5ª de feria en Quito. La torería de Esplá y la inteligencia de Tomás en tarde al borde del petardo

Feria de Quito “Jesús del Gran Poder”. 3 de diciembre de 2009. 6ª de abono. Cuarta corrida de Feria. Lleno en tarde de clima agradable, con molestas ráfagas de viento por momentos. Se han lidiado 3 toros de Huagrahuasi (1º, 5º y 6º) y 3 de Triana (2º, 3º y 4º), nobles pero faltos de fuerza y fondo en línea general, excepto el primero, “Jaquimerito”, toro de gran nobleza, emotividad y trapío, penosamente lesionado al inicio de la faena de muleta. Luis Francisco Esplá, de grana y oro, ovación con saludos en ambos. José Tomás, de sangre de toro y oro, ovación con saludos en ambos. Diego Rivas, de rioja y azabache, división de opiniones en su lote, con un aviso en su primero.

 

Llegó uno de los días fuertes de la feria, ya que sumaba la despedida del Maestro Esplá de la afición quiteña y el regreso de José Tomás a esta plaza después de ocho años de ausencia. Sin embargo, la plaza registró unos pocos claros y la reventa no se disparó como sucede cada vez que se anuncia el de Galapagar. Una entrada de 17 dólares para el tendido alto de Sol se cotizaba en 10. Anecdótico hecho cuando en otros lugares la presencia de Tomás dispara la cotización de bolígrafos y demás objetos que van acompañados de entradas a los toros.

 

Empezó la tarde y a Quito se le olvidó brindar la ovación que Esplá merecía. Leves conatos de ovación para un torero que en sus inicios fue ídolo del público de la capital.  Salió de chiqueros “Jaquimerito” de 551, toro con cuajo y con hechuras prototípicas de su encaste. Se gustó Luis Francisco toreándole por verónicas a pies juntos, suaves y lentas. Compás y elegancia con el percal, llevando al toro hasta la boca de riego y presagiando una faena grande. Cumplió el burel en varas y tomó el alicantino las banderillas. Volvieron a la mente de los aficionados de solera aquellos espectaculares tercios de antaño, cuando junto a su hermano Juan Antonio ponían a la plaza de cabeza. Recuerdos y nada más, porque el Maestro está más atemperado. Sin embargo queda para la memoria ese tercer par de poder a poder, cuadrando en la misma cara del toro y clavando en todo lo alto. La faena de muleta empezó con el rumor que solo despiertan los acontecimientos destinados a lo más selecto de la Historia. Toreros doblones para llevarse el toro a los medios, andándole con la misma naturalidad con la que una persona puede servirse un café, pero sobre todo dejando en sus huellas un rastro de torería. Empezó la faena con la derecha, con ese temple y cadencia que es patrimonio de unos pocos elegidos. Mas el destino, ¡oh cruel destino!, quiso que el bravo y noble “Jaquimerito” se rompiera la pezuña delantera izquierda al salir de un remate por bajo. Se rompió la plaza en un lamento y se rompía Esplá ante una sinfonía irreparablemente inacabada. Mató de buena estocada, yéndose con su cuadrilla al burladero de matadores mientras se apagaba la vida de su oponente, con el rostro ensombrecido por una obra de cante grande que se quedó a medias. Ovación de gala para el torero y palmas para el toro en el arrastre.

 

Con el cuarto, “Guasonito” de 456 kilos, Esplá pudo dejar varios detalles de su muy personal tauromaquia, aunque el de Triana tuvo poquito fondo y se quedaba muy corto en sus embestidas. No banderilleó “Bambino”. Con la muleta hubieron pasajes emotivos, logrados con voluntad y mucha técnica, adornados por esos remates “made in Esplá”, mas el burel no tenía mucho adentro. Volvió a estar certero con el acero y recibió otra ovación de época. Así se despidió de Quito un torero único, un libro abierto de cultura taurina. Se va una forma de entender el toreo  y probablemente el último director de lidia que le quedaba a la Fiesta. Aquí estuvo Esplá con su traje que recuerda a los viejos maestros, sin desentenderse nunca de lo que sucedía en el ruedo. Dejó el Maestro aroma a torería.

 

Volvía José Tomás a Iñaquito tras ocho años de ausencia. Y volvió en un gran tono. Después de verle, en mi mente quedó la idea de que muchos le subestiman, sus partidarios especialmente. Porque le reducen a cuatro o cinco tópicos vulgares, cuando este José Tomás ha demostrado estar muy por encima de esas vulgaridades. Hoy el de Galapagar demostró que detrás de la publicidad y cierto forofofismo se encuentra un torero capaz de compenetrarse profundamente con el toro. Con el segundo de la tarde, “Granjero” de 473 kilos, Tomás puso la muleta donde tenía que ponerla, llevando la embestida de su oponente a media altura, como pedía la alarmante flojedad de remos del de Triana. Hubo quietud pero también hubo inteligencia para colocarse en los terrenos que permitían muletazos limpios y templados. Grande estuvo José Tomás al natural, con dos series que son, hasta el momento, lo mejor que se ha visto en ese apartado. Una lastima el pinchazo en todo lo alto que precedió a una estocada entera, algo trasera y caída. Ovación con saludos.

