SEGUNDA DE FERIA DEL SOL 2013 013

Última de la Feria del Sol en Mérida (Venezuela). Orellana, Esaú y Guillén se labraron su propia suerte

Cada uno de los mencionados coletas han cortado par de orejas de distinto peso y matiz, ante un encierro bien presentado pero de escaso juego de Los Aranguez

El capítulo final de la edición ferial del Sol, la tarde de ayer, se jactó en su guion de un kilométrico festejo de hasta nueve toros que saltaron la arena emeritense. De todos ellos, pertenecientes al hierro de Los Aranguez, solo dos de los pupilos del joven ganadero Jesús Riera han servido, destacando de todo el conjunto la seria presencia, de toro con los kilos y edad que debería ser regla y no excepción en el que supuestamente es el primer ruedo del toreo merideño.

Toros que han adolecido del elemento básico de esta fiesta como es la casta y raza. Uno a uno, la excepción de este mal que padeció el encierro fue el lote del joven espada emeritense Jonathan Guillen, el cual pechó par de ejemplares para haberse encumbrado, pero entiéndase que el limitado rodaje del mencionado coleta hizo que su voluntad y entrega supliera la técnica que requirió dichos astados. Al final Guillén se fue en hombros por la Puerta Grande tras indulto, junto al tovareño Rafael Orellana, tras corte de oreja en cada toro de su lote, y el sevillano Esaú Fernández quien desorejó generosamente el sobrero de regalo que cerró la larga jornada de cierre.

Fue Orellana quien aperturó festejo con el sabroso manojo de verónicas con las que recibió al burel, para en medido y preciso puyazo de “El Llanerito” servir labor para estructura labor donde la entrega y deseos dieron como resultado sacar muletazos de mérito, dado el corto recorrido y tobillera tendencia en la embestida del morlaco, en especial series sobre la mano diestra de gran calado al tendido.

El espadazo en todo lo alto, dio pie a la concesión de una oreja, la misma que cortaría en su segundo del lote, esta vez ante un astado de complicado comportamiento, siempre midiéndole tras cada pase. Lo colocaría a prueba desde el saludo de capa, donde resultó arrollado. Luego con la muleta Orellana justificaría el porqué es el torero más importante del momento, arrancando pases de donde el toro se los negaba, con su constante derrote al final del muletazo, siempre con la cara por las nubes, lo que le costó espectacular voltereta en uno de los trances de la que temíamos un puntazo en la entrepierna. Su inicio de faena por doblones dejaron aroma caro en la faena, la que cinceló de estocada entera, trasera y tendida, para la oreja que le abría la Puerta Grande.

Los toros más destacados de la corrida vinieron enlotados para el aún poco rodado Jonnatan Guillén, joven valor de los matadores emeritenses, quien pechó con el bello berrendo en negro, al que no del todo supo ni vio a plenitud sus bondades en su embestida, como fue su largo y noble recorrido, «Sardinero» por nombre, al que planteó faena de voluntad y ganas, pero ayuna de sentido y planteamiento estricto de lidia. Un poquito más de rodaje de este torero y otra cosa hubiese sido dicha faena, que remató de tres viajes con el acero para recibir palmas tras aviso.

Lo cumbre vino en su segundo, un serio ejemplar que desde el mismo capote, en su alegre y codiciosos remates en burladeros, intuimos que algo traía distintos a los demás que habían salido por toriles. La buena lidia que se le dio por parte del peonaje, aparte de la entrega absoluta del torero dieron pie a que el toro fuera a más, en cada serie que por la derecha y zurda se recreó Guillén, a quien un toro de estas características descubre o refirma la vocación para seguir en esta dura profesión. Fue «Añejado» un manantial de nobleza y largo recorrido que entendieron los presentes era merecedor del perdón del indulto, el cual se cristalizó tras cerrada petición de los asistentes la última tarde de feria. Nuevamente las orejas y el rabo para tal premio se cortarían, cuando no procede el último despojo en esta plaza, es decir, el rabo, para los indultos. Mano negra a tener en cuenta señores…

El espigado sevillano Esaú Fernández no tuvo lote propicio con los que de Los Aranguez sorteó por la mañana, ni por una ni otra razón que metiera cabeza, le dejaron ver resquicio de lucimiento, lo cual hizo que el excéntrico magnate de la industria sardinera, Orlando Faroh le regalara el sobrero de Los Ramírez, animal al que supo entender los resquicios de nobleza por ambos pitones, en trasteo largo incluso insistiendo en un indulto improcedente a toda regla. El primer aviso por parte del palco presidencial hizo que tomara el estoque y dejara espadazo fulminante para la concesión de las dos orejas, un poco generoso el segundo apéndice.

El que si no tuvo opciones en toda la tarde fue el mexicano Arturo Saldívar, a quien el descastado juego de los señalados cuatreños de Riera no permitieron ninguna floritura, lo que hizo que para tal efecto abreviara, lo que no muchos entendieron.

Al final, se cierra un capítulo más de esta feria, que deja a reflexión muchos aspectos que ya tendremos tiempo de señalar, por el bien de una cita taurina se niega morir, pese a todos los elementos internos que están implosionandola de vergüenza y pena.

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