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Guadalajara (México): El “Payo” de la montera a las zapatillas; gran momento de “El Conde”

Se perdió el Sol en la tarde quedando grisacea y calientita para presenciar una corrida de toros, muy bien presentada procedente de la ganaderia de Los Encinos. Ejemplares de bellas láminas, astifinos, manifestando el trapío y la buena crianza, con romana y la importancia que da el toro auténtico.

Sacaron nobleza, buen estilo, los bureles querían acometer, metiéndo las cabezas con claridad y abriéndose mucho en los engaños. Picados con justeza ya que desde salida pusieron de manifiesto falta de fuerza, lo que influyó en forma determinante para que a la muleta llegaran con son y metiendo los morros con claridad, pero faltos de emoción, son sosería, lo que indudablemente influyó para que las faenas que se les hicieran no alcanzaran el relieve que da la pujanza y el brío.

Si esta corrida hubiese tenido más fortaleza, habría sido de éxito completo.

La joven veteranía de Alfredo Ríos “El Conde” se ha puesto de manifiesto con su toreo en el que denota más serenidad, mando y temple ante astados que, insisto y repito: nobles y claros, le permitieron cuajar dos faenas con buen planteamiento y larga duración; habiendo lucido con el capote en un repertorio que fue desde lances a pies juntos, con larga cambiada de hinojos de inicio para plasmar chicuelinas al paso, estando con las banderillas en regular tenor, pero haciendo gala de facultades al cerrar el tercio en su segundo pisando la barrera del callejón con una agilidad que le caracateriza.

Logró series con la derecha lentas, armoniosas y denostando un sereno quehacer que le ha venido con los años al dominar el oficio y echar para afuera el sentimiento torero que tiene. Mató de sendas estocadas al primer intento, con efecto, que le valieron el merecido corte de una oreja en cada uno de sus toros, dejando un excelente sabor de boca.

Siempre he escrito de la esperanza grande que tenía en Octavio García “El Payo”. Desde novillero, cuando en Madrid le vi, sabía que tenía la onza, y al paso del tiempo entre percances, altibajos, que de todo hay en la formación de un torero, el fino diestro ha encontrado su camino, como le vi primero en su actuación de la Plaza México, y ahora aquí en Guadalajara, que desde tiempo atrás ha venido siendo su plaza.

Capote de seda en el lanzeo a la verónica, bajando las manos, abriendo el compás, cargando la suerte y toreando mucho para arrancar el batir de las palmas, para con la muleta desbordar ese mensaje artístico, que el queratano tiene y que ahora le está proyectando como la figura del toreo que debe de ser.

Clara la cabeza y entendiendo a la perfección la condición de sus toros, ha brindado dos faenas en las que el buen gusto, la armonía, el temple, el mando y la pausa fueron la esencia de lo que como torero es. En series, principalmente con la derecha, y al natural con la izquierda, que fuertes se le corearon.

Tuvo “El Payo” el sentido de la medida, para cuajar dos obras que metieron al público en la bolsa, y como digno colofón, matar como se debe: fija la mirada en el morrillo, perdiendo la cara al toro, volcándose en corto y por derecho para cobrar una estocada de premiación absoluta, partiéndole la yema al morito y ganándose con todo merecimiento las dos orejas de el de Los Encinos.

Con el quinto en similar tenor. Desafortunadamente en esta ocasión la espada falló, pero tuvo la elegancia de sus formas y, lo más importante, el sentirse torero que se gusta, y que gustándose, gustó al aficionado tapatío.

Ni duda cabe, es Octavio García “El Payo” es un torero de la montera a las zapatillas… ese es el camino.

Había esperanzas de que Alejandro Talavante brindara una tarde de éxito, pero lamentablemente se llevó el hueso del encierro, y sólo pudo mostrar el buen oficio aprendido y una técnica depurada en la expresión de su personal forma de interpretar el toreo.

Lució en Verónicas que le valieron palmas, para con la muleta dejar sólo muestras ante dos ejemplares carentes de fuerza, sosos, y sin emoción para una tarde que le valdrá pasar para el olvido.

Al final a hombros salieron “El Payo” y “El Conde” en reconocimiento a sus lucidas actuaciones.

F. Baruqui

F. Baruqui

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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