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El tradicional festival del cáncer en Córdoba y los golpes cantados de Gines Marín

Fotos: A. J. González

En la vigésimo segunda edición de este festival cordobés faltaron muchos espectadores. En las anteriores ocasiones solía llenarse el gran coso de Los Califas. Y este año…. Este año faltó la también tradicional ayuda del Ayuntamiento de la ciudad que compraba muchas entradas y las repartía. Desde este año no por lo que casi todos sabemos… Por el antitaurinismo de muchas instituciones desde que los partidos perdedores en las últimas elecciones se han juntado para desplazar del poder al ganador. Otra vez la dichosa política que nos corroe y lo que nos queda por ver en España que va camino del precipicio si Dios no lo remedia aunque Dios también debe estar hasta la coronilla de tanta sinrazón y de tanta gentuza unida en pos de acabar con las señas de identidad más características de nuestra Nación.

Pero aunque la Nación Española parece que se hunde sin remedio en estos días de zozobra política, todavía somos muchos compatriotas los que seguimos fieles a nuestras costumbres más tradicionales. Y entre estos compatriotas están los toreros. Esos héroes del arte taurómaco que continúan dándose gratuitamente a las obras benéficas con una solidaridad que les honra.  No le deseo mal a nadie, pero el destino suele jugar cual ruleta rusa y llegarán días en los que cuantos ahora intentan acabar con el toreo padecerán por sus pecados.

El triunfador indiscutible de la jornada fue Gines Marín, autor de la mejor actuación en conjunto de capote, muleta y espada en una demostración apabullante de cuanto esperamos del novillero pacense al borde mismo de una próxima alternativa que le colocará de inmediato en la primera fila del toreo actual junto a los también nuevos toreros que han irrumpido clamorosamente como hacía mucho tiempo no sucedía. Lo de Gines Marín ayer fue una actuación a golpe cantado dadas las excepcionales virtudes que le adornan en forma de catarata de valor, inteligencia, templanza, finura, donaire y una seriedad impropia de su tierna edad.  Fue el suyo el mejor novillo de la tarde, pero supo aprovecharlo superando incluso sus buenas condiciones. Cortó dos orejas y salió a hombros en solitario destacándose de sus ilustres compañeros.

Ayer gozamos también para empezar con el elegante y natural arte de Enrique Ponce que tuvo que ejercer de milagroso enfermero tratando de evitar las caídas del primer novillo de Zalduendo tras pegarse dos volantines que acabaron con la escasa fuerza que tenía. Se quedó sin la oreja que podía haber cortado por pinchar su magistral obra muletera que remedio la incomprensible orden presidencial de obligar a que el animal tomara un segundo puyazo absolutamente innecesario. Reglamentarismo ciertamente estúpido en un festejo que no lo requería.

Lo mismo le ocurrió con la espada a Finito de Córdoba tras dejar plasmadas sobre la arena una colección de detalles toreros marca de la casa en forma de arrebato apasionado cuando se sembró en su faena de muleta aunque ya había dejado muestras de su proverbial estilo capotero.

La decoración cambió en cuanto a trofeos cortados con el tercer novillo que corrió a cargo de El Fandi. El granadino hizo honor a su bien ganada fama de todo terreno con el capote, las banderillas, la muleta y la espada derrochadas cada vez que actúa sean cuales sean los escenarios y las condiciones de las reses. Asombra verle siempre inasequible a cualquier desaliento.

Otra oreja se llevó del más enterizo cuarto novillo el renacido Diego Urdiales quien ha encontrado su mejor ser torero desde el año pasado tras muchas temporadas de penurias y de éxitos aislados. Urdiales ya está toreando habitualmente como un ángel del clasicismo más preclaro y no por casualidad ni por suerte sino por un cuajo que, no por tardío, parece juvenil. Y hay que rendirse a la evidencia como lo hago encantado después de tantas criticas adversas.

Casi nada que decir de Julio Benítez que muy poco pintaba en este festival en el que vio anunciado su nombre solamente por ser hijo de quien es. Su actuación solo puedo calificarla de ridículo atrevimiento.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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