FERIA-DE-MANIZALES-1-255

4ª de San Sebastián en San Cristóbal (Venezuela)Roca Rey asusta al miedo en su estreno

El jovencísimo diestro peruano ha cortado tres orejas, con posterior salida en hombros

Antes de vestirse de torero, el apoderado de Roca Rey, quien la tarde de ayer sustituía al aún convaleciente Miguel Abellán, exigía el pago de los honorarios del torero antes de partir plaza. Hubo de medirse para convencer al maestro Campuzano que esta Venezuela que vivimos es otra. Literalmente era un derecho para quien arriesgaba la vida, y quien vive de su profesión, pero tal como está la cosa, hay que entender que los toreros deben de saber y conocer. Torear fiado, a causa de nuestro cerrado régimen cambiario. Que perogrullada señores.

Y para bien de la tarde, fue Roca Rey el protagonista de la tarde. Vaya torero este peruano, producto de la factoría del maestro de Gerena, José Antonio Campuzano, el mismo que hizo y llevo a figura a Sebastián Castella. Formas, maneras y concepto muy parecido, como del mismo modo su valor espartano, que impacto los rebosados tendidos del coso de Pueblo Nuevo. Un lujo haber sido testigos del inicio de una era para el toreo peruano en las manos de un jovencito imberbe a quien le habíamos visto hace cuatro años de becerrista en este mismo ruedo, hoy por hoy el más ambicioso proyecto de figura del toreo que tiene la América Taurina.

Roca Rey ante su primero del lote dejó las cartas mostradas desde el mismo momento que saludó de capa al anovillada «Alguacil» de El Prado, animal que luego en la medida y justa sangría con el caballo, ante la poderosa muleta se rendiría ante el impertérrito proceder de un joven torero que asusta al miedo, vaya esta incongruencia. Soberbio por la diestra, en series mandonas, templadas y contundentes que hicieron vibrar los presentes. Pedazos de series por la zurda, de contundente mensaje que colocaron de acuerdo a doctos y neófitos. El espadazo entero, tendido y desprendido, dio pie que doblando el toro se concediera merecidamente una oreja.

Su otra labor fue nuevamente un tratado de ambición, torería y raza para entender las virtudes y defectos del noblote astado, que metió en su muleta, a base de sitio, colocación, sobrada técnica y una firmeza poca vista, incluso faltándole el respeto al toro, lo que le costaría volteretón sin consecuencias. El soberbio volapié con la que despachó al astado dio pie a la unánime pañolada para que el napoleónico Neira Celis asomara de forma ipso facto el par de pañuelos, sumando tres orejas de unánime trascendencia.

La tarde en orden de lidia la había aperturado un pulcro rejoneador colombiano como lo fue el paisa Andrés Chica, quien clavó un solo rejón de castigo, para en banderillas lucirse en labor ortodoxa, de interés para quienes gustan del toreo a la jineta. Una pena que el rejón de muerte le birlara la más que merecida oreja que se tenía trabajada.

Para El Fandi la tarde no le fue fácil. El que abrió lidia ordinaria fue un ejemplar que puso en máxima atención a un torero de tanto rodaje como el mencionado granadino, siempre acusando su marcada tendencia a tablas, donde fue a sacarle partido. Faena trabajada, de justificar sueldo, que emborronó con la media desprendida y dos descabellos para ser aplaudido.

El sardo que cerro su paso por la feria fue otro regalito, al que metió en vereda con una muleta de firme intención por justificar las cambiantes embestidas del burel que fue exprimido al máximo, que en otras mano no hubiese pasado mayores cotas. La media desprendida y los dos descabellos, nuevamente dejaron su labor en palmas.

Cerramos crónica con Gregorio Torres “Maravilla”. De verdad, que me ha defraudado su proceder pues ante el codicioso primero de su lote, no tuvo planteamiento concreto de faena, en limar las complicaciones y aprovechar las opciones de lucimiento de «Vinatero» de Rancho Grande. Intentó remediar la tarde con las ganas y voluntad que demostró frente a otro de los toros potables de Don Hugo, como fue «Tunante», un bravo castaño que se aburrió de embestir sin ton ni son una muleta ayuna de alma, como fue la que nos presentó el modesto “Maravilla”.

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