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Perdonen que presuma

Una de las dos grandes faenas entre las más artísticas que vimos hace días en Sevilla fue, junto a la de Morante,  la que llevó a cabo Enrique Ponce con un toro de Juan Pedro Domecq en la séptima corrida de la feria.

En el programa de mano de ese día, publiqué un artículo premonitorio y quiso Dios que la suerte acompañara a Enrique y que,  por fin, la obra de arte poncista se cumpliera. 

¿Permite que presuma de mi acierto?

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Ponce en Sevilla: ¿Será este año?

Enrique Ponce viene actuando en la plaza de la Maestranza sevillana desde su debut con caballos y en casi todas las ferias de abril – como también en alguna de San Miguel – desde que tomó la alternativa. Ha triunfado varias veces pese a que nunca fue lo que dan en llamar “torero de Sevilla”. Salvo en no más de cuatro ocasiones, nunca fue tratado como favorito. En sus primeros años muchos  negaron su categoría e incluso le trataron con ese desprecio cortés que se manifiesta en la plaza mientras dura la corrida y que se convierte en malicioso en las tertulias posteriores al festejo. Eso de que “no dice ná” tan sevillano fue el común sobre Ponce de muchísimos aficionados béticos que apreciaban con no poco recelo sus continuos éxitos en las demás plazas.  

Y todo esto duró con más o menos disimulo hasta la tarde más importante de su vida profesional en La Maestranza. Fue la de su memorable actuación con dos toros nada fáciles de Zalduendo a los que no cortó ninguna oreja por pinchar aunque dio dos vueltas al ruedo tras ser arrastrados ambos en medio de un enorme clamor. Esa tarde Sevilla se entregó totalmente al valenciano. De haber matado pronto y bien a los dos toros, hasta podría haber cortado cuatro orejas y un rabo.

Con todo e incluso con esto último, en Sevilla nunca tuvo en sus manos Ponce un solo toro realmente bravo y con clase. Jamás. Consecuentemente, en La Maestranza todavía no le han visto torear a su total placer. Sí le han visto y muchas veces en la inmensa mayoría de las plazas de todo el mundo.

¿Entonces? Que en Sevilla todavía no han podido disfrutar del mejor Ponce. Aunque parezca mentira, a estas alturas de su larguísima carrera, torea mejor que nunca. Su caso de permanencia en la cumbre en continuo progreso artístico es único en la historia. Y ésta va a ser su 27 temporada.

¿Le seguirá fallando la suerte? ¿Será en la feria de este año cuando logre su mejor tarde en La Maestranza? Dios lo quiera. 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

4 Resultados

  1. Sureño dice:

    Menos mal que la pudimos ver en directo, porque la mayoría de los críticos han ninguneado la obra de Ponce. En mi modesta opinión, esa faena de Enrique fue superior en todo a la tan cantada faena de Morante, premiada más que generosamente con dos orejas. Volvió a aparecer el chauvinismo taurino sevillano, quizás agradeciendo la buena actitud de Morante todas las tardes (ojalá se mostrará así de esforzado en todas las plazas en las que a menudo se inhibe a la menor dificultad).

  2. Sureño dice:

    Recomiendo la crónica de Andrés Amorós sobre la tarde de Ponce. Esclarecedores los comentarios de algunos aficionados sentados cerca del gran crítico.

  3. J.A. del Moral J.A. del Moral dice:

    Esto fue lo que dijo Andrés Amorós en ABC en su crónica sobre la gran faena de Ponce, titulada “PONCE SIGUE SIENDO EL REY”:

    El primer toro es noble pero muy flojo; en manos de cualquier otro, no hubiera valido para nada. Ponce da aquí una impresionante lección de torería. No vale la pena entrar en el detalle de los muletazos : todo es un prodigio de suavidad, elegancia, naturalidad, armonía. Me basta con reproducir lo que dicen mis muy sabios vecinos: “¡Si esto lo hace quien yo me sé! ¡A ver si aprendemos a torear!”. Y otro apostilla, cortés: “Está a años luz…” No es pasión ni partidismo: con este tipo de toro – el que matan habitualmente las figuras – no tiene rival. Le da tiempo, torea relajadísimo, a cámara lenta; los ayudados, rodilla en tierra, ponen al público de pie. Y, con decisión, logra una estocada corta. El Presidente sólo concede una oreja. ¿Por qué? Todavía no lo sé. Pero da igual. Ahí queda lo que hemos visto. Y la vuelta al ruedo tiene la solemne pausa que la faena merece.

    Después de dos toros muy protestados, el cuarto es sustituído por un sobrero que es un dechado de “virtudes”: cortísimo, mirón, incierto, flaquea, huye, tiene peligro. Una birria total. Lo lógico sería machetear y matarlo. Pero Ponce nos sorprende: con paciencia y técnica, logra sacarle mucho más de lo que parecía posible. Los alardes de valor auténtico hacen que el público cambie y se ponga en pie, entregado al maestro. Lo mata bien y saluda. Comenta mi cortés vecino: “’Esto sí que es vergüenza torera”. Y añade, con ironía: “En su situación, es que le hace mucha falta”. Para decir cómo ha toreado Ponce, esta tarde, los sevillanos juntan los dedos y exclaman, con énfasis: “¡Cumbre!” Pocas veces ha estado tan a gusto, en este ruedo.

  4. Fmontini dice:

    Efectivamente señor del Moral yo firmo lo q los dos han escrito.
    Felicidades

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