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8ª de San Fermín en Pamplona. Oreja para un muy solvente Eugenio de Mora en una endemoniada corrida del Conde de la Maza

Fotos: Javier Arroyo

Plaza de toros de Pamplona. Domingo 12 de julio de 2015. Octava de feria. Tarde calurosa con casi lleno.

Seis toros de El Conde de la Maza, muy bien aunque desigualmente presentados y de mal juego en distintos grados.    Manejable con genio domeñable el primero. Muy deslucido el segundo. Peligroso el tercero. Dificilísimo el marrajo cuarto. Con solo cuartos de viaje por el derecho el también marrajo quinto.  Apenas manejable sin clase por el derecho el sexto.

 (Foto: Javier Arroyo)

Eugenio de Mora (obispo y oro): Estocada trasera, oreja. Media tendida caída y estocada trasera, silencio.  

Antonio Nazaré (marino y oro): Media estocada trasera, silencio. Estocada entera trasera y siete descabellos, pitos. silencio.

Juan del Álamo (blanco y plata): Pinchazo hondo sin cruzar, otro de igual guisa echándose el toro. Levantado tres veces, murió apuntillado, silencio. Estocada y descabello, palmas.   

La renovada madurez de Eugenio de Mora,  sobradamente demostrada en Madrid al final de la pasada temporada y en el San Isidro de la presente, le abrió las puertas de las corridas sanfermineras. Desde hace algunos años, los miembros directivos de la Comisión Taurina de la Casa de la Misericordia, tomaron la decisión de no cerrar los carteles de los Sanfermines hasta bien avanzada la feria isidril. Tal decisión, sin duda acertada además de prudente, permite incluir a diestros de solvencia contrastada, tanto nuevos como veteranos. Que han sido los casos de López Simón y de Eugenio. Ayer tuvo la oportunidad el toledano de agradecerlo triunfando si tiene suerte o no con tal de mostrarse por encima de las condiciones de sus toros si no son propicios.

Pero ahora que sale este tema, merece la pena decir que cuando saltan al ruedo reses tan peligrosas y difíciles por no decir imposibles como las de antier de Escolar Gil, los toreros no deberían plantear las faena sobre el toreo formal, bien sea natural o cambiado, sino el que de siempre se empleó con estos toros. Machetear lo más toreramente posible y a matar. La falta de costumbre de hacerlo así en estas ocasiones, ha deparado equívocas reacciones del público actual que solo sabe apreciar el toreo formal y, si no lo hacen, casi nadie repara en la imposibilidad de practicarlo.

Ayer se lidió una corrida en la que apenas hubo un par de toros manejables sin ninguna clase – los demás resultaron endemoniados – y ya vimos lo que pasó: que el único que cortó oreja y mostró su oficio y solvencia lidiadora fue Eugenio de Mora.

Aprovecho esta ocasión para agradecer la permanente y creciente fidelidad de los muchos lectores que, desde todos los rincones del mundo, atienden diariamente estas crónicas en las que intento despejar incógnitas y sugerir actitudes en función del juego que de cada toro.

La reseña minuciosa de la lidia no es actualmente lo común en la mayor parte de la crítica y quizá, por ello, a no pocos les resulte extraño leer un texto tan lleno de detalles y de consejos cuando vienen a cuento. Aspectos ciertamente no asimilables a primera vista aunque, en mi opinión, lo que más acerca a los lectores con el crítico es el descubrimiento de cosas que los primeros no apreciaron viendo la corrida que los descubren cuando se identifican con las opiniones del periodista.

Mala cosa es leer algo con lo que en absoluto se está de acuerdo y se llega a la conclusión de haber visto corridas absolutamente distintas. Y muy buena es cuando el lector comprende y coincide con lo que no pudo apreciar a primera vista y lo descubre leyéndome.

La crítica taurina por todo esto debe ser siempre un faro que ilumina.  Nunca un velo que distorsiona la realidad cuando quien escribe lo hace en pos de un pretendido estilo literario y hasta de maneras cultistas, ambas para su propio lucimiento que casi siempre esconden la ignorancia sobre lo que se escribe. Sin competencia en las materias taurómacas y/o sin claridad sobre lo que se escribe – a no pocos hay que releerles para saber qué quieren decir -,  es difícil que la crítica contribuya a formar buenos aficionados.

Ayer no se llenó del todo la plaza. En los altos de sombra había huecos. Pecata minuta. El marco, también incomparable de esta plaza mientras dura la feria es por cierto inigualable. El color y el ruido llenan nuestros ojos y nuestros oídos como en ningún otro coso del mundo. Esta explosión festiva anual no tiene parangón posible. Por eso cuando solo faltan tres días para el fin, empezamos a sentir morriña… El último, será el momento de llorar.

