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6ª de la Yemporada Grande en La México. Regresó el toro a la monumental

Todo indicaba que habría una gran entrada, pero desafortunadamente no fue así, solo se pobló poco más de la mitad del tendido numerado por lo que habrán pasado por taquilla unos trece mil espectadores.  Francamente consideré que los toreros anunciados y la corrida que sería lidiada llevarían más gente a la plaza.  Alejandro Talavante (fucsia y oro), Arturo Saldivar (ciruela y oro) y Diego Silveti (grana y oro)  despacharon una corrida de toros de Jaral de Peñas. Considerando lo lidiado durante las primeras cinco corridas del serial la de Jaral de Peñas ha sido la mejor presentada lástima que su juego no fue el mejor, aunque siendo honesto prefiero ver una corrida de toros a novillos con “buen juego”, por esa razón afirmo que hoy volvieron los toros a la Plaza México, demostrándose que si existe el toro mexicano, con bravura, capaz de generar la emoción que el público requiere y de dar importancia a lo realizado por los coleta.   De los seis bureles lidiados destacó el que salió en tercer lugar de nombre “Mazapán” un toro que era de triunfo grande y que solo mereció el arrastre lento por lo mal fue toreado. Repito, más allá del juego que pudieron haber dado los bureles, los ganaderos mostraron seriedad y respeto por su propia ganadería enviando un encierro bien presentado que fue al caballo con codicia y que permitió estar en el ruedo a los de a pie.

Alejandro Talavante mostró voluntad con el primero de la tarde que saltó a la arena acompañado del aplauso del respetable. Variado de salida y con el quite, Talavante tuvo pocas opciones con la pañosa, algunos pases con solera por izquierda antes de que el gas del toro se esfumara. La faena fue breve y por lo mismo se fue en silencio.  Con el segundo de su lote, Alejandro pasó por un mal momento después de que el toro derribara al caballo peleando al primer encuentro.  Desafortunadamente, el personal de la cuadra pasó estragos para poder levantar al pobre caballo que yacía en la arena mal trecho después del encontronazo. El torero buscó hacer un quite el cual hubiese tenido mejor eco si el público no hubiese estado más pendiente de lo que pasaba en el caballo. Se pidió a los subalternos que tocaran al toro y se suspendiera por unos momentos el tercio de banderillas. Trujillo aguardaba ansioso con los palos, los de la cuadra no podían levantar al caballo, la gente molesta, el toro esperando y desesperando, minutos que se hicieron eternos y que dejaron con mal sabor de boca al matador que impotente veía cómo la lidia se suspendía de facto y las buenas condiciones que pudo haber tenido el toro se esfumaban.  Ya con la muleta no hubo ni brindis, lo intentó por izquierdo y el toro ya no humillaba, era notorio que el propio animal había perdido su camino. No quedó de otra más que despacharlo e irse en silencio. Talavante dejó solo algunas pinceladas de clase con la izquierda, no quiso recurrir al sobrero y se despidió en silencio. Después de lo ocurrido con el caballo el público quedó apagado.

Arturo Saldivar traía ganas así lo hizo ver al público que estuvo de su lado mientras recibía por chicuelinas a su primer enemigo, otros lances vistosos, incluido un farol de rodillas que puso al público con la piel chinita.  El apoyo continuó mientras realizó un variado quite con más voluntad que clase ante lo suelto del animal. Con la pañosa se fue al centro del ruedo a comenzar por cambiados. El toro salió rajado buscando su querencia a tablas lo que impidió hilvanar un trasteo, algunos pases de calidad aislados fueron la tónica de la faena. Saldivar persiguiendo al toro y éste huyendo hasta que por los rumbos de la querencia natural lo pudo fijar un poco más.  Estocada entera algo contraria y desprendida hicieron que doblara el animal con algo de demora. Hubo petición que no llegó a consumar la oreja. Saludó en los medios.  Con el segundo de su lote poco pudo hacer, el público fastidiado por lo acontecido con el caballo necesitaba de grandes emociones para volverse involucrar en la faena. Saldivar se topó con un toro que regateaba la embestida y pasaba a media altura. Arturo no se acomodó, había que encelar más al animal y mostrarle los caminos, no hubo paciencia para ello y se despidió en silencio. Por voluntad no quedó.

Dicen que la suerte del malo el bueno la desea.  No tengo nada personal con Diego Silveti simple y sencillamente me remito a los hechos, hace dos temporadas dejó ir al toro “Farolero” de Barralva que sería después premiado como el mejor de aquélla temporada por la mayoría de la crítica taurina.  En aquella ocasión lo toreó a su estilo y dejó ir un gran triunfo. Hoy tuvo en suerte al que hasta ahora ha sido uno de los mejores toros de la temporada. Silveti lo lidió a su estilo, apresurado,  corriendo rápido la mano, sin temple, los muletazos con enganchones y ya cuando se agotan los recursos viene su tradicional pase cambiado y luego el desdén mirando al tendido. Tiene sus partidarios y a ellos esos pases los enloquecen.  Pero mire Usted, cuando un toro fijo, que embiste con claridad por ambos lados, que va de largo al toque suave y que tiene recorrido por ambos lados te pega una paliza entonces hay que pensar que estás haciendo mal.  A media faena, una mala colocación provocó que este noble animal le pegara un revolcón a Silveti quien se mantuvo en el ruedo a pesar a la zarandeada que recibió poniendo a la gente de su lado. A pesar de las buenas condiciones del animal, aunque parezca increíble, Diego fue revolcado por segunda ocasión.  De nuevo en el ruedo con una facha de gran lidiador, cualquiera que lo hubiese visto en la arena habría recordado alguna gesta de José Tomás o de López Simón en Madrid, pero lo más contradictorio es que enfrentaba a un toro que tenía recorrido y que no estaba desarrollando sentido.  Faena digna de cualquier plaza de segunda o tercera categoría. Se tiró a matar, dejó un pinchazo y luego certera estocada. Recibió una oreja en medio de algunas protestas de aquéllos que simpatizaron más por las condiciones del toro.  Al último de la función, castaño de fina estampa, poco le pudo hacer, el toro débil de remos no ayudada mucho pero quizás con otra mano algo más se hubiese sucedido.

Siempre existirá la polémica y eso enriquece la fiesta, para el que esto escribe Silveti dejó ir a un gran astado que recibió el arrastre lento pero de haberlo toreado otra mano el toro hubiese dado más. El público se preguntaba cómo es esto de la suerte y que hubiera pasado si  ese bicho cae en manos de Talavante o de Saldivar, pero lo que no fue no será.

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