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El niño creció y se hizo Torero

El sábado 19 de Septiembre 2015 en la Plaza de francesa de Nimes, el joven diestro peruano Andrés Roca Rey tomó la alternativa de manos de uno de los toreros más importantes que ha dado la tauromaquia mundial en todos los tiempos como es el maestro Enrique Ponce. Esta alternativa a sus pocos 18 años ha despertado una expectativa que no veíamos desde la alternativa de El Juli en 1998. Dicho sea de paso, conocemos por su padre que Andrés desde que tuvo uso de razón se fijó mucho en él, viendo  y volviendo a ver videos del torero de Velilla mañana, tarde y noche, por eso en sus inicios se hacía llamar “El Andi”.

Andrés nació en Lima y como ha declarado desde niño supo que su destino era ser torero. Contaba su tío Juan Manuel que lo llevó en brazos a la edad de 3 años mientras toreaba y eso ya lo marcaría. Asistió a los 7 años por primera vez a una tienta en la ganadería “Campo Nuevo” de propiedad de Rafael Puga toreando su primera becerrita brava, la que aunque le pegara algunas volteretas, dejaba ver su valor al ponerse sin dudar nuevamente delante de ella con gran desparpajo torero,  sorprendiendo a todos quienes lo veían.

Fui testigo en varios tentaderos en  la ganadería de Roberto Puga, a los que el pequeño Andrés era invitado acompañando a su hermano mayor y a otros matadores extranjeros que hacían campaña en el Perú, de cómo este iba asimilando la técnica, maneras y formas, madurando rápidamente en la profundidad y seguridad de su toreo. Muy despabilado siempre, ponía mucha atención a la labor de los tentadores y  era sorprendente la rapidez con que entendía y asimilaba los consejos de esos matadores. Tuve la suerte de compartir con él, entre otros, un largo y memorable tentadero de tres días seguidos en esa ganadería, en el que precisamente participó el matador José Antonio Campuzano – quien había venido al Perú apoderando al diestro español Paco Ureña contratado ese año en la feria de Bambamarca. No  hay duda que el maestro Campuzano también se dio cuenta en esa tienta de  la extraordinaria condición que ya apuntaba Andrés, y que fue la razón para que luego busque en España su apoderamiento.

De ahí en adelante se inició como becerrista con varias actuaciones en provincias, en todas ellas con inusitado éxito. Daba alegría ver como los niños de cada pueblo lo tomaban como su ídolo y lo sacaban a hombros de cada coso después de sus actuaciones. Huamachuco, Chota, Cutervo, Concepción, entre muchos otros lugares, fueron testigos del inicio de su carrera. Similares éxitos cosechó en una becerrada en Acho y en actuaciones  en el extranjero, con motivo de concursos internacionales de becerristas. Siempre fue el primero en esos eventos, regando admiradores que  hoy lo recuerdan en México, Ecuador, etc.

Hace cinco años, en el verano del  2010, con solo trece años, Andresito tuvo una gran oportunidad y la supo aprovechar. En efecto, por iniciativa del ganadero Roberto Puga, y aprovechando la  amistad de este con el ganadero de bravo extremeño don Miguel Moreno, pudo viajar a España por tres meses en sus vacaciones de colegio, hospedándose en casa de este  ganadero quien asumió su cuidado y tutela, y así pudo asistir  durante  ese periodo, como alumno libre, a las clases y actividades de campo de la Escuela Taurina de Badajoz, la de mayor éxito  en España pues de ella han salido matadores ya figuras consagradas como Perera y Talavante, y más recientemente José Garrido y también novilleros punteros  como Posada de Maravilla y Ginés Marín, quienes precisamente fueron sus compañeros de aula y tentaderos, además de buenos amigos.  Recuerdo que me contaron que Andresito llamaba  por teléfono  a su tío Juan Manuel Roca Rey y le pedía que convenciera a sus papás que le permitieran quedarse en Badajoz, adonde era enormemente feliz.  Es ahí cuando Andrés se da cuenta, a pesar de su niñez, que su ambición de ser figura del Toreo tenía que plasmarla en España, pues conoció que allá el nivel profesional es extraordinario, y que se podía beber en todos lados de  la mejor esencia y aprender con los mejores maestros. Fue realmente el punto de quiebre  que marcó el curso de su carrera taurina, que hoy todos, peruanos y extranjeros, apreciamos con orgullo y expectativa.

