7ª de las Corridas Generales en Bilbao. Deslucidísima corrida de Torrealta y oreja para Eduardo Gallo gracias los efectos fulminantes de una estocada normal

 

Bilbao. Plaza de Vista Alegre. 22 de agosto de 2008. Séptima de feria. Tarde nublada con inoportunos chaparrones y más de tres cuartos de entrada. Cinco toros de Torrealta, sobrados de carnes y desigualmente armados que dieron mal juego en distintos grados de fuerza, muy escasa en algunos casos. En segundo lugar se corrió un sustituto de Javier Pérez Tabernero con sobrada presencia. Los más interesantes, por decil algo positivo, fueron el bravucón primero y el más fuerte y violento segundo que embistió pegando arreones. Y por más noble aunque sin ninguna clase, el tercero. Y los de la segunda mitad de la corrida, intratables. El Cid (carmelita y oro): Pinchazo y estocada, tibia ovación. Estocada desprendida y descabello, silencio. José María Manzanares (azul prusia y oro): Estocada ligeramente atravesada, palmas. Pinchazo y buena estocada, ovación. Eduardo Gallo (tabaco y oro): Estocada fulminante, oreja sin petición mayoritaria aunque ruidosa. Estocada y descabello, silencio. Magníficos en banderillas Juan José Trujillo y Curro Javier.        

 

Hoy apenas disponemos de “perchas” para amenizar la crónica. Una de esas tardes para olvidar que solo merecen una simple reseña. Duele tener que decirlo porque la ganadería de Torrealta goza de prestigio, aquí en Bilbao ha lidiado muy buenas corridas como en tantas otras plazas, por ejemplo en la de la Maestranza de Sevilla este mismo año, y dos de los toreros de la terna, El Cid y José María Manzanares, llegaron precedidos de no poca expectación a sus segundas actuaciones en esta feria. El sevillano, todavía desde el imborrable recuerdo de su enorme tarde del año pasado. Y el alicantino desde el sabor que dejó hace muy pocos días con dos trasteos plenos de empaque, temple y elegancia. Ninguno de los dos encontró material para repetirlo, ni siquiera para medio lograrlo.  

 

Sin embargo, me estuve fijando en que ni En Cid ni Manzanares anduvieron nunca a gusto. Y es que cuando no se tiene la suerte esperada – El Cid para cuajar una de sus grandes faenas y Manzanares para mejorar lo hecho en la corrida de El Ventorrillo y reventar la plaza de una vez –  ambos padecieron una profunda depresión interior que intentaron superar exteriorizando muchas ganas y echando mucho tiempo delante de los toros. Deseos que expresaron por fuera pero no por dentro. Desalentados en el fondo de su indudable voluntad de agradar, sobresalió inevitablemente su falta de auténtica entrega o, en todo caso, de hacer las cosas como es debido. Es decir, pretender dar muchos pases sin atreverse a exponer demasiado, no sea que… Esto, que es común a los que poseen el don del arte, como Manzanares, lo entendemos mejor que cuando los que lo padecen, caso de El Cid, no hallan la solución que compense su falta de ángel porque ni siquiera en sus mejores tardes lo conisguen. ¡Qué se le va a hacer¡. Manzanares puede esperar más tranquilo por saber que, en cuanto un toro le meta la cara medio bien, seguro está de que formará la mundial. Por eso durará mucho más que todos los jóvenes actualmente en plena más regular lid. 

 

 

Pero cuando como El Cid con el cuarto, se dan cuenta de que el toro les puede partir por la mitad y hacerles perder un millonada, el miedo a caer heridos les bloquea la mente por falta de verdadero valor. Señores, ¡ qué difícil, qué inmensamente difícil es ser figura del toreo¡.

 

Uno que no lo es y parece que no podrá serlo nunca aunque en tiempos de novillero lo pareció, Eduardo Gallo, se encontró con la inesperada sorpresa de verse dando la vuelta al ruedo con la oreja de su primer toro en la mano. Y eso está muy bien porque los titulares de la mayoría de los medios serán para él por no cortar ninguna los otros dos, bastante más ilustres. Ni si quiera una vuelta al ruedo. Pero no tan bien si la oreja, por lo que fuere, es de circunstancias. Claro que, se me dirá: “!Oiga usted, que el chico al fin y al cabo la cortó y por algo sería¡”. Y yo me vuelvo loco pensando en por qué. El caso fue que, indudablemente voluntarioso, Gallo tardó en acoplarse hasta muy avanzada la faena y que se tiró a matar con mucha decisión, logrando una estocada que, por sus inmediatos efectos fulminantes, también sorprendió y mucho a los espectadores. La inmensa mayoría en la creencia de que tarde sin al menos una oreja es tarde perdida. Lamentablemente y, a pesar de este trofeo, la tarde la perdimos todos – toros, toreros y público – irremisiblemente.        

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EL QUITE DE DOMINGO DELGADO DE LA CÁMARA

 

Lluvia, una oreja de saldo y aburrimiento general

 

Ayer nos visitó la lluvia. No es que cayera mucha aunque a chaparrones: lo justo para incordiar. Esperemos que las nubes se disipen y podamos ver con tranquilidad el final de la feria. Aunque para lo que se vio ayer en el ruedo de Vistalegre, igual daba que lloviera o que fuera noche cerrada. ¡Qué paliza de corrida!

