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El verano peligroso

Publicado en El Correo de Andalucía

Las gravísimos cornadas de Francisco Rivera Ordóñez, Saúl Jiménez Fortes y Miguel Ángel Perera han reivindicado la integridad de la profesión de torero

El verano peligrosoEste verano peligroso ha estado jalonado por tres percances escalofriantes que en otros tiempos, en otras plazas, con otras manos y –seguramente- en otras enfermerías habrían supuesto un desenlace irremediable. El primero de ellos contó con el altavoz inmediato de la fuerza mediática del personaje. Hablamos de la gravísima cornada de Francisco Rivera Ordóñez. El pitón le partió las tripas en Huesca el pasado 10 de agosto. Aquella noche se estremeció todo el toreo pero también quedó sobrecogida una gran parte de una sociedad ajena al mundillo que se dio cuenta de la definitiva verdad del oficio del hijo mayor de Paquirri, más allá de su rol de personaje habitual de las páginas de papel couché.

No se trata de buscar noveleos. Pero el percance de Rivera Ordóñez tuvo muchos paralelismos con el de su padre, que murió desangrado en la tortuosa carretera que separaba Pozoblanco del Hospital Militar de Córdoba, en el que ingresó cadáver. Las dos cornadas llegaron con edades muy parecidas, en los últimos coletazos de sus respectivas carreras –con la tara del inevitable declive físico- y, sorprendentemente, en idénticas circunstancias de la lidia: un capotazo que no logra vaciar la embestida, un toro que no obedece y alcanza el cuerpo del torero… Francisco había reaparecido puntualmente esta temporada 2015 para conmemorar su vigésimo aniversario de alternativa. Ha podido contarlo y ahora disfruta de los suyos. Quiere volver a vestirse de luces aunque la recuperación –él mismo lo ha reconocido- será larga.

No pasaron muchos días antes de que el planeta de los toros y la opinión pública en general se sacudieran con una nueva cornada que –en un primer momento- se llegó a antojar irremediable. La víctima fue esta vez un torero emergente que ha visto frenar una y otra vez sus aspiraciones de alcanzar la primera fila por la interminable sucesión de percances que han acompañado sus ganas de ser pero –ojo- también algunas limitaciones para quitarse de encima los toros en trances peligrosos. Hablamos del malagueño Saúl Jiménez Fortes, un torero de muchas y buenas cualidades que ya había sido noticia por la cornada que le atravesó el cuello de parte a parte el día 14 de mayo, en la yema de la feria de San Isidro de Madrid. El pitón actuó como un auténtico bisturí: sorteó zonas vitales sin dañarlas y el joven diestro, recuperado de una forma casi milagrosa, pudo reaparecer menos de un mes y medio después en Badajoz. Aún cumpliría media docena de contratos más antes de llegar al coso charro de Vitigudino, hace justo un mes. Fortes quiso recibir al toro Repóquer, marcado con el hierro de la desconocida ganadería salmantina de Orive con verónicas rodilla en tierra. Los vídeos del percance ya han dado muchas vueltas. El toro hizo por él y en un segundo angustioso, que el matador no pudo aprovechar para rodar sobre sí mismo, le alcanzó con violencia bajo el mentón y le introdujo medio pitón en la cabeza. Los gravísimos destrozos en el paladar, la lengua y las fosas nasales no le impidieron salir del hospital diciendo a todo el que quisiera oír que su determinación de convertirse en figura del toreo seguía tan firme como el primer día.

El último vértice de esta trinidad trágica de percances se marcó ayer sin salir de Salamanca y, otra vez la casualidad, cuando Miguel Ángel Perera trataba de recibir con las dos rodillas en tierra al tercer toro de la tarde, marcado con el hierro de Domingo Hernández, en el coso de la Glorieta de la capital charra. El escalofriante parte médico parece un tratado de anatomía. Los médicos volvieron a dar lo mejor de sí mismos para restañar aquellas puñaladas que había rebañado el vientre del torero extremeño que también tardará en sanar completamente.

Mientras tanto, los toreros siguen cayendo y levántandose. Andrés Roca Rey, el novillero más sólidamente preparado para convertirse en figura, reaparecerá con una cornada fresca y una mano destrozada para tomar la alternativa en Nimes. Alberto López Simón, con un muslo recentísimamente traspasado en Albacete, ya cuenta las horas para volver a enfundarse el vestido de torear y afrontar el trepidante final de temporada que le llevará a pisar sucesivamente las plazas de Sevilla, Madrid y Zaragoza en tres mano a mano oportunos y de verdadera tensión. Ésa sí es la verdad de todo esto…

El percance de Miguel Ángel Perera ha sido el último –ojalá sea así- de una cruenta temporada en la que todos los escalafones han pagado con sangre el definitivo tributo que exige esta profesión a sus oficiantes. La lista es larga: la engrosan novilleros de todo pelaje, banderilleros, algún picador y matadores con galones de distinto brillo que han dejado un rastro trágico en el camino angustioso que separa el ruedo de las enfermerías. El amplio parte de bajas contrasta con el chaparrón abolicionista y el descrédito interesado al que están siendo sometidos estos hombres que pueden morir de verdad practicando su profesión. La cornada de Perera llegó, además, en una fecha en la que se discutía con vehemencia la legitimidad de una fiesta ancestral, la del Toro de la Vega en Tordesillas, y su vigencia en el mundo de hoy. También habrá tiempo habrá de hablar de ella…

A. R. del Moral

A. R. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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