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5ª y última del 49º Aniversario de la Nuevo Progreso de Guadalajara (México). Con fiesta grande el cerrojazo

Qué bonita tarde, tanto por lo diáfano del cielo y el castigo completo a Eolo, al que no se le permitió ni brizna de viento, y una corrida triunfal, por donde mirarse se quiera, que viene a reivindicar el fondo y la esencia de la fiesta más bella que es la de toros. Pena que la entrada haya sido apenas de un cuarto de plaza; los que no fueron… se la perdieron. Encierro ejemplarmente presentado de la prestigiada ganadería de Los Encinos, del campo bravo queretano, cuyo propietario, el destacado criador Eduardo Martínez Urquidi, puede sentirse plenamente satisfecho de haber cumplido como un señor ganadero de plaza de primera categoría.

En el argot se dice, para justificar los fracasos, que los toros “no tienen palabra de honor…”; a lo que yo sostengo que efectivamente los toros no la tienen, pero los ganaderos de postín, sí. Y sí, porque la obligación principal de un criador es presentar hasta con lujo sus ejemplares, lo que indudablemente da fuste y rango de campo bravo. Y si a esto se añade juegos estupendos por cuanto a las lidias de sus toros, pues el éxito es, sin duda alguna, el merecimiento mayor para el profesionalismo, la afición y la categoría. Y así, la categoría, la afición y el profesionalismo del ganadero de Los Encinos, ha tenido la justa recompensa brindando una tarde de toros extraordinaria, digno colofón de una temporada en la que dos ganaderías de primera resultan triunfadoras: Jaral de Peñas y Los Encinos. Astados bellos de estampa, imponentes de presencia, bellos de láminas, acusando una escrupulosa crianza muy en el genotipo de su encaste. Pelajes lustrosos, bien armados de astifinas defensas, con la integridad que dan la importancia, la seriedad y la trascendencia con todo el mérito para quienes enfundados en sedas y metales se ponen delante de ellos.

Corrida con gran clase, son, recorrido y claridad en la embestida, castigada con levedad a puyazo por burel, ya que tuvo justeza de fuerzas, pero que se empleó en las muletas con nobleza excepcional, acusando una gran cualidad: LA FIJEZA, que permitió a los artistas desbordar sus expresiones dentro de sus personales estilos de cada uno de ellos. Un toro, el segundo, de arrastre lento y otro, el cuarto, de vuelta al ruedo, que por su extraordinaria lidia hubiese sido merecedor, cuando no, equivocadamente se le otorgase bajo el clamor de gran parte de los espectadores, el indulto. No hay que olvidar que apreciar la bravura, debe observarse la entrega absoluta y total y sin confundirla con la nobleza de excepción, ya que la bondad conventual del toro, se dejó ver por la forma de meter el morro en la poderosa muleta del joven Juan Pablo Sánchez; pero, atención, que el ejemplar intentó huir hasta en tres ocasiones terminando doblando contrario al viaje natural, lo que, insisto y repito, la bondad, la fijeza y la nobleza habrían sido para vuelta al ruedo. Y como desde mi barrera, desde mi teclado le vuelvo a tocar las palmas a un señor ganadero que esta tarde se ha hecho de un triunfo excepcional. De seis, cinco para triunfar; y se triunfó.

La mejor tarde que le he visto al joven hidrocálido Juan Pablo Sánchez. Un torero con gran expresión y poseedor de la gran cualidad que es el temple. Seguro, pisando con firmeza, y llevándose el premio gordo de la corrida, el muchacho supo cambiarle, dejando para el recuerdo una memorable actuación cortando una oreja a su primero con el que lució de capa quitando por ortizinas y aprovechando las extraordinarias condiciones del de Los Encinos para plantear una faena con medida y torería, centrándose él y centrando muy bien al toro para aprovechar su justa fuerza y proyectarse con las dos manos y por ambos lados en series que fuerte se le corearon para despenar de media estocada tendida y desviada para una oreja de arranque.

