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18ª de la Temporada Grande en La México. Mal encierro y tarde gris en la reaparición de Francisco Rivera Ordóñez

El público no se retrató en la taquilla, aproximadamente unas tres mil quinientas personas optaron por ir a la Plaza en lugar de quedarse en casa para ver la final del futbol americano.  La empresa lo anunció como el cartel de las dinastías. Partieron plaza Francisco Rivera Ordoñez, Diego Silveti, Fermin Espinoza y Juan Pablo Llaguno quienes lidiaron un encierro débil, sin raza, descastado de la ganadería de Marrón.  Los ocho toros que saltaron a la arena fueron débiles de fuerza, rodaron varias veces por la arena, no permitieron el lucimiento y no generaron peligro alguno. Se dejó meter mano el último de la tarde pero su falta de fuerza le permitió romper y dar mejor juego.   La tarde aburrida dadas las condiciones de los toros, como reseñábamos el pasado viernes, a pesar de que los toros de Manuel Martínez no tuvieron buen juego su bravura y genio puso al público expectante, los toros de Marrón no transmitieron peligro alguno, sosería pura y dura.

Todos los coletas salieron con ganas frustradas por las condiciones de los astados que tuvieron en suerte, para colmo, todos estuvieron pesados con las espadas, lo cual deslució aún más el gris festejo.

Francisco Rivera Ordoñez estuvo voluntarioso con el primero de su lote, no tuvo muchas opciones y solo destacó una serie por derecha, se le bajaba la mano al animal y éste doblaba las manos, tuvo que abreviar y despachó al toro después de varios pinchazos. El segundo de su lote parecía tener mejor calidad pero tuvo menos fuerza, la cara de Rivera lo decía todo, la frustración de querer y no tener con qué. De nuevo pesado con la espada. En sus dos turnos recibió algunas palmas.

Diego Silveti destacó en ambos toros con el percal, en el primero quiete por chicuelinas y en el segundo por gaoneras. Con sus dos enemigos no pudo hilar una faena, tuvo mucha voluntad pero la debilidad de los bureles no le permitieron hilvanar una faena. En el primero escucho dos avisos y en el segundo uno.  Destacó su labor con el segundo con el que se pudo mostrar mucho más serio aunque al final el toro se apagó y no hubo oportunidad de calentar más al tendido. Se fue en silencio.

Fermín Espinoza tampoco tuvo tela de donde cortar, mostró voluntad pero esa es insuficiente para justificar tres tardes a lo largo de la temporada. En ambos toros se fue en silencio, nada que destacar de la labor de Armillita. Tendrá que prepararse mejor para volver la siguiente más cuajado y con las credenciales suficientes para callar a los que consideran que no debe recibir tantas oportunidades.

Lo más torero vino de Juan Pablo Llaguno. El primero de su lote no le permitió lucir, el último de la tarde tuvo más clase pero muy poca fuerza, con inteligencia supo dar la pausa entre cada muletazo, destacaron los naturales muy pausados y templados, una faena que fue creciendo a medida de que el toro fue cogiendo el engaño y bajando la cabeza. El mérito de la faena fue entender al toro y darle su aire y su distancia. Pudo haber conseguido una oreja pero sus fallos con el acero le llevaron a escuchar dos avisos.

Una tarde que no pasará a la historia y lo único que nos deja claro es qué tipo de toros no quiere la afición, este tipo de astados ahuyenta el público de las plazas, hoy los toreros se fueron frustrados pues por condiciones ajenas no pudieron siquiera mostrarse.

Viene el cierre de la temporada con dos carteles muy interesantes, la presentación de Roca Rey y después Ponce con Pablo Hermoso.

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