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Novillada en Sevilla. Tres horas de casi nada

Publicada en El Correo de Andalucía

El novillero extremeño Miguel Ángel Silva cortó la única oreja del festejo al mejor novillo del desigual envío del Conde de la Maza. El naufragio de Borja Álvarez y Conquero fue oceánico

  • Tres horas de casi nada
    Silva logró trazar una faena compuesta y entonada al quinto de la tarde, un ejemplar de muy buena nota en la muleta que salvó el honor del encierro de Los Arenales. / I. Flores
  • Tres horas de casi nada
    El choquero Alejandro Conquero no debió hacer el paseíllo en Sevilla. /Inma Flores

Plaza de la Real Maestranza

Ganado: Se lidiaron seis utreros del Conde de la Maza, muy serios. El primero, rajado y manso, resultó muy potable en la muleta. El segundo fue un sobrero del mismo hierro, escurrido y manso y algo reparado de la vista. El tercero fue muy pegajoso. El cuarto fue otro sobrero que tuvo menos fuerza que el que se había marchado a los corrales. El quinto, de buenas hechuras, resultó excelente en la muleta. El sexto fue bruto y protestón.

Novilleros: Borja Álvarez, silencio tras dos avisos y silencio

Miguel Ángel Silva, ovación y oreja con petición de la segunda

Alejandro Conquero, silencio y silencio tras aviso

Incidencias: La plaza registró más de un tercio de entrada en tarde fresca, ventosa y nublada. Navazo y Peinado saludaron tras parear al quinto, muy bien lidiado por Jesús Aguado. Borja Álvarez y Manuel García-Seco fueron atendidos de sendas contusiones de carácter leve tras la lidia del cuarto.

Cuando el choquero Alejandro Conquero intentaba levantar la faena al sexto novillo, la noche se había cerrado ya sobre la plaza de la Maestranza. El festejo encaraba ya las tres horas irremisibles de duración y gran parte de la parroquia había cogido la puerta espantada de aburrimiento, frío y nocturnidad. Con o sin la oreja que cortó el extremeño Silva al mejor novillo del envío del Conde de la Maza, la novillada había constituido un auténtico despropósito. Es verdad que Silva, sobreponiéndose a sí mismo y a sus muchas carencias, había logrado salvar los muebles pero la escasísima preparación de sus compañeros, naúfragos de la playa inmensa del Baratillo, no les hacía merecedores del paseíllo sevillano. ¿Quién les hizo el flaco favor de anunciarlos en la plaza de la Maestranza? ¿Qué les dirán ahora sus ilustres mentores? Las tres coletas se presentaban ayer en Sevilla. En el caso del alicantino Borja Álvarez, talludo de edad y pasadito de cuerpo. Y tuvo enfrente un novillo, el primero, de aire manso y rajado pero noble condición con el que no fue capaz de dar una a derechas. La lidia había sido un desastre y casi nadie fue capaz de ponerle un capote en la cara para descubrir su buena condición, que el muchacho –que también se cobró un mamporro– no supo ver y mucho menos lucir. Al cuarto, un sobrero aún más flojo que el que se había marchado a los chiqueros no fue capaz de hincarle el diente por ningún lado. El naufragio se había consumado.

Pero el choquero Alejandro Conquero le iba a superar. ¿Qué pintaba allí? El tercero resultó pegajoso pero tuvo cierta movilidad aunque el novillero tuvo mucha más. Los pasos atrás, la desconfianza absoluta y la falta del más mínimo recurso para andar delante del utrero convirtieron su labor en una pantomina. Con el bruto sexto escenificó un largo esfuerzo que no tenía ningún rumbo. Mal sin paliativos.

El extremeño Silva había sembrado muchas dudas con el segundo, primero de los sobreros que remendaron el encierro del conde. Flacón, avacado y corretón, también pareció algo reparado de la vista aunque el defecto se palió en la muleta, que el chaval manejó siempre fuera de cacho, cargado de desconfianza y citando al hilo. A la postre no fue tan malo el bicho, que le perdonó todos sus errores antes de cantar la gallina de puro manso.

Silva iba a tener la suerte de llevarse la bola premiada, un excelente quinto al que toreó compuesto, evidenciando un gran esfuerzo, pero lejos del verdadero triunfo que le brindaba ese ejemplar. Le pidieron ¡dos orejas! Tenía más que de sobra con la que paseó por el anillo.

A. R. del Moral

A. R. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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