_JAG3786

Goyesca de Ronda. Cayetano saca lo mejor de sí mismo en el solar de los suyos

Publicado en El Correo de Andalucía

Cayetano saca lo mejor de sí mismo en el solar de los suyos

Manzanares y el menor de los Rivera abrieron la puerta grande en una Goyesca de tono menor. Morante se marchó de vacío y Paquirri, convaleciente aún, tuvo que ver los toros desde la barrera

Ronda. Plaza de toros de la Real Maestranza. Se lidiaron seis toros repartidos entre los hierros de Juan Pedro Domecq – segundo, cuarto y sexto, correctamente presentados – y Núñez del Cuvillo, de pésima fachada. No sirvió el primero; tuvo muy buena condición el segundo; el tercero, esmirriado e impresentable, sí humilló; deslucido el cuarto; potable el quinto y de excelente comportamiento el sexto.

Matadores: Morante de la Puebla, con casaca grana y blanca y calzas celestes, silencio y ovación tras aviso.

José María Manzanares, de damasco negro y pasamanería azabache, dos orejas y oreja.

Cayetano, de añil y pasamanería negra, dos orejas y dos orejas y rabo

Incidencias: la plaza se llenó en tarde nublada y de agradable temperatura.

La Goyesca nacía algo tocada. La ausencia forzada de Rivera Ordóñez, que ejerció de empresario a pesar de las molestas y dolorosas secuelas de la cornada de Huesca, había obligado a modificar el formato anunciado de ocho toros para cuatro matadores. Pero el cartel final – resuelto en terna – no carecía de atractivos. Con las nubes aguantándose el agua anunciada, todo estaba previsto para dar comienzo a una corrida que mantiene, a pesar el desgaste del tiempo, el alma y el aura de su forjador: el gran Antonio Ordóñez. Desgraciadamente, el argumento posterior de la tarde no estaba haciendo honor a su historia ni a la alcurnia de su escenario. Hablando en plata: no había pasado casi nada hasta la suave y templada faena de Cayetano que abrochó la tarde. Pero hay que ir por partes…

Morante se había convertido en director de lidia. Pisaba un ruedo familiar y querido y lo hizo, evocando al propio Ordóñez, combinando casaca y calzas de distinto color y haciendo el paseo con el bicornio terciado, con aires de torero napoleónico o de húsar de pavía. Pero tenía que salir el toro, un primero gordito y armado que no anunció fortalezas ni tampoco dejó al matador estirarse en el recibo pero sí gustarse en un quite preciosista, dictado por delantales. Mansito, noble… pero con las pilas averiadas, el animal no permitió que la faena pasara de apuntes, fogonazos y probaturas. Había que esperar al cuarto, trotón y distraído, que sí dejó a Morante expresarse en un quite por chicuelinas de arte y ensayo. A la postre el animal no se entregó en la muleta y se quedó a mitad de viaje. Morante quiso; pudo a veces. Pero la faena, larga, no tomó vuelo.

El segundo fue un colorao fuertecito que puso en algún apuro a Manzanares, que había sembrado alguna duda sobre su definitiva presencia en Ronda. Lo bordó Curro Javier con los palos antes de que el Manzana brindara a Rivera Ordóñez y comprobará la excelente condición de su enemigo, de templada, boyante y alegre embestida. En la faena ganó la compostura a la profundidad pero la elegante puesta en escena del alicantino logró armonizar un trasteo que sí quedó por redondear. El volapié, una vez más, fue de libro. Las orejas, intrascendentes. Con el quinto, un animal feo y avacado que esperó en banderillas pero se entregó envla muleta, hubo acople creciente, compostura, trazo largo y hasta estética pero, ay, también algunos alivios. La espada fue un cañón.

Reaparecía Cayetano. Y lo hacía para despedir una breve temporada de reencuentro con las sedas y los oros y la sangre de los toros… Se marchó a portagayola para recibir al tercero, un espantoso, esmirriado y bizco ejemplar de Cuvillo que no debió pisar el ruedo de Ronda. Hubo larga cambiada y gaoneras en el quite, brindis a la parroquia e inició genuflexo de una faena de inicios templados y buenas fases de toreo al natural perominusvalorada por la escasa entidad del bicho. Había que cerrar la tarde, que había brindado más orejas que contenido. Cayetano brindó a su hermano, toreó con elegancia y se templó en una faena de excelente porte y formas suaves, de exquisito acople y majestuosa puesta en escena que se enhebró a la perfección a la dulce embestida de ese sexto de Juan Pedro Domecq.

A. R. del Moral

A. R. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

4 Resultados

  1. aficionao dice:

    La verdad es que Ponce es modélico en ese aspecto. Resulta inexplicable que en el momento que atraviesa la Fiesta la mayoría de figuras no cuiden la presentación del ganado. Los que somos asiduos a los tendidos sabemos como enfada eso, y la cantidad de gente que jura no volver a pisar una plaza cuando se siente engañada. Que sigan así

  2. Ronnie dice:

    Que tal los becerros que soltaron en Ronda?

  3. Guillermo Fernandez Moya dice:

    Sigan riendo las gracias a los organizadores y actores de esta pantomima, sigan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

También puede interesarte: