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Valencia (Venezuela). Vanegas-Colombo inician una nueva era para el toreo venezolano

Los diestros tachirenses se han liado en una entretenida tarde, donde han aprovechado al máximo el lote de utreros bien presentados de las ganaderías nacionales de Campolargo y Laguna Blanca

El saldo de la tarde lo resume todo. Tres orejas por torero, así como un novillo de extraordinario juego, aprovechado en su máxima plenitud por su lidiador, e igualmente el certero desempeño con el acero, a tal punto de necesitarse seis estocadas y dos descabellos, fue lo que ha deparado emociones repartidas a lo largo de toda la función. Al final, los presentes hemos salidos convencidos que hay un nuevo tiempo en las muletas de estos jóvenes toreros, toreros en toda la palabra.

Poco público, el esperado en el sentir de una idiosincrasia para el aficionado venezolano, donde las novilladas son vistas con recelo. Pero con estos jóvenes cambiara, pues han desplegado recursos y técnicas si se quiere más que cualquier matador veterano. Para eso se prestó un lote de utreros que se fueron al desolladero vacíos de muletazos, pues los que tenían en sus embestidas fueron exprimidos a plenitud.

Vanegas abrió plaza, lo hizo en suaves verónicas, ganándole terreno a la res, hasta llevarlo a los medios. Bien picado y banderilleado, fue cambiando de temperamento, llevándole siempre a media altura y ofreciéndole distancia, para amortiguar las endebles fuerzas del ejemplar. Labor pulcra, que tuvo sus momentos más importante sobre la mano diestra. El certero espadazo en lo alto, mando sin puntilla al que aperturó función.

Gran dimensión en su segundo, un precioso castaño capirote, bautizado como «Leña Fina» ejemplar que desde su saludo e capa hizo presagiar buenas cosas. El ramillete de faroles rodillas en tierra, cerrado en tablas, así como las verónicas de saludo, dejaron preparado el ambiente para luego en la muleta Manolo explayarse en una gran faena, vaciando todo su repertorio, sobre la diestra y zocata, en series mandonas, preñadas de temple, firmeza y expresión, llevando embebido de tela las bravas acometidas el astado. Sus cambiados de manos, así como su torero cierre por manoletinas, rodillas en tierra, dieron pie para que tras el magistral volapié ejecutado, unánimemente se le pidiera el par de orejas que ipso facto, usía concedió, así como la vuelta al ruedo al burel.

El que cerró su lote no le facilitó las cosas, morlaco de desconcertante comportamiento de salida, abanto a los capotes, a la espera que en varas trucará tan condición. Así fue, exigiendo aguante, temple y sitio al espada de Seboruco, lo cual incluso le costó par de volteretas, afortunadamente sin que lamentar. Una labor de torero con hambre de triunfo que nuevamente cinceló yéndose tras la espada, para arrancar literalmente la oreja.

Colombo ha lucido como el niño preclaro del toreo que ha demostrado ser. Su primero del lote fue una lección de variado repertorio, aprovechando la nobleza del castaño utrero de Laguna Blanca. Con el capote se explayó en manojo de verónicas, rematando con media. Luego en banderillas se le vio solvente, destacando un tercer par, en todo lo alto. Ya con la muleta, Colombo se regustó en sacar partido en series templadas, dejándole siempre la tela en la cara al novillo, concatenando tandas ligadas al compás del pasodoble. Los adornos y remates en cada serie fueron jaleados con clamor, lo que tras dejar estocada entera ligeramente trasera fulminante cortara las dos orejas, aun cuando en realidad era para una en plaza seria como esta.

Su segunda labor pecó del poco interés que despertó las embestidas del más a menos burel que salió por toriles. Fue actuación donde estuvo solvente sin complicarse, destacando el tercio de banderillas que compartió con su rival esta tarde así como el espadazo con la que le despachó, para en el que cerró plaza, convencido de tener que cortar al menos una oreja para acompañar a Vanegas en la salida en hombros por la Puerta Grande, se embelesó en faena meritoria pues todo el esfuerzo en lucir al toro lo hizo el torero, dosificando fuerzas y temple para no acabar con el resquicio de nobleza y recorrido de pupilo de Campolargo. Previamente le había banderilleado con más entrega y ortodoxia. Se fue tras el acero, dejado espadazo ligeramente trasero, para requerir de un descabello, y con ello colocar punto y final a una tarde que marca un nuevo tiempo para el toreo que se nos avecina. Solo el tiempo nos dirá, y el respeto que el toro tengas con estos jóvenes promesas, lo que en no mucho tiempo veremos en nuestras plazas de toros. Méritos sobrados han demostrado para despertar ilusión.

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