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Observatorio taurino: Del Guadalete al Manzanares

Publicado en El Correo de Andalucía

Un gran triunfo que necesita ser puntualizado

¿José Tomás estuvo cumbre con el excelente toro de Núñez del Cuvillo? Nadie lo duda. También llenó hasta la corcha larenqueante -y casi ruinosa- plaza de Jerez. Vendió el abono completo. Llenó restaurantes y abarrotó trenes. Elevó los precios de la hostelería y hasta prestó su estrella rutilante para que cuarenta feroces antiaurinos aprovechara que el Guadalete pasa por Jerez –algunos medios prefieren los alaridos de unos pocos que los oles de 12.000- para largar su rollo y escupir la habitual retahíla de gravísimos insultos sobre los pacíficos aficionados. Todo eso es irrebatible, tan verdad como el excelso toreo al natural que desbordó las olas del cercano mar Atlántico. Pero el gran triunfo del impar torero de Galapagar hay que ubicarlo en el tiempo y en el espacio. Se produjo con un público predispuesto, en un ambiente favorable y, quién lo duda, en un ruedo menor y con dos compañeros escasamente inquietantes. Era, además, el primer compromiso de una temporada menor de la que aún sólo se sabe el segundo capítulo: Alicante.

Despilfarro de la bravura

Hablando claro. En Jerez le pusieron por delante un matador querido por los suyos; un personaje simpático y animoso, valorado por su tremendo ejemplo de superación pero lejos, muy lejos de la alcurnia taurina del madrileño. Por detrás se puso a una figura con galones que prestaba cierto brillo al cartel pero, ojo, que navega en sus horas más bajas y anda lejísimos de sí mismo. La consecuencia más dramática del asunto es que cuatro toros del magnífico encierro de El Grullo se fueron directos al sumidero evocando las causas que –en otro tiempo- causaron la ruptura entre los ganaderos y el matador. Hay otra más: Tomás sólo alcanzará la absoluta legitimidad volviendo a los tres puertos de primera -Sevilla, Madrid y Bilbao- y compitiendo de igual a igual con las figuras que mantienen a duras penas el pulso de las ferias.

San Isidro 2016: cuanto hemos cambiado…

Lo recordaba el compañero y maestro Antonio Petit en su página Taurología.com. Se cumple medio siglo de la mitificada faena de Antoñete a Atrevido, aquel toro blanco de Osborne que hoy no pasaría en los corrales de Las Ventas ni por novillo.Ésa es la pura verdad. La transfiguración sociológica del babélico público madrileño -que absorbió las profecías de una nefasta generación de gurús encaramados a ciertas poltronas periodísticas- cambió la exigencia por la intransigencia. Las consecuencias son muchas y variadas y una de ellas fue la desaparición de ciertos encastes que ahora lloran los mismosque exigieron el toro desmesurado que cambió el mapa del campo bravo. No se engañen: la primacía de la casa Domecq comenzó entonces. Fue la única sangre que aguantó ese volumen sin perder su rendimiento. Pero algunos siguen echando las culpas al maestro armero. En el Madrid de 1966 aún era posible ver salir a hombros a doce matadores en sólo dieciseís funciones. Hablamos de toreros tan dispares como El Cordobés, Curro Romero, Puerta, Litri o El Viti. La decoración ha cambiado bastante en dos generaciones. ¿No es así?

A. R. del Moral

A. R. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. pesqueras dice:

    Con tal de denigrar a JT ahora menosprecia a Manzanares . Donde está la objetividad del periodista?

  2. joselito dice:

    A mi no me parece que se menosprecie a Manzanares, simplemente por decir que no está en su mejor momento, cosa que además es verdad.

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