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1ª de feria en Jerez de la Frontera. Morante se inspira en el Guadalete

De El Correo de Andalucía

El diestro de La Puebla cuajó la faena de la tarde al quinto aunque fue Padilla, a favor de ambiente, el que se llevó tres orejas de color puramente local. Núñez del Cuvillo lidió un excelente encierro y Manzanares sacó lo mejor de sí mismo con el sexto

Morante se inspira en el GuadaleteRomán Ríos (Efe)
Plaza de toros de jerez de la Frontera. Ganado: se lidiaron seis toros de Núñez del Cuvillo, justitos de presentación. Resultó bondadoso y flojo el primero. El segundo, soso y con clase. El chico tercero dio un juego excelente. También resultaron muy potables cuarto y quinto. Muy bravo el sexto.

Matadores: Juan José Padilla, de carmín y oro, oreja y dos orejas

Morante de la Puebla, de grosella y oro, silencio tras aviso y ovación tras aviso

José María Manzanares, de negro y azabache, oreja y ovación

Incidencias: lleno aparente en tarde primaveral. Curro Javier saludó tras parear al tercero. Rafa Rosa fue cogido sin consecuencias por el sexto.

Ya es sabido. Para ver a Morante hay que coger el coche si se vive a la sombra de la Giralda. La de ayer era -previsiblemente con Huelva- una de las pocas oportunidades para jugar a la ruleta de los prodigios si no se quiere esperar a que el diestro cigarrero se fume la pipa de la paz con la familia Canorea Pagés. También colgaba en el cartel el nombre de Manzanares, salvado y refrescado de su vuelta a la plaza de la Maestranza. Y no faltaba el inevitable Padilla – con su cabalgata de fin de semana – para dar cuenta de un encierro, el de los Núñez del Cuvillo, que también ha visto revalorizarse su papel después de apagarse los farolillos abrileños.

En cualquier caso, Padilla jugaba en casa. Sorteó en primer lugar un precioso ejemplar de pelo albaío al que paró, muy firme, entre verónicas y delantales. Sorprendió quitando por chicuelinas, combinadas con unas infrecuentes tafalleras circulares que cerró con una larga muy templada que también marcó la calidad del toro. Con las banderillas anduvo a sus anchas y muleta en mano se empleó en un trasteo animoso y bien trazado que venía a enseñar una y otra vez la calidad del cuvillo al que le falló, eso sí, la potencia de las pilas. Con el abanto cuarto se complicaron las cosas. Ni el toro, ni el matador; tampoco la cuadrilla, se entendieron demasiado y Padilla tuvo que tomar el olivo antes de prender el primer par aunque el violín final redimió el batiburrillo. Tampoco faltaron tropiezos en la faena, que también tuvo pasajes felices, efectos especiales y dinamita para los pollos que encantó a los suyos. La espada se fue al sótano pero le dieron dos orejas paisanas que paseó acompañado de toda la familia.

Pero los ojos estaban fijos en Morante, que después de no andar demasiado agusto en la lidia del segundo se salió del pellejo en el quite, sacando la primera bola del bombo de los milagros con cuatro o cinco verónicas de otro mundo y una media plagada de matices. No faltó el inevitable cantecito de un propio del tendido en el inicio de una faena de largas probaturas, limpios naturales, derechazos estimables y chispazos inconexos que, ésa es la verdad, supo a poco. ¿Mereció más la sosa nobleza del animal?

Dejamos ahí el interrogante en espera de la salida del quinto, al que toreó con cadencia y compostura natural por ambas manos. Nos había vuelto a tocar bola premiada: uno de las flores; un cambio de mano y más naturales mientras sonaba La Concha Flamenca dieron paso a una grandiosa serie diestra y expresionista abrochada con diabluras marca de La Puebla. Aún hubo más cosas, nuevos alardes de imaginación y muletazos de excelente trazo. Estábamos ante el gran Morante, que se hartó de torear en Jerez aunque la espada aguó la fiesta.

El tercero era una raspa, pero permitió al Manzana estirarse por el palo de la verónica más clásica. El toro remató en tablas y envió un tablero al tendido. Manzanares lo puso en suerte con una infrecuente larga cambiada. Curro Javier lo partió con los palos y el animal se vino arriba. El excelente tranco; la continua fijeza y el recorrido rebosante de este tercer cuvillo se alió con el toreo mecido de Manzanares, que se sintió mucho más por el lado diestro. La faena, dicha de más a menos claudicó a la vez que se desinflaban las fuerzas del animal mientras otro fenómeno le soplaba un fandango desde el tendido. El caso es que el cante animó al torero y la parroquia y le dió al trasteo el puntito que le faltaba. Y aunque la espada no funcionó cortó oreja. Todos tan contentos. El alicantino volvió a estirarse con el salinero que cerraba la tarde, que enganchó a Rafa Rosa al ser incapaz de saltar las tablas a la salida de un par de banderillas. Todo quedó en un susto. Josemari brindó a Mercedes Domecq y se explayó en un excelente inicio de faena que nos devolvió su mejor versión. Llegó el acople y un toreo acompasado a la embestida exigente del toro, al que pasó con impecable trazo y sentido del ritmo sobre ambas manos, brillando en los larguísimos pases de pecho, dichos muy en redondo. Éste sí es el torero que queremos ver. La espada, montada en la suerte de recibir, tampoco quiso entrar en esta ocasión.

A. R. del Moral

A. R. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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