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2ª de feria en Cali (Colombia). Misterios de la genética o la gloria de Ernesto González

 Por Guillermo Rodríguez

El encaste Santa Coloma , sello de la ganadería del médico Ernesto Gonzalez , floreció en Cañaveralejo con 5 toros aplaudidos en el arrastre, cuatro partiendo plaza. Los clásicos cárdenos y negros, la dulzura, la casta, la bravura, el recorrido, la bondad, la fijeza, el galope, la emoción, en menor o mayor medida permitieron el triunfo de la terna mixta.

El rejoneador Diego Ventura y los toreros de a pie Miguel Angel Perera y Luis Bolívar  cortaron 6 orejas (2 cada uno, Perera en el séptimo de regalo). Fue triunfo del ganadero que le pudo ofrendar a sus paisanos el mejor fruto de sus esfuerzos que se funden con la historia del toreo en el occidente de Colombia cuando su padre, el diplomático Ernesto Gonzalez Piedrahita trajo sementales mexicanos, pero luego se quedó con el Santa Coloma, vía Buendia.

El ganadero decía tras un tentadero : misterios de la genética, mijo , cuando las cosas no salían. Hoy salieron. ¡Y de qué manera! Con una salud deteriorada por las fatigas del tiempo, con débil voz pero el mismo talante, el galeno que cría toros bravos pudo saborear de las mieles de la emoción de los tendidos, del agradecimiento de los toreros , de la valoración de los profesionales. En conjunto una corrida con interés. Siempre se podrá matizar, desde luego.

Diego Ventura que se fue a porta gayola con la garrocha, ese ejercicio campero andaluz , tuvo en ” Regalado” un toro excepcional con celo, temple , ritmo, transmisión,  fijeza , que persiguió a las cabalgaduras, iba de largo con  casta. ” De esos toros salen pocos”, dijo  Diego Ventura que tras emocionar a la parroquia con rizos, ejercicios de doma, falló con el rejón de muerte. Las dos orejas vendrían en el segundo. Tuvo los caballos precisos para enmendar la plana. ” Oro ” y Morante” (el que muerde los pitones del toro cuando  el rejoneador le ordena) se echaron la responsabilidad conducidos por el caballero en plaza con eficacia, alegría y entrega : rizos, cabriolas, llegadas a la cara del toro, clavar arriba, colocar banderillas a dos manos, ese juego floral de las tres cortas sin solución de continuidad , salir toreando de costado . Un manejo de rienda superior. Ahí llegó el climax de pasión de la afición con el hispano-portugués.

Miguel Ángel Perera tuvo un gran primer toro. Hubo acople  por el temple del toro y la suavidad del torero, por las distancias, por el concierto, por la sinfonía que creaba el curso de una faena modelada por el buen gusto. Mucho mimo y toreo sacando la muleta por debajo de la pala del pitón para no incordiar por alto porque le hubiera protestado. Muletazos que eran una dicha para la vista por lo largos y el torero despatarrado ligando y rematando con el forzado de pecho. Todo parecía como flotando, la evanescencia que solo es posible en el arte de lidiar  toros,  en cámara lenta, despacito, muy despacito como nos lo propone José Alfredo Jimenez….Pero el fallo con la espada le priva de la gloria. Su segundo, el garbanzo negro. Se acobardó, “cantó la gallina” y todo se derrumbó. Por eso regaló el sobrero, un toro bajito, un ” dije” descolgadito que humilló y planeó en las embestidas y el rey del toreo en la temporada española que recientemente concluyó con muchos premios para él, volvió a dirigir su orquesta sinfónica. Hubo un momento en que en la distancia corta el toro le protestó y desde la barrera su apoderado le indicó que le diera distancia y todo volvió a la grandeza. Estoconazo y dos orejas…

Luis Bolivar ” se hartó″ de torear bien a sus dos. Son 10 años de alternativa. Macizo, maduro, templado, citando de largo con la muleta planchada o en ese segundo toreando de rodillas con preciosos lances y esa media. La dulzura del toro encontró en Bolívar un buen degustador pero falló con la espada. El segundo fue menos en calidad que su primero. Ya había cortado las dos de su primero, otro de los grandes toros de la tarde caleña. “Bambuquito” tuvo casta, emotividad en las embestidas. Mató recibiendo. El clamor, el toro aplaudido y Bolívar ,una vez más en su tierra, triunfador por mérito propio.  (Fuente: “tendido 7”).   

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