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10ª de Feria de San Marcos en Aguascalientes (México). Fabián Barba gana el “Estoque de Oro

Por Sergio Martín del Campo

Buen ganadero es Fernando de la Mora, esto por su ternura y amabilidad hacia los comodinos actores contemporáneos de una fiesta que antaño era de héroes y valientes.

Ayer por la tarde, martes 5 de mayo del 2015, hora taurina, se ofreció el décimo primer cartel de la Feria de San Marcos; el escenario, la Monumental de Aguascalientes que en sus escaños recibió a un público que hizo apenas algo más del cuarto de entrada. Se anunció como ganado, una partida de Vicky de la Mora, pero finalmente en el nimbo aparecieron igualmente reses con el hierro del esposo de ésta, Fernando de la Mora (primero, segundo, quinto y sexto). Del modo que fuere –es la misma casa- se arreó de aquel rancho un encierro terciado, diverso de tipo en el cual hubo ejemplares que dieron vértice para el éxito. El juez confunde dulzura con casta, raza y nobleza y absurdamente ordenó el arrastre lento para el primero de la función, y usando mejor el criterio, también para el cuarto. La Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos, Rejoneadores y Similares puso en disputa para esta corrida el gallardete “Estoque de Oro”, y éste fue a dar a las manos de Fabián Barba. El espada aguascalentense, entonces, podrá escribir en las hojas de su currículum, el cuarto trofeo áureo que tiene en sus anaqueles: tres “Orejas de Oro”, -una de ellas obtenida en Torreón- y el que en esta cuartilla se señala.

Dulzura y debilidad se le apreciaron al que abrió plaza; bóvido de anovillada fisonomía que ni por presencia ni por casta habría asustado a nadie. La indigestante docilidad le admitió a ALEJANDRO AMAYA (discretas palmas y pitos) hacer una labor con la estética que lo pudo haber encumbrado en años ya pasados, pero desabrida en verdad, en la que no propuso el corazón y como consecuencia sin profundidad y terminada, bajo el mismo tono, de media espada trasera y bárbaramente tendida y sin réditos mortales, y un espadazo igualmente tendencioso. Un toro cárdeno, bonito y de mucha caja soltaron en cuarto turno. Y fue noble y claro, embistiendo con clase a la muleta, avío que el norteño manejó bien durante su trasteo lleno de estética pero nuevamente descansado en su frío corazón, entre que en el tendido se escuchó el elocuente y bien aplicado coro de ¡toro, toro! Torero que pudo llegar muy lejos pero que hoy es un elemento inexpresivo y de más que modesta proyección. Su quehacer resultó apagado y desalmado sufriendo al emplear el estoque para concluirlo.

Bonita fue la combinación que presentó en base a lances y chicuelinas FABIÁN BARBA  (al tercio y dos orejas), quedando marcado superiormente su estilo al provocar sensacional media verónica. Luego del nítido quite a la forma de tafalleras, el torito gordo y paliabierto, aunque sin clase, llegó pasando claro tras la muleta, y el diestro local le aprovechó cuanto pudo forjándole una faena decente, variada y no exenta de pases muy templados. Sin fatigas se vio en esta labor que acabó con estocada caída. Fervorosa y variadamente se abrió de capa para recibir al segundo de su lote con tres incompletas largas cambiadas de rodillas en el mismo eje del escenario para posteriormente, ya de pie, ejecutar lances a pies juntos firmados al modo del gran “Chicuelo”, no sin antes de doblar el percal dejar a la vista un quite por gaoneras, no limpias pero de gran verdad, en el que se apreció el mérito, pues fue consumado gallardamente pese al viento que se interpuso peligrosamente. El animal playero, de poca monta en su presencia, embistió temporalmente y concluyó su juego rajándose, buscando la región de las maderas, sin embargo el espada le construyó una faena más que asentada y limpia, enjundiosa, entusiasta y dinámica y certeramente terminada con una estocada caída. Dos orejas.

Bonito fue el berrendo jarretero tercero de la función. Y qué lidia tan compleja planteó. En acertijo imposible se convirtió. Clavado en el suelo, no había poder que lo moviera; y llegado el episodio muletero sacó agilidad felina: arreó poderosamente y se regresaba en un centímetro sobre las patas posteriores. El joven diestro de la tierra MARIO AGUILAR  (silencio y palmas) estuvo correcto y firme con él y se lo quitó de enfrente sufriendo con el estoque. Cerró plaza un animal bien cebado, modesto de testa, sin embargo ofreció oportunidad al triunfo embistiendo con movilidad y clase, teniendo además la fijeza como otro de sus atributos, sin embargo el coletudo no acabó por centrarse y penetrar de lleno en la faena. Ejecutó buenos pases, no hay duda, empero le dominó el conformismo y la apatía y nada de trascendencia ocurrió. Finalmente bajó el telón con un par de pinchazos y una aceptable estocada. Fuente: “noticiero taurino mx”

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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