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70º Aniversario de La México. Castella triunfó con el sobrero de regalo

Corrida nocturna para festejar los setenta años de la Plaza México, un cartel que por extraña decisión de la empresa no se redondeó como hubiese esperado la afición, quizás una corrida de cuatro espadas nos hubiese hecho salir ya de madrugada pero habría levantado más expectación. Asistieron aproximadamente veintidós mil personas, casi se llenó el numerado de sol y más de la mitad del de sombra.   No puedo dejar de mencionar que no es posible que se haya lidiado un encierro parchado y que trajeron de última hora.  La empresa anunció los carteles a mediados del mes de octubre de 2015 y lo increíble es que no tuviese un encierro preparado para esta fecha que debía ser significativa. A media semana se anunció que  para el cartel de aniversario serían lidiados tres toros de Manuel Martínez y tres de la Estancia.  Por esa razón Castella habría llevado su toro preparado, no vaya ser que se hubiese ofrecido, como ocurrió. Los tres toros de Manuel Martínez no parecieron serlo se veían muy pequeños, pero el público benevolente los pasó de noche. Animales bravos con dificultades que pusieron a prueba a los matadores anunciados.  El juego de los astados de Manuel Martínez no fue el esperado pero sí lograron  mantener al público pendiente del peligro que se sintió en el ruedo. Los tres toreros tuvieron la capacidad de sortear a los primeros tres astados de la tarde;  inclusive Sebastían Castella se llevó una aparatosa cornada en el escroto que fue necesario intervenir en la enfermería de la Plaza. El pundonor de Castella le permitió regresar a lidiar el último de la tarde e inclusive a “regalar” un toro con el cual alcanzaría un sonado triunfo.  Los toros de la Estancia mejor comidos pero sin transmisión alguna, salvo el que le correspondió a Garibay que se dejó un poco, los otros dos no dijeron nada.  El mejor toro de la corrida fue el que llevaba Castella preparado para la emergencia.

El triunfador de la noche fue Castella. el francés venía con ganas y deseos de triunfo, se preparó tanto que hasta traía un toro por si acaso, pero tuvo el cuidado de que ese astado si fuese un verdadero toro y causara emoción en el público, más suerte tuvo cuando ese toro tuvo un juego muy bueno que le permitió el triunfo.  El primero de su lote lo puso a prueba, un toro con genio que fue desarrollando sentido y que propinó tremenda cornada por andar exponiendo en medio de los pitones.  Castella hizo lo que mucha gente esperaba de Tomás el domingo pasado, esto es, arrimarse, ponerse en la cara de los pitones, buscando sacar una faena, desquitando el honorario. La consecuencia fue que el galo se llevó tremenda cornada.  Con el terno remendado se quedó a terminar la lidia y fue despedido con sonora ovación cuando salía rumbo a la enfermería.  Se corrió turno y despachó a un débil toro de la Estancia, optó por despacharlo rápido y sin miramientos levantó la mano al Juez solicitando autorización para “regalar” un toro.  La sorpresa fue que no se anunció al segundo sobrero de la Estancia de nombre “José Jamás” sino que misteriosamente se anunció un toro de la Joya que no estaba en la tarjeta del sorteo.  La ganadería de la Joya importó vacas de Parladé por lo que saltó a la arena un precioso toro melocotón chorreado con imponente cornamenta, de esos que ya no se ven tan frecuentemente en la México.  El toro en sus hechuras no era exagerado pero su tipo llamó la atención y su alegre salida cautivó al público deseoso de un triunfo. Se corearon los lances a la verónica y el quite por chicuelinas.  El ambiente iba creciendo al cubrirse aseadamente el segundo tercio, el público pidió que el subalterno Ruben Avila colocara el tercer par de banderillas a pesar de que no le correspondía el turno. De manera hábil el matador aceptó y aunque no fue el mejor par si fue muy emotivo, vinieron los aplausos y dejaron el ambiente listo para la gran faena. El toro alegre tuvo una embestida clara por el derecho y esa la aprovechó Castella para instrumentar una faena principalmente por derecha que fue coreada por un público ansioso de un triunfo en la corrida de Aniversario. Por la izquierda el toro no era claro, salía con la cara arriba, y eso provocó que el trasteo no fuera tan limpio. El burel comenzaba a descomponer la embestida cuando la distancia que se le daba no era la adecuada, Sebastían rectificaba y cuando los olés no eran tan sonoros, buscaba enmendar y volvía a correr la mano a un alegre animal. Una parte del público cautivado por el toreo del francés pidió el indulto, el Juez acertadamente no lo concedió, el torero se tiró a matar dejando estocada entera caída la cual fue suficiente para que el toro doblara, dos orejas vitoreadas por el público y el honor de la vuelta al ruedo para el toro.

Ignacio Garibay estuvo muy valiente y voluntarioso en cada uno de sus enemigos. Con el de Manuel Martínez, Ignacio estuvo muy valiente poniéndose en la cara de los pitones aguantando la embestida, logró sacar alguna serie que fue coreada pero no pudo redondear la faena. No estuvo certero con el acero y todo quedó en una salida al tercio. Con el segundo de su lote, el único toro de la Estancia que se dejó meter mano, Garibay logró momentos importantes que le fueron reconocidos por el público, abusó del pico de la muleta y por eso su faena no logró el consenso del respetable, con el triunfo en la bolsa volvió a pinchar y todo quedó en otra salida al tercio.

Arturo Saldivar no tuvo opciones a pesar de las ganas con las que el torero estuvo toda la noche.  Al primero de su lote, Saldivar lo dejó prácticamente crudo sin picar, quiso aprovechar la fuerza del animal para hacer un ajustado quite por chicuelinas y luego iniciar su faena en el platillo de la plaza con arriesgados cambiados. Después de los cambiados coreados por un amplio sector el toro se fue a menos y se volvió hasta peligroso. No se podía hacer nada más que demostrar que se quería pero no se podía. El segundo de su lote fue devuelto al haberse roto el pitón después de chocar con un burladero. Salió el primer sobrero y tuvo tan poca transmisión que Saldivar no pudo hilar una faena ni transmitir al público. Se fue enojado al burladero tras escuchar un aviso. Lástima que en esta ocasión no se le dieron las cosas pues había mucho público que lo quería ver triunfar.

Esperemos que la setentona Plaza cumpla muchos años más.

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