 

Los torrealtas salieron blandos y, en general, de poco juego. El remiendo de Javier Pérez Tabernero tampoco fue para tirar cohetes. Y los toreros tampoco anduvieron finos. O sea, que ni toros ni toreros. En resumen: cero patatero. Así que, realmente, no hay nada que contar. Pero, venciendo mi natural abulia, narraré lo poco que sucedió.

 

Mala feria la del Cid. En su primero, un toro que no embestía mal, pero sin terminar de humillar y parándose entre pase y pase, el Cid anduvo dentro de lo correcto. Pegó algún muletazo aceptable, pero siempre de uno en uno. Nunca le dejó la muleta en la cara para obligarle a repetir. Pero como los muletazos obtenidos no fueron malos, se tapó. En el cuarto estuvo horroroso. Se trataba de un bichejo inválido que se defendía por la poca fuerza. El Cid parecía un aficionado en un tentadero, corriendo desarbolado delante de un toro que no tenia ni media torta. Este torero no tiene términos medios: con el toro que embiste humillado y sin pensarlo, torea muy bien. En cuanto el toro se para y se lo piensa, el Cid no sabe qué hacer y está de petardo, incapaz de dominar al animal. Si hasta ahora nadie lo ha dicho ha sido por las grandiosas faenas que ha cuajado en los últimos años. Pero con el toro que no le gusta, el Cid, en vez de aguantar, corre. Con la espada anduvo mal, como es habitual. Ya no es noticia.

 

Manzanares se enfrentó en primer lugar a un sobrero de Javier Pérez Tabernero. Manso, probón y que se quedaba por debajo. Su segundo fue un torrealta tan blandito como inocente. Con el uno no terminó de ir al pitón contrario ni de apostar por la faena. Con el otro, al que había que templar debido a sus mermadas fuerzas, ni hubo el necesario temple ni la faena logró coger altura. Es evidente que Manzanares va a ser un torero de faenas inolvidables con los toros de categoría. Con los medianos o malos va a cumplir y punto. No es la primera vez que le hemos visto como ayer. Con los toros  regulares o malos no hace el esfuerzo. Consciente de su calidad espera al toro bueno.

 

Sorprende la rigidez y el pésimo concepto del toreo que tienen la mayoría de los toreros salmantinos de hoy día. Antes, en esa escuela al aire libre que son los tentaderos, se enseñaba a torear en el campo charro. Ahí están las figuras del toreo que ha dado esa tierra para demostrarlo. Ahora casi todos los toreros de Salamanca son igual. torean a lo bruto, sin la menor sutileza, con poca inteligencia.

 

El primer de Gallo tenía un viaje largo, pero le costaba humillar. Se defendía por la poca fuerza, y Gallo, en vez de alargar los muletazos sin obligar mucho, se empeñó en todo lo contrario: en bajar la mano y echarse le toro al culo. El resultado final: una faena llena de mantazos y enganchones. La estocada delanterilla, desprendidilla y tendidilla, tampoco era de premio. Matías González después de una petición minoritaria, le regaló una oreja de esas que dan risa (o indignación, según se mire). Matías ha rebajado su actitud de negar orejas del todo merecidas a regalarlas sin méritos. Ni tanto ni tan calvo.

 

Y hablando de rebajas, hay que consignar que la banda de la plaza, antaño la mejor de España, ya no suena con la grandiosidad de antes y algunos pasodobles a todo trapo, a demasiada velocidad. Además, apenas tocan los pasodobles clásicos de Bilbao y tocan otros nuevos de escaso garbo torero. No es un tema baladí: la banda de música da mucho prestigio a las plazas. Por ello no creo justificada esta observación.

 

Pero sigamos con lo de ayer. Gallo en el último de la tarde, un toro bruscote que se metía por dentro en el tercer muletazo, dio otra muestra más de vulgaridad y poca sutileza. El arrimarse es muy necesario en el toreo, pero no lo es todo. Y desde que tomó la alternativa, Gallo apenas no ha madurado. Sigue tal cual, arrimándose a lo bruto. Es valiente, sí; pero debe revisar su concepto y su técnica torera. Si no lo hace, lo más probable es que se quede en el camino.

 

¡Ah! Y para al año que viene, que den vacaciones a los de Torrealta…

 

 

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. vicente muñoz dice:

    Algunas custiones para el señor Domingo Delgado de la Cámara:En el espectáculo taurino,como en todos los espectaculos se dá una catarsis entre el espectador y el objeto de espectación.Son bastantes los espectáculos en que la catarsis provoca bienestar o malestar en el espectador,pero no suelen provocar conductas violentas entre los espectadores al finalizar el espectáculo-salvo algunos partidos de futbol y otros deportes que se saldan con destrozos y hasta muertes,pero no es lo habitual-.
    El público taurino,se destaca porque suele ser pacifico y sabio en su comportamiento-no conozco actos violentos entre el público de una corrida de toros-.Pregunto¿qué tipo de catarsis se dá en el espectador taurino que provoca este saber estar,ese civismo y casi nulos actos de violencia ó agresiones?¿es una catarsis a travez de lo que acontece en el ruedo-una dialéctica entre vida y muerte-eros y tanatos-donde el espectador pone su parte más sádica ó sus aspectos más agresivos a la ,vez que su parte más civilizada,creativa,etc..Y de ese espectáculo sale una portentosa sublimación que favorece la creación de arte ó triunfo de la vida y de la que sale beneficiado ese civico espectador?.!Bueno,son preguntas que me hago y que me gustaria que Domingo Delgado,desde su sabiduria,formación y conocimientos,respondiera con algún articulo al respecto.

    Gracias.

    Vicente Muñoz López

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