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3ª de Feria en Medellín (Colombia). El Juli y Bolívar a hombros por la puerta de San Juan de la Macarena. Pablo Hermoso pincha un faenón

Por: Guillermo Rodríguez

Corrida de Ernesto Gutiérrez con vuelta al  tercer toro. Un Juli mandón bordó el toreo en su segundo, le cortó las dos orejas, apeló a la técnica sin perder un ápice de sensibilidad, puso una vez más en evidencia que torear es profundizar en lo más puro del toreo. Luis Bolívar estuvo cumbre con el primero, un toro con un gran pitón derecho. Muletazos al ralenti . En su segundo, una estocada perfecta, recibiendo. La plaza en lo que habilitó la empresa, el primer anillo, se llenó.

Primera corrida para Dummies. A es un aficionado que ha visto muchas corridas. Va a las temporadas nacionales de primera categoría y ha estado una vez en Sevilla viendo toros, en la Maestranza. B viene hace menos años y solo asiste a algunos festejos. Cada vez entiende más y se toma en serio su afición. Colecciona videos, fotos con toreros y un par de banderillas en su habitación. J es el Juli, L es Luis Bolívar, PH es Pablo Hermoso el rejoneador, C los caballos de Pablo Hermoso y T los toros de Ernesto Gutiérrez, que en Colombia son toda una institución. Los T (toros de Gutiérrez) tuvieron clase y dulzura. El vacío que deja el fenotipo (son chicos y cómodos, aunque esta vez menos), se llena al verlos perseguir las telas con disciplina, nobleza y mucha resistencia. Esta vez no humillaron, explicación de por qué no fue una tarde histórica, inmune al olvido.

PH demostró una vez más todas sus destrezas. Cuarteó n veces y clavó banderillas y rejones al estribo (posición equidistante a la silla de montar), otras pocas a silla pasada y alguna a la altura de la grupa o cuarto posterior de C con relativa eficacia. A pesar de sus destrezas “sobreequinas”, de que está a años luz de los alanceadores de la vieja escuela tradicional, en esta temporada no ha sido el mismo rejoneador espectacular. Se le nota la ausencia del caballo Chenel. La estrella del reparto ya no vive, y los actores secundarios (Churumay, Disparate, Dalí y Pirata), aunque hacen alardes y piruetas insospechadas, de ciencia ficción, no logran llenar el vacío dramatúrgico de la obra: la ausencia del acto central. Churumay para muy bien a los toros. Disparate pega muletazos con los cuartos traseros. Varios hacen la Hermosina (quites en zigzag). Dalí da giros o rizos espectaculares frente a los pitones. Y Pirata, que siempre saca pecho, mira con los ojitos bien abiertos al toro y se arrima para que su montador haga llamadas telefónicas desde la cabina del testuz. Pero falta el toreo a dos pistas, ese temible acto del trapecio en el que un caballo es capaz de desplazarse de costado a la misma velocidad del toro… un cuarto de plaza, medio diámetro, la vuelta completa… moviendo sus paticas con elegancia y formando un ángulo recto con quien lo quiere cornear sin llegar a ser capaz. Ese acto es el clímax de su tauromaquia. Por eso los tendidos enteros, en esta temporada, ya no se ponen de pie.

La tienen difícil los competidores de J (El Juli) porque nunca escatima esfuerzo. Hace lo que sea necesario: buscar en el ático de su vasta tauromaquia, que es la integración de la Biblia y el Corán, el argumento para que los espectadores sientan que estuvieron en un espectáculo de primer nivel. Su primer T, sin embargo, no se lo permitió porque llevaba siempre la carita alta. Y tampoco lo iba a permitir el segundo, que creyó que iba a pasar de agáchese (distinto a humillar) frente al todo poderoso. L (Luis Bolívar) había cortado dos orejas en su primero y J no iba a permitir que un torero de la mitad del escalafón le ganara la partida, así estuviese jugando de local. Como las verónicas no habían caído en gracia, se inventó un discurso populista de lopecinas (combinación de serpetina y chicuelina), cambiados por la espalda, pases de la firma, un molinete de rodillas (¡!) y derechazos que se convirtieron por arte de magia en redondos, en los que simplemente acompañaba el caminar leeeennnnttttoooo del toro, de señor de la tercera edad, al que le ayudaba a pasar la calle, a subirse a la acera, cruzar el antejardín, ascender las escaleras y tocar la puerta… todo eso en un solo muletazo circular. La plaza estalló como una botella con gas porque le pareció que era la primera vez que alguien toreaba tan despacio, justo aquí en Medellín (a los paisas siempre les parece que todo se inventó en Medellín, hasta la muerte de Gardel).

L (Bolívar) aprovechó la nobleza y la suavidad de su primero y le exprimió en series en las que estuvo a gusto; tanto que muchas, si no todas, las dio hacia afuera, como cuando se le enseña una casa nueva a una visita. No era fácil estar por encima de esas dos figuras, de PH y de J, ¡semejantes maestros! Ese fue el mérito de L, que se les adelantó y los irrespetó. Cortó 2 orejas. A su segundo le repitió la dosis, en una faena de muchas series en las que aprovechó la clase del toro, llevándolo con suavidad y estilo. Destacados los naturales, la estocada recibiendo y el descabello. Cortó otra más.