Con el cuarto vendría lo grande. Comprendiendo todas las cualidades que tenía el soberbio toro, ha demostrado ser torero de cabeza con la expresión artística muy bien fundamentada en toreo por abajo con la diestra en ayudados y naturales con la izquierda llevando muy toreado al astado, aplicando la elasticidad de sus muñecas, y rematando con sendos pases de pecho, en una faena larga, muy larga, larguísima, que indujo a que el cónclave, con más sensibilidad que conocimientos, exigiera el perdón para el ejemplar, motivado también habilidosamente por Juan Pablo que miraba al palco con clara manifestación de no entrar a matar. Esto, afinando las cosas, sin quitar para nada el menor de los méritos a un torero con proyección y buen gusto, que sólo desentonó con esa pésima costumbrilla que están poniendo de moda algunos con juanetes en los pies para quitarse las zapatillas y torear descalzos, máxime cuando la arena del ruedo está en excelentes condiciones. ¿Qué seguirá… toreo de pantuflas?

Gran tarde también para un torero empeñoso que en pleno curtimiento en su profesión es la clara muestra de que, cuando los toreros dominan ya el oficio, tienen la capacidad para echar para afuera el misterio de arte que acaudalan en su interior. Es este el caso de Diego Silveti…Con el segundo a pies juntos lo saludó para quitar por ceñidas chicuelinas que fuerte se le aplaudieron. Ya apreciaba Diego las condiciones extraordinarias del de Los Encinos para con la muleta realizar una obra con gran proyección de elegancia, temple, profundidad y sentimiento en series lentas, embraguetándose y sintiéndose tanto con la mano diestra llevando al toro desde aquí hasta allá, como con la zurda, la de cobrar, alcanzando un relieve de trascendencia y conectando fuerte con los tendidos. Su faena tuvo estructura y un desarrollo de gran ritmo y armonía enmarcado en la torería de este artista que va tirando pa adelante, y que cuando el moro le pidió la muerte, perfilado en corto y por derecho cobró una gran estocada para ganarse dos orejas de ley y el astado el arrastre lento.

Con el quinto de otras condiciones el toro al que había que poderle más, Diego Silveti estuvo a la altura en similar tenor haciéndose ovacionar fuerte para terminar de entera que bastó. Que esta tarde sea crucial para el futuro inmediato de un torero de dinastía, que tiene con qué y lo está demostrando. Mi enhorabuena chaval.

Y pechando con lo menos propicio del encierro, me he quedado con un gran sabor de boca de ver a otro de dinastía, Fermín Espinoza, el cuarto de los Armillitas, que ha dejado constancia, iniciándose apenas como matador de toros, de ser un torero que refleja de la casa de donde viene, la de inolvidable amigo el maestro Fermín Espinoza Saucedo, en la que como Manolo, Fermín y Miguel, como también este Fermín, se aprende a torear antes que a caminar. El tercero, el punto negro de la corrida, que me daba la impresión, tal vez, de estar enfermo, parado sin el ánimo para acometer, pasó el de Aguascalientes prácticamente inédito, terminando de tres pinchazos y entera para silencio, pero…Pero, vendría el cierraplaza, un toro de muy bonitas hechuras al que recibió Fermín de larga cambiada de hinojos mostrando la actitud para no dejarse ganar las palmas y dar la pelea a sus compañeros de terna que ya habían triunfado. Verónicas suaves, sedeñas, rematadas con media belmontina que se le ovacionaron. Para con la muleta firme en su actitud desbordar su esencia torera ante un moro de buenas condiciones, en una faena de torería y proyección en las que el toreo por abajo y en redondo alcanzó muy grato nivel artístico, tanto con el natural, haciéndome recordar una de las manos izquierdas más importantes, la de su tío Miguel, y con la derecha rematando con sabor y solera, para con la espada volcándose sobre del morrillo, con entrega y valor perdiéndole la cara al toro, como debe de ser en la suerte suprema y fijando la mirada en los rubios, cobrar un estocadón de premio como digno remate a su actuación, ganándose una muy merecida oreja y…Y, a seguirle viendo que hay torero.

Salida triunfal, a hombros de Juan Pablo Sánchez, Diego Silveti y el ganadero Martínez Urquidi por los merecidos triunfos que queda para el recuerdo de una tarde memorable. Esta es la fiesta grande… la de los toros.

F. Baruqui

F. Baruqui

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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