4ª de San Lucas en Jaén. La temporada terminó con muy mal sabor de boca

Plaza de toros de Jaén. 18 de octubre de 2009. Cuarta de feria. Tarde fresca con más de dos tercios de entrada. Cuatro toros de Román Sorando y dos, primero y sexto, de Salvador Domecq. Muy desigualmente presentados entre los anovillados y destartalados o abueyados. Manejable sin casta ni energía el primero. Noble aunque inválido el segundo. Muy distraído el tercero. Inválido el cuarto. Noble aunque derrengado de patas en quinto. Y con movilidad aunque sin clase y muy rajado el final el sexto. Enrique Ponce (burdeos y oro): Seis pinchazos y estocada a paso de banderillas, dos avisos y silencio. Metisaca en el chaleco y dos descabellos, aviso y palmas. Curro Díaz (grana y oro): Casi entera trasera caída, ovación. Estocada trasera caída, oreja. El Fandi (vainilla y oro con remates negros): Estoconazo trasero, oreja. Metisaca en los bajos, oreja. El Fandi salió a hombros. El banderillero Chicote resultó cogido y cornado de gravedad por el tercer toro tras caerse en la brega.           

 

La corrida del día de San Lucas que cada año cierra en España la gran temporada y, más concretamente, todas las de Enrique Ponce, resultó en gran parte desastrosa. Sobre todo para el valenciano que ayer sufrió lo suyo, sobre todo al intentar matar al primer toro después de prolongar demasiado su primera faena. Este toro anovillado de Salvador Domecq salió parado pero despertó tras la suerte de varas, lo que permitió medio hilvanar breves y entrecortadas tandas sin poner meterse en serio con el animal por su falta de casta. El empeño resultó perjudicial porque no hubo manera de encontrar la igualada para entrar a matar, lo que fue poniendo nervioso a Ponce que llegó a escuchar dos aviso y, por fin, enterrar la espada de cualquier manera al borde del tercero.

 

Con el cuarto, que debió ser devuelto a los corrales por su manifiesta invalidez, también lo intentó Ponce tras brindar a su cuadrilla. Brindis largo aunque baldío porque lo que siguió no podía tener la más mínima emoción. El toro se había echado en pleno tercio de banderillas y aunque Ponce dio muletazos aislados en sucesivas, breves y superficiales rondas sin poder bajar la mano en casi ninguno – cuando lo hizo el toro perdió las manos -, pegó un horrible metisaca que echó por tierra su propósito de poner remedio a tanto desaire. Esta corrida lleva ya tres años con parecidos resultados y no se entiende bien por qué. Ponce no necesita tantos cuidados ni su trayectoria lo merece ni necesita. Una pena.

 

Con mucha cara en comparación con la nula del anterior salió el segundo toro, de Sorando, que aunque noble careció de fuerza hasta rozar la invalidez. Curro Díaz al menos pudo enjaretar algunas verónicas de buena traza en el recibo y algunos muletazos compuestos hasta que el toro se echó. Una vez levantado, dos naturales y nueva pérdida de manos. Otro toro que debió ser devuelto a los corrales. No obstante, los paisanos aplaudieron a Curro. Con el rajado quinto, también cornalón y algo más entero aunque rajado, el de Linares logró ligar más los bonitos pases que pegó y, como mató pronto, la gente pidió una oreja que fue concedida de inmediato.

 

El Fandi cortó una de cada uno de sus toros. Raro es el día en que no lo consigue. Sus largas de rodillas en el recibo, sus galleos y variedad en quites, sus siempre espectaculares tercios de banderillas y lo mucho que suele trabajar con la muleta sean como sean los toros en su imparable bullir, solo le basta meter la espada a la primera para tocar pelo. El tercio de banderillas del tercer toro resultó emocionante, sobre después de haberlo tenido que interrumpir por la cogida que sufrió su peón Chicote. La poderosa reacción de El Fandi una vez de nuevo en acción, caló mucho en los tendidos.

 

Un quite por lopecinas muy vistosas y el inicio de la faena de rodillas en los medios aguantando una barbaridad el calamocheante viaje del toro, pusieron la plaza boca abajo. El Fandi continuó su labor sobre ambas manos sin apenas reposo pero con tantas ganas, incluso junto a las tablas, donde el toro se fue finalmente rajado, que a nadie importó que matara en un metisaca bajísimo que fue suficiente para que doblara el animal para pedir con fuerza otra oreja e incluso la segunda. El presidente, tampoco.      

 

 

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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