 

El quinto, “Bullista” de 511 kilos, podría ser definido como un toro a contraestilo. En el límite de la mansedumbre, sin fondo ni clase de ningún tipo. Le anduvo mucho el de Galapagar, robándole los pocos muletazos que tenía y ligando un par de series de bastante temple y aseo con la derecha. Reiteró Tomás el fallo a espadas, dejando una efectiva estocada al segundo viaje. Gran ovación.

 

Cerraba el cartel Diego Rivas, quien pasó por Iñaquito con más pena que gloria. Si bien es cierto que no fue suyo el mejor lote, hay que decir que el compatriota se quedó por debajo de sus dos oponentes. El tercero, “Exigente” de 481 kilos, mantuvo la línea descendente del encierro, aunque podría decirse que “algo tenía” para obtener faena. Diego le propuso un trasteo sin ningún rumbo ni sentido. No le halló nunca la colocación y los pases se sucedían entre el toreo sobre pies y los enganchones. Intrascendente, a tal punto que muchos espectadores adelantaron el tradicional receso, al igual que el toro que se rajó totalmente. Estocada casi entera que no hizo efecto. Tres descabellos más aviso. División de opiniones entre cariñosos nacionalistas y aficionados decepcionados.

 

Con el sexto y último de la tarde, “Revolero” de 477 kilos, no solo que se mantuvieron las condiciones del anterior, se empeoraron, tanto las del bovino como las del torero. Ante un oponente que no lleva nada adentro, lo más honrado es tomar la espada y a otra cosa. El toreo es más, mucho más, que sacarle pases sin fundamento ni limpieza a un enemigo que no los tiene. Amagó con desplantes el latacungueño ante un toro absolutamente parado y que estaba en la plaza plantado como si la cosa no fuera con él. Mucho tiempo en el ruedo para algo que no tenía sentido. Media estocada e idéntica división en los tendidos. Agridulce sabor de una tarde muy esperada y que solo tuvo cosas que contar gracias a Esplá, José Tomás y “Jaquimerito”, extraordinario animal que de no mediar la mala suerte hubiera podido ser uno de los toros destacados de la feria.

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Jorge Martinez dice:

    Vean lo que se dice en un blog llamado del cero al infinito:

    “La reaparición de José Tomás en Quito no ha despertado el interés que se suponía o, por lo menos, como pregonaron los medios en los días previos a su celebración.

    No ha habido noticias de la famosa ?venta del bolígrafo por dos mil dólares con regalo de dos entradas?, ni entrevista a ningún ?guiri? al que le ofrecen comprarle su entrada por una fortuna y contesta que no, que prefiere ?toguego a dinego?, u otras cantinelas del marketing al uso y al que se suma penosamente, para escarnio del diario mayor prestigio y solera de España, su empleado de la sección taurina.

    Quince minutos antes de su inicio se vendían entradas en la taquilla, como todos los días, los huecos en los tendidos en los dos primeros toros aparecían como todos los días, y después el lleno se consumaba como todos los días.

    Por acá en el lomo de los Andes, el dios de piedra se ha posado entre los vulgares mortales y se ha asemejado a ellos, no por la búsqueda de la mortalidad sino de la vulgaridad.

    José Tomás ha pasado de puntillas, como en una niebla en el atardecer de Quito, entre la que a veces se ha colado algún destello del esplendoroso sol de la mitad del mundo, y a tres mil metros de altitud.

    Ante un primer buen toro, noble y facilón, hizo labor de brega sin llegar a perfilarse con el de ?Triana?, ni ejecutar quites.

    Mayor disposición ofreció en la muleta, aflorando su clase en toreo ajustado y mano baja por la derecha, con remates de olés por trincherillas, y pases de pecho, para difuminarse en rutinarias tandas, y las consabidas manoletinas para un mal remate con la espada.

    En su segundo flojo, de buen tranco, noble embestida, aunque a menos en la muleta se plantó con el capote en toreo a la verónica, sin que nadie se rasgara la camisa, su labor intermitente en la muleta no logró alcanzar vuelo y despachando discretamente al de ?Huagrahuasi? para saludar desde el tercio al igual que tras la muerte de su primero.

    Todo muy normal como cualquier torero, todas las tardes no se puede triunfar en esta campaña americana, pero tampoco hay que taparlas con fantasías informativas, interesadas o no, en connivencia con algún conocido, lamentablemente conocido, enlace mejicano.”

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