a la plaza José Tomás. Incluso lo leí. Pero también vi que invitaba a los toros en una entrevista por la tele y decía que sus amigos pueden decir lo que quieran pero que él va a seguir yendo a los toros. Y que le acompañen los que lo deseen.

No sé qué le habrán dicho los antis en las redes sociales porque no sigo esos fenómenos. Sólo las utilizo cuando es necesario. Pero lo de Sabina es de agradecer. Sueño que toreo. Como Antoñete que en mi opinión lo mejor que tuvo, no resaltado, fue querer torear hasta el último aliento, llevado quizá por una afición desmedida o por recuperar el tiempo perdido en su juventud por lesiones de huesos, cornadas y bohemia. Y lo decía delante de sus compañeros comentaristas Emilio Muñoz y Manuel Caballero, todavía jóvenes, que  no querían ni oir hablar del traje de luces. Claro que entonces siempre me acuerdo de mi profesor marista en Cartagena que  repetía “No hay como hacer las cosas a su tiempo”.

Sabina no llegará supongo a la afición del desaparecido Manzanares, de nuestro torero alicantino con una carrera profesional tan larguísima y siempre arriba, con algún bache incluído, y – lo que es más importante- con el doble de afición –o más- que la mayoría de sus compañeros, algunos de los cuales tiene poca (por decir algo). Qué afición la de Manzanares. Qué buena herencia nos deja. Qué ejemplo de años y años luchando en los ruedos orgulloso de su profesión. Qué suerte si le hubieran acompañado siempre también el ánimo y la ambición. Qué manera de torear erguido, natural, acariciando a los toros.

Y qué explosión la de Sabina que, como genio, me hace bailar –lo que es difícil- cada vez que escucho “Y nos dieron las once, las doce, la una, las dos..”. Una joya. Y ser del Atlético de Madrid, sin serlo, porque sólo soy del equipo de mi tierra, cuando oigo su himno al centenario de los colchoneros. Una maravilla. Y emocionarme con “Por las noches nunca sueño que canto, sueño que toreo”.

Hombres así, figuras así, que sientan esto y lo defiendan nos hacen tanta falta… Sentir como sentía Luis el fútbol. Es que me acerco al campo –decía- huelo la hierba y soy otro. Es como un veneno, lo que le llevó a hacer un equipo nuevo Campeón de Europa y a dejar en bandeja a Del Bosque un grupo formado, ilusionado y ganador, creación del Zapatones del Atleti.

Querido Sabina : mucho soñamos lo mismo aunque sea despiertos. Sueño que toreo. Qué maravilla. Gracias de verdad por decirlo tú y en estos tiempos.

Quizá estos días Sabina sueñe con Manzanares. O mejor: sueñe toreando como Manzanares. Si es que esto es posible aunque sea en sueños (supongo)

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