Regresó al Perú y combinó sus últimos años en el colegio con alguna que otra actuación como novillero sin caballos en provincias, hasta que en 2013, con 16 años, ya pudo regresar a España para dedicar su juventud al duro pero precioso oficio de torear como profesional. Es ahí cuando Campuzano  inician su relación de apoderamiento.

Como novillero sin caballos tuvo buenas actuaciones destacando sobre sus contemporáneos,  preparándose para su presentación con picadores que hiciera a mediados del 2014 y es a partir de ese momento que se inicia la escalada en plazas de España y Francia hasta ubicarse como el novillero más importante de la actualidad. Esto puede sonar vacío si se tiene en cuenta que en cada promoción siempre va a haber alguien más destacado que otros, pero la promoción de novilleros con los que ha competido Andrés sale de la media histórica, y además todas las opiniones de los principales  comentaristas  taurinos europeos coinciden que el caso de este novillero limeño está muy por encima  del escalafón, apuntando  seriamente a mandar en esto del Toreo,  por supuesto si los toros lo respetan como deseamos.

Escribí al inicio de este artículo que no recordaba haber conocido una expectativa tan grande por una alternativa como la que despertó en su momento la de El Juli , y  eso que ha habido otras muy sonadas como la de Manzanares o Talavante. Desde hace unos meses no hay cronista o crítico taurino en Europa que no escriba o hable maravillas  de Roca Rey. La cornada que recibió hace dos semanas en Villaseca de la Sagra,  cerca de Toledo,  tuvo una inusitada cobertura en los medios tanto taurinos como generales. Hasta hace unos días en que se probaba una férula para su reaparición y alternativa las cámaras de televisión hicieron seguimiento y no dejaron de pasar las imágenes, tal como alargaron la transmisión en la TV Digital Plus, haciendo entrevistas a los que por ahí andaban, con tal de llegar a transmitir las imágenes del torero siendo trasladado a una clínica.  Esta cobertura en los medios nunca se la han dedicado antes a algún novillero. Todas las últimas actuaciones que debía cumplir como novillero hasta la alternativa estaban siendo contratadas para ser televisadas en directo. De la Feria de la Vendimia en Nimes solo se pasaron dos corridas por Canal Plus Digital, la de la alternativa de Andrés y la de la confirmación de López Simón, el otro joven torero que este año triunfó en Madrid y luego con sus éxitos en otras ferias ha dado muchísimo que hablar y que ahora también está anunciado en nuestra Feria del Señor de los Milagros 2015.

Expectativa grande en Nimes con plaza llena por ver el acontecimiento. Actuación solvente, variada, inteligente, trajeado con un terno palo rosa y oro con el toro de la alternativa de nombre Poco Sol de la ganadería de Victoriano del Río al que le cortó una oreja. Con su segundo, otro toro de la misma ganadería por ser devuelto el titular de Juan Pedro Domecq, fue complicado y con peligro que a punto estuvo por cornearlo al pegarle una voltereta. Se jugó el tipo honradamente pisando sitios comprometidos, sometiéndolo, pudiéndole no exento de buen toreo con valor sereno para arrancarle una oreja de mucho peso.

Renovación en el escalafón de matadores. Damos por descontado que a partir de este momento una nueva historia se empezará a escribir. Andrés Roca Rey está para grandes cosas y así lo entiende la cátedra. Podemos entonces todos los aficionados peruanos sentir el mayor de los orgullos por este niño que ha crecido y se ha hecho TORERO.