Esperemos que, de momento, no suframos demasiado. A ver como salen los del Conde de la Maza. El primero, negro y buen mozo, se emplazó nada más salir y amagó con saltar al callejón antes de salir suelto del capote de Eugenio de Mora para vover a intentar el salto. El regrsar, Eugenio lo paró con una excelente media verónica. Cumplió manseando en el primer puyazo. Sin quite del toledano, le aliviaron el castigo. Intentó hacerlo en su turno Nazaré pero no pudo dar ni un lance lucido. Dolido el burel en palos, aunque espero, los peones los clavaron con mérito. Eugenio brindó la faena al público. De rodillas por alto con la derecha la empezó. Y luego en redondo con limpieza. Había que templar y Eugenio lo consiguió bajando mucho la mano. A media altura, no. El toro, sin clase, derrotaba mucho por arriba al final de sus vulgares viajes. Aguantó los arreones que pegó por el lado izquierdo y volvió al lado más potable. Circular invertido y de pecho. Muy meritoria la última ronda a izquierdas. Debió cortar entonces. Postre poco lucido y estocada hasta las cintas. Aunque cayó trasera, fue suficiente. Hubo petición de oreja que se concedió. Había estado muy por encima del nada fácil animal. Anduvo Eugenio francamente resuelto que es de lo que se trataba es este caso.

Con mucho por delante y menos por detrás, el descarado de cuerna cuarto salió muy distraído. Y arisco. Huidizo y derrotando por las nubes. La solvente brega de Eugenio atemperó algo al marrajo. La primera vara la tomó empujando con la cara muy alta y saliendo suelto. También la segunda y otra vez de naja. Era, fue una prenda para no dormir. Un pajarraco difcilísimo en banderillas. Una devanadera. Movió la cara como una túrmix.  Soberbios los doblones por bajo con la derecha en el adecuado arranque de faena. Pruebas templadas en los medios o cuartos de pases con la derecha. No cabía exigirle otra cosa. E intento de lo mismo con la izquierda absolutamente imposible. Insistencia breve de nuevo diestra, desdén, trinchera y a matar. Media tendida caída y entera trasera.   El solvente oficio de Eugenio de Mora volvió a quedar patente ante semejante alimaña.

El segundo toro, negro y ofensivo, salió suelto de los primeros capotazos de Nazaré y coceó al llegar a un burladero. Desarrolló genio al ser llevado al caballo. Simulado el primer puyazo. Fue imposible quitar y en el segundo encuentro le levantaron la puya nada más señalar. Buenos pares de Bellesteros y de Pirri. Brindada la faena al público, Nazaré prefirió el lado izquierdo tras probar el derecho sin estar mal. No sé por qué regresó al peor pitón. Pronto arrepentido, volvió a los naturales sin los resultados apetecidos. Mal toro. Peor incluso que el que abrió plaza. Insistencias baldías. Perdidas de manos del burel también las hubo. Y estocada casi entera trasera.

Un pavo con 620 kilos el quinto. Huído del capote de Nazaré que intentó pararlo en los medios. Inútil capoteo posterior con la quinta prenda de la tarde. Manso en el caballo sin pegarle. Los peones banderillearon como pudieron. Lidia al menos rápida. Y mucho peligro en la muleta por el lado izquierdo. Apenas medio pasó a derechas en una labor meritoria de Nazaré robándole al toro cuanto pudo por ese pitón. Cada vez más probón. Se lo agradecieron algunos espectadores. Circular agarrado al costillar y de pecho incompleto. Amago de cogida al insistir y a matar. Estocada entera trasera. La muy digna actuación de Zazaré en tan difícil papeleta quedó emborronada con el descabello.

El tercero, negro bragado girón y con mucha cara y largo, correteó de salida sin querer capotes. Muy distraído. Juan del Álamo lo fijó con eficacia. El primer puyazo lo tomó en su huida hacia el caballo que hacía puerta. Y sin quite, en el de tanda tras costar llevarlo a sitio. Salió suelto rápidamente. Manso declarado. Esperó una barbaridad en banderillas y siempre se fue. Mal tercio con cuatro entradas. Bien el último par de Agustín Serrano. También brindó Juan de Álamo. Vi al toro no meter mal la cara en los capotazos de la braga. También Juan, supongo. Vanas ilusiones. Derrotó alto en cada viaje por la derecha y miró mucho al torero salmantino. Probón además. Y casi parado. Por el izquierdo, aún peor. Desarmó peligrosamente a Juan. Y lo mismo al volver a la mano diestra. El peor de los tres primeros toros que ya es decir. Hizo bien del Álamo en matar cuanto antes. Pero fue un suplicio.

El negro mulato bragado sexto, salió con pies y echó las manos por delante en el capote de Juan del Álamo que, al menos, logró cuajar dos buenas medias verónicas. Cumplió en varas aunque saliendo suelto. Y se cayó por  completo entre un puyazo y otro. Se banderilleó con desigual fortuna. Y Juan del Álamo intentó formalizar una faena con las mejores intenciones posibles sin poderlo conseguir por la blandura y los viajes cortos y los derrotes altos del animal. La gente estaba hasta la coronilla de la malísima corrida y apenas prestaron atención a la más que aseada actuación del salmantino. No así la banda de música que animó el cotarro y prendió las palmas. Juan acabó con celebradas manoletinas, media muy caída y descabello. Le aplaudieron en estricta justicia.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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