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Manolete, el torero que fascinó a diestros e intelectuales

ANDRÉS AMORÓS

Manuel Rodríguez Sánchez (1917-1947) es uno de los grandes mitos de la historia del toreo y el símbolo de toda una época de la historia de España. En la inmediata posguerra, fue el ídolo que compensó al pueblo español de muchas penalidades.

Se le considera el máximo exponente contemporáneo de la escuela cordobesa: seriedad, estoicismo, valor sereno, personalidad fuera de lo común. Por eso, fascinó a casi todos los diestros e intelectuales de aquellos años, como Agustín de Foxá o Eugenio d’Ors; también, a los exiliados españoles, en Méjico.

Su toreo se basaba en la verticalidad, la quietud, el juego de muñeca. Toreaba muchas veces de perfil, con los pies juntos, sin cargar la suerte. No tenía un repertorio amplio, se limitaba a los pases esenciales: era un gran torero “corto”.

A la tarde de Linares (28 de agosto de 1947) llegó cansado, sufriendo el empuje del joven Luis Miguel, que quería destronarlo. Su entrega a la hora de estoquear al miura “Islero” le causó la muerte: en aquella España.

Así opinó Orson Welles sobre Manolete: 

“He visto grandes faenas de Manolete pero no he conocido a ninguna persona que sea más grande como hombre que Manolete; si yo fuera español, estaría orgulloso de haber vivido en el mismo siglo que él”.

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