Fernando Salgado Bambarén

Fernando Salgado Bambarén

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Pedro Abad-Schuster Pedro Abad-Schuster dice:

    Excelente mirada. Anexo, además, la opinión de Barquerito. Se juega el pellejo Roca Rey. Alternativa emocionantísima del torero peruano, mientras Ponce firma una faena relevante y poderosa y Juan Bautista hace alardes soberbios con la muleta. Escribe Barquerito.
    La corrida vespertina, del cupo de las interminables, fue un chorro de emociones. Se esperaba y anunciaba la alternativa de Roca Rey como uno de los dos acontecimientos de la feria. Y lo fue. Por una razón irrebatible: el joven torero peruano se jugó alegre o dramáticamente la vida. Sin trampa ni cartón, sin renunciar a nada, desafiante. Desde el mismo comienzo hasta la hora de enterrar arriba la espada para acabar con un sexto bis, sobrero del propio Victoriano, que no hizo más que pegar hachazos, tarascadas, gañafones y cornadas al aire.
    Toro descompuesto, revoltoso, violentísimo, tan agrio como el que más. La bayoneta calada, las antenas puestas, pura gresca. No es que fuera toro de sentido -tuvo a su merced a Roca Rey tendido en el suelo e inerme y no llegó a hacer por él- sino que solo se defendía a trastazos. Habría procedido una faena de castigo y aliño, y fuera. Pero Ponce y Juan Bautista llevaban para entonces un botín de tres orejas cada uno, y Roca se sintió obligado a igualarlos en premios. Arrojo insuperable
    Habría podido ser con el sexto de sorteo, uno de Juan Pedro Domecq gacho, abierto de palas y negro zaino, que se lastimó al cobrar la primera vara, se quedó cojo y fue devuelto. Roca puso a la gente de pie al lancear de capa con arrojo insuperable: el capote a la espalda y en los medios sin más preámbulos, gaoneras de ajuste mayúsculo, una larga cambiada de rodillas y otra en la suerte natural y en vertical de lindo dibujo; y un galleo de frente por detrás. Casi todo en el mismo paquete. Pareció empezar otra corrida.
    Retomar el hilo después de los triunfos bastante redondos de Ponce y Juan Bautista parecía misión imposible. No para este torero nuevo tan ambicioso, que ya en el toro de la alternativa anduvo firmísimo, relajado, caído de hombros, toreando con los vuelos, o intentándolo al menos en serio. A ese primero lo mató de buena estocada con vómito. Al sexto de un sopapo formidable. Una cogida pareció abrirle la herida todavía sin curar del todo del muslo derecho. Roca Rey celebró el triunfo cojeando.
    Los cuatro toros restantes fueron distintos de todo: de hechuras y condición. Salió beneficiado Juan Bautista, porque el tercero fue, de los cuatro de los Del Río, el de mejor aire: fijeza, nobleza, entrega y ritmo; y el quinto, de Juan Pedro, remangado pero estrecho de sienes, finas cañas, gran remate, tuvo bravo son pero no se negó a nada. Estaba o estaría rendido tras una faena de no perdonar ni una baza, pero todavía tuvo el detalle de arrancarse al cite de Juan Bautista a recibir con la espada. Y, hasta el puño el estoque, la generosidad de rodar sin puntilla.
    Juan Bautista hizo del descabello del toro de Victoriano que mató por delante un espectáculo de arte. Mandó taparse a todo el mundo, la muleta blandida y jugada con la zurda, y despenó con impecable puntería al toro. Con los dos supo templarse, aunque abusando del toreo ecléctico tan del gusto francés, que intercala y salpica las series en la suerte natural con juegos de manos, toreo cambiado, faroles y, siempre, espléndidos pases de pecho. Roca Rey había salido a quitar al quinto algo temerariamente -chicuelinas y tafalleras, una buena revolera- y la réplica de Juan Bautista fue terminante: crinolinas, gaonera y revolera. Y ahí queda eso.
    De las dos faenas de Ponce la mejor con diferencia fue la primera. Apareció el Ponce de formación y poder camperos, dominador, sabio saco de recursos, inteligencia para administrar las alturas del toro sin violentarlo, suavidad cuando el toro pidió la cuenta. Y valor. Y una notable estocada de la que salió cojeando.
    La cojera iba a condicionar los terrenos de la otra faena tanto como un ligero viento que en tablas revolvía demasiado. Toro apagadito, edulcorado. El trabajo de Ponce, teatralizado hasta la exageración -cosas de aquel Javier Conde que aquí tuvo su público-, tuvo su parte pomposa y hueca, pero también pulso del bueno para aquilatar las medias embestidas casi agónicas del toro. Las pausas se celebraron como si fuera toreo del caro. Después de vender humo al peso, Ponce tuvo el gesto de tirarse a matar como si le fuera en el empeño no se sabe cuánto.

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