Para A fue una tarde más, de letargo, en la que se repitieron las mismas cosas que ha visto tantas veces. PH, según él, no es el mismo y está muy visto. Sostiene que si los toros no hubiesen sido de Gutiérrez, ante tantos atropellos con los pitones, un par de caballos estarían despanzurrados. Reconoce que J es un torero que se entrega demasiado, pero con esos toros, eso tan maravilloso no es tan meritorio. Insiste en que a L le volvió a faltar ese no sé qué que nunca ha sabido explicar. Para B, en cambio, fue una tarde inolvidable, de profundas experiencias. Sigue creyendo que PH es un rejoneador sorprendente, muy superior a los demás. Aunque echa de menos al caballo Chenel, PH sigue haciendo cosas impensadas y hermosas con su cuadra, y además clava bien (salvo en la suerte final). J toreó tan despacio, como nunca antes se lo había visto hacer a nadie, y las lopecinas son lances extraordinarios. Cree que los toros de Gutiérrez son los que mejor embisten y que L le plantó pelea a PH y a J, y se las ganó.

Síntesis del festejo. Feria de la Macarena 24ª  (70 años). Primera corrida (mixta). Sábado, 31 de enero del 2015.  Media plaza para el aforo total, lleno para el aforo disponible. Se lidiaron toros de Ernesto Gutiérrez, disparejos, justos de presentación, aunque no tanto, les faltó humillar. Bueno el primero, el tercero (premiado con la vuelta al ruedo), el quinto y el sexto. Encastados, suaves y con clase, salvo el segundo. Pablo Hermoso: silencio y silencio. El Juli: silencio y 2 orejas. Luis Bolívar: 2 orejas y 1 oreja. (Fuente: “tendido 7”).

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LA OPINIÓN DE LUCAS MORALES

BARRIGA LLENA, CORAZÓN CONTENTO

¿Qué se llenó la plaza?, si señor se llenó y la afición respondió al esfuerzo de una empresa seria que se ha propuesto a apostar fuerte.Con toros dispares en presentación y juego se dio la segunda corrida de abono en la plaza de toros de la Macarena. Como dice la vieja y reconocida frase “Con un cartel digno  de Madrid” pudimos disfrutar los asistentes de una gran tarde que terminó con los dos toreros de a pie saliendo “a caballo” por la puerta de San Juan y al de a caballo saliendo “de a pie” por el patio de las cuadrillas, eso si, entre el cariño y la ovación de una ciudad que lo quiere y lo respeta.

Pablo Hermoso de Mendoza no tuvo la suerte que ha tenido en los años anteriores que ha visitado la ciudad, tanto ayer como hoy no salió ese toro que permitiera al rejoneador español disfrutar y hacer disfrutar, podría decirse que hoy si tuvo que trabajar buscando las vueltas a unos toros que nunca se encelaron en los caballos y que por más que los dejó llegar al punto de verse atropellado y casi cogido en algunos de los encuentros con sus compañeros de escena nunca hubo ese acople necesario para construir faenas dignas de triunfo grande. Tampoco estuvo acertado a la hora de usar el rejón de muerte, en su segundo toro pudimos contar hasta tres intentos y al final echó pie a tierra para descabellar antes de que sonara el primer aviso. Es así como este año se vivió del recuerdo y a Hermoso de Mendoza lo despidieron entre una cariñosa ovación que sella la conexión entre una ciudad caballista y un hombre de caballos.

Pareciera que a Julian López “El Juli” no hay toro que no le valga… y es que con Sabio, un animal serio y bien presentado de 488 kg pero que no tuvo buena condición, el español mostró el conocimiento y la técnica que lo hacen ser una de las primeras figuras del toreo, con el capote lo mimó y lo toreó con calma y elegancia en un bonito quite por chicuelinas. Ya con la muleta mostró qué es torear con mando y con temple, enseñándole no más que “trapo rojo” a un toro que se negaba a perseguir los vuelos de la muleta, pudo arrancar tandas importantes a un animal que todo lo que quería por la derecha. Dispuesto a no dejarse a ganar la pelea salió en su segundo, un toro de 477 kg llamado “Parrandero” que sin ser el mejor, dejó a Julián mostrar más de su sapiencia y de su maestría. Si hay que destacar algo de la lidia del quinto de la tarde fue la calma y lo despacio que lo toreó tanto de capote con un vistoso quite por lopecinas lentas y ceñidas, como luego con la muleta dándole la misma dosis empezando con un ajustado cambiado por la espalda aprovechando el viaje del toro y con naturales profundos y templados, circulares eternos y un espadazo que lo hicieron merecedor de dos orejas a ley para ganar el derecho a no salir caminando de la plaza.

Luis Bolívar pegó primero y como dice el dicho “pegó tres veces”. Con el primero un toro para quien tímidamente algunos en el tendido alcanzaron a sacar pañuelos pidiendo el indulto, Bolívar mostró que tantos años al otro lado del charco le han calado de buena manera, entendió las distancias, los tiempos, los terrenos y aprovechando al mejor de la tarde pudo construir una faena seria merecedora de premios, para las dos partes, porque a “Reyesito” la presidencia lo premió con la vuelta al ruedo y al caleño las dos orejas. Con “Carcajada”, el toro de menos presencia de la tarde, Bolívar salió a demostrar que las dos del primero ya eran historia y que todavía había mucha tela por cortar, por fortuna la única tela que no se pudo cortar fue la del vestido del torero cuando llevando al toro al caballo éste lo atropello y lo hizo rodar por el suelo dejando sólo el susto. Con la muleta porfió y estuvo muy bien con un toro que no quería regalar nada, con el que hubo que trabajar de verdad y al que meritoriamente le cortó una oreja. (Fuente: “cultoro”).

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