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3ª de El Pilar en Zaragoza. Padilla y Luque, el huracán y la brisa

Andrés Amorós en ABC
Fotos de Fabián Simón

El presidente niega hasta tres orejas y roba la puerta grande al torero jerezano

Se desata de nuevo el «huracán Padilla» en Zaragoza, donde sufrió su gravísimo percance. En su segundo toro, arrasa, entusiasma al público y sólo el presidente le impide abrir la puerta grande, al negarle la segunda oreja. Un trofeo corta también Daniel Luque, con un toreo de calidad. El Fandi brilla en banderillas. Los toros de Zalduendo, muy desiguales, flaquean mucho pero, en general, resultan manejables.

Más de una vez me he encontrado a Padilla en el Pilar, acogido como un héroe popular, dando gracias a la Virgen. (Con el nuevo alcalde de la ciudad, no existe ese riesgo, pero sí le encanta hacerse fotos, vestido de baturro, ayudando a colocar flores en el manto de la Virgen: ¡viva la coherencia!). El primer toro, de casi seis años, es reservón, descastado, muy deslucido. Juan José no pone banderillas ni está a gusto, en ningún momento. Se desquita plenamente en el cuarto, flojo pero noble. Lo recibe a portagayola, gallea por chicuelinas, quita por faroles, banderillea con lucimiento. En la muleta, se entrega por completo, liga nueve derechazos de rodillas; lo mejor, unos naturales largos, con mucho mando. Cuando el toro se acaba, tira de recursos y, en el centro del ruedo, logra una gran estocada, a cambio de un pitonazo. La comunión con el público ha sido total. Todavía me estoy preguntando por qué el presidente le ha negado la segunda oreja.

Lo señaló Cañabate, en ABC, hace décadas: en la Plaza, las recias voces aragonesas suenan como cañonazos contra los franceses. Los pares de banderillas y recortes del Fandi levantan un coro ensordecedor. En el segundo, está muy voluntarioso pero el toro flojea. Clama un espectador: «¡Te se tumba!» Así sucede y la faena se diluye. El quinto pesa 150 kilos más que el segundo. El Fandi no regatea nada en su afán de agradar, enlaza cuatro pares, muletea con rapidez y mata con facilidad: petición de oreja.

La tarde parece predestinada para Daniel Luque: aquí triunfó con seis toros, hace un año; además, necesita reivindicarse, después de su cambio de apoderado. En el tercero, torea con suavidad y buen gusto, mata con decisión: una bien ganada oreja. Brinda el último a Padilla. El comienzo de faena es primoroso, con muletazos muy lentos, pero el toro se raja a tablas y todo se queda a medias. Otra buena estocada: petición. De cara a la próxima temporada, ha reclamado el puesto que merece.

El toreo de Padilla arrolla, como el huracán; el de Luque, agrada, como una suave brisa. Los dos tienen su sitio en la gran variedad de la Tauromaquia.

Postdata. Por las calles de Zaragoza veo, en la procesión del Rosario de Cristal, una carabela luminosa, en homenaje a la Hispanidad. Pero leo en ABC que es «una vergüenza celebrar un genocidio». (No lo dice el Padre Las Casas sino la eminente historiadora Ada Colau, alcaldesa de Barcelona). Leo también que «nunca descubrimos América, no hay nada que celebrar». (No lo dicen Pidal ni Sánchez Albornoz sino «Kichi», alcalde de Cádiz). Son dos buenos ejemplos del esperpento nacional que estamos viviendo.

Ficha de la corrida

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