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7ª de la Temporada Grande en La México. Regresó la mejor actitud de El Payo

Aproximadamente ocho mil personas se dieron cita para presenciar el cartel anunciado con Federico Pizarro (ostión y oro); Diego Urdiales (verde botella y oro) y Octavo García “El Payo” (azul cielo y plata) para lidiar una corrida bien presentada de Barralva.  En esta ocasión los toros de Barralva fueron del encaste Saltillo, salvo el quinto de la tarde que provino del encaste Atanasio. Los seis hermanos de Barralva acudieron al caballo, tuvieron bravura aunque embestidas descompuestas, eso sí, transmitieron emoción que es uno de los ingredientes fundamentales de la fiesta.

El mejor lote lo sorteó Federico Pizarrro quien no estuvo a la altura de los astados que le correspondieron en suerte. El primero de la tarde fue quizá el mejor toro del encierro; con el percal hubo chicuelinas y un quite con voluntad por gaoneras, el burel mostraba calidad pero requería de una muleta firme que le mostrara el camino, que se quedara plantada para ir hilando las series y así construir una gran faena.  Lástima que Pizarro no estructuró su faena, solo pases aislados que lograron sacar los primeros olés y una serie por izquierda de mérito.  El toro noble con una embestida clara había que llevarlo primero a media altura e irle bajando la mano poco a poco; sin embargo, Pizarro no se vio cómodo y conforme transcurrió el trasteo fue perdiendo confianza, lo desarmaron en dos ocasiones, dejó estocada tendida y se limitó a saludar en el tercio. El segundo de su lote fue un toro claro por ambos lados, más por izquierda, pero el torero no transmitió nada al tendido, su faena pasó al olvido mientras el público se dedicaba a comentar cualquier cosa menos la actuación de Pizarro. Recibió un aviso.  Se llevó el mejor lote y no supo aprovecharlo.

Diego Urdiales volvía a pisar el coso de Insurgentes después de ese gran sabor de boca que dejó el día de su presentación.  El primero de su lote fue un toro complicado reservón que regateaba las embestidas, aun así pudo mostrar sus cualidades al torear a la verónica y realizar con voluntad un quite.  Con la pañosa dejó pases aislados de calidad sin conseguir estructurar una faena. Por voluntad no quedó, el torero estuvo arrimado pero el toro no le regaló buenas embestidas para mostrar su arte. Dejó algunas pinceladas. Se puso pesado con el estoque y se fue en silencio. Con el castaño del encaste Atanasio Urdiales la pasó gorda. Al toro le faltó un puyazo y eso lo padeció en el último tercio. El torero habría creído que el burel estaba picado cuando había roto la vara y el picador mantuvo el castigo con el palo roto.  El toro acometía aunque con la cara descompuesta, había que poderle, pues había transmisión con dificultad,  Urdiales quiso realizar el toreo artístico pero el toro no lo permitía, le pudo correr la mano a velocidad sin acompasar la embestida.  El toro transmitió y Urdiales solo lo pudo lidiar sin lograr estructurar una faena que llegara al tendido, conforme fue transcurriendo el tiempo la faena se vino a menos y después de una estocada entera el de Arnedo se despidió con palmas. El público agradeció su actuación.

El triunfador de la tarde fue el Payo, cortó una oreja a cada uno de sus enemigos. Más que el corte de apéndices, hoy destaco la actitud del queretano durante la corrida.  Recordarán que en su última actuación con el Juli describía a un Payo nervioso desencajado fuera de sí; hoy fue al contrario, a pesar de que sale de una difícil enfermedad gastrointestinal, el público vio a un Payo metido en la lidia dispuesto a justificar su sitio. Octavio se pegó dos arrimones, afortunadamente salió por su propio pie de la plaza a pesar de que los toros le pegaron fuertes sustos por andar en medio de los pitones buscando siempre el triunfo. El primero de su lote iba siempre con la cara arriba, el Payo lo sometió hasta que consiguió buenas tandas por ambos lados, siempre ajustadas, dejó una entera y recibió una oreja. Buscando el triunfo, con el segundo se arrimó y se metió en medio de los pitones para conseguir buenas series, el toro lo buscó y lo encontró en dos ocasiones, provocando dos enganchones que por fortuna no llegaron a cornada, fue impresionante la forma en que el toro hizo por él, lo levantó cual trapo y lo dejó en la arena. Sin mirarse se quedó en el ruedo, dejó tres cuartos de estocada tendida y una parte del público pidió la oreja, que recibió con algunas protestas. Guardó la oreja y se fue por su propio pie de la plaza. Ese es el Payo que el público quiere ver.

3 Resultados

  1. Paco Sanchez dice:

    Que torero caro es Urdiales, qué grande. Un placer tenerle en México porqur no hay muchos como él

  2. Guillermo dice:

    En México desde luego que no hay como el. Pero en España a patadas sentados en sus casas

  3. joselito dice:

    Pues dinos unos cuantos Guillermo porque a mi, que hagan un toreo tan puro, no se me ocurre ninguno.

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