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3ª de San Sebastián en San Cristóbal (Venezuela). El Fandi y «Limonero»… faena de antología

Tarde de interesantes matices que han protagonizado los toros colombianos de El Capiro, quienes han devuelto la grandeza del toro con presencia y emoción en su embestida. *** Fandi y Luque por la Puerta Grande al lado del ganadero, donde el público presente ha salido satisfech0

El toro es el máximo protagonista de esta fiesta. Vaya primero su respeto e integridad, y si esto lo hay, ofrece el grado de grandeza que necesita y requiere una fiesta brava tan golpeada en nuestro país en los actuales momentos.

El hierro colombiano de El Capiro, de Don Dayro Chica, ha reivindicado una corrida, como la de ayer, donde el público ha salido satisfecho, por lo visto y realizado en el ruedo. Vaya mi enhorabuena a Don Dayro quien nos devolvió la emoción de un toro que nos ofrezca espectáculo. Y para ello ha contado con un toro “de bandera”, de esos que encumbran y enrumban una feria como lo acontecido ayer, por parte de El Fandi y un toro que quedará en el recuerdo de muchos que ayer fuimos testigos, como lo fue el bravo «Limonero», lidiado en 5º lugar.

Ha sido lo protagonizado por el atlético granadino y este astado, un capitulo que marca un punto y aparte para cualquier aficionado. Lo fue desde su salida, en el lucido recibo por verónicas, para luego en el medido castigo en varas, venirse arriba el mentado «Limonero». El tercio de rehiletes sería catalizador para ver en su plenitud las extraordinarias condiciones del astado, al que Fandi le lució en cuatro pares de poder y veteranía.

La muleta de Fandi se convertiría en seda y látigo para dominar, templar, mandar, llevar y rebosarse en gozo la gran embestida de ejemplar. Inmaculado David Fandila, desde el arranque de labor, rodillas en tierra en plena boca de riego, en series en redondo, hasta cinco en serie de enorme calado. Repetiría dosis, y de allí toda la plaza enrumbada en el paroxismo de una labor pulcra, metódica, medida, de torero veterano a plenitud, sacando a plenitud y dejando ver las condiciones de un gran toro, toro de vacas, de saber aprovechar en este árido campo bravo nacional.

No hubo necesidad de más… toro visto por unanimidad para que “Napoleoncito” Neira Celis, asomara el pañuelo naranja y volviera a los corrales este gran ejemplar.

Previamente, Fandi había dejado su bagaje con el que hizo segundo, un animal agradecido con el trato de un torero el cual hizo con su noblota embestida una labor de mérito, en especial sobre la mano diestra, al que le realizó trasteo limpio, catedrático, cincelada con un espadazo desprendido y tendido, además de un descabello, para cortar una oreja.

Otro de los destacados de la función fue el sevillano Daniel Luque, el cual no tuvo materia propicia a lo largo de su paso por Pueblo Nuevo. El que cerró plaza ha sido todo un recital de Luque en ganar la partida a la remolonas condiciones del astado al que le extrajo muletazos –los más sabrosos de la feria hasta los momentos- por la diestra y zocata, que dejaron evidente el sitial de un torero que salió a justificar cada muletazo que se dejó exprimir. El volapié con al que se fue tras la espada, valía de por sí una oreja, la otra que asomo Neira en reconocimiento a una tarde de verdadera vergüenza torera.

En su primero del lote Luque dejaría muletazos aislados de enorme plasticidad, que hicieron de su intervención un querer y poder, a pesar de las intenciones más que demostradas. La estocada contraria y los dos descabellos para recibir las palmas del respetable.

La tarde la abrió el veterano Erick Cortes, a quien le correspondió un lote de consagrarse en esta plaza. Una pena que sus ganas e intenciones por lucirse y hacer lucir a otro de los pupilos destacados del envío, que se fue con las orejas, que tal vez en otra circunstancia el “achocolatado” espada debió llevarse a su esportón. Con el que abrió plaza, vale la pena señalar que Erick hizo el esfuerzo pero en mi haber, quedo con la que sensación que pudo haber más, mi estimado amigo. La estocada entera, y los tres descabellos hicieron presencia tímidas palmas.
Al final de la corrida, hemos sentido que nuestra fiesta, la que nos apasiona, solo con tardes así es que se defiende. No queda otro camino.

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