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16ª de San Isidro en Madrid. Leonardo Hernández: cuatro orejas y Puerta Grande

ANDRÉS AMORÓS EN ABC

También brilló Diego Ventura, sin suerte, en una noble corrida del Capea

Leonardo Hernández ante el primer astado al que cortó las dos orejas

En la segunda jornada de rejones del ciclo, un nuevo lleno. El gran atractivo es Diego Ventura, la máxima figura actual, que la vez anterior estuvo cumbre (aunque el Presidente no se enteró). Los toros del Capea –encaste Murube– dan buen juego en general; sobresale el excelente tercero. Leonardo Hernández aprovecha el mejor lote para dos faenas emocionantes, bien rematadas, que le valen el doble trofeo en sus toros y abrir la Puerta Grande. Sin suerte en el sorteo ni al matar, Ventura vuelve a exhibir su magisterio.

El primero embiste templado, sin gran emoción. El limpio clasicismo de Sergio Galán brilla con los «muletazos» de «Ojeda» y las piruetas en la cara de «Titán». Mata con acierto: petición. También es bueno el cuarto. Con «Capricho» torea con el sombrero y se adorna, dejándolo sobre el testuz. «Apolo», su estrella, baila en la cara del toro; se luce Sergio al clavar a dos manos, en corto. Por el descabello pierde la oreja.

El segundo es encastado, con dificultades. Diego Ventura levanta un clamor con «Nazarí» al dar una vuelta entera a dos pistas, arriesgando mucho, y con el albino «Remate», al violín. Pierde el trofeo al matar. En el reservón quinto, vuelve a entusiasmar «Duende» con pasadas que parecen imposibles; «Nazarí», con valor extraordinario, aguanta derrotes a la altura de la silla; «Remate» clava en una moneda. Es faena de dos orejas pero el rejón de muerte rebota en otro rejón y este accidente enfría al público. Con el peor lote y poca suerte al matar, ha vuelto a estar a un nivel altísimo.

Galopa con ritmo el excelente tercero y Leonardo Hernández lo aprovecha plenamente, en una faena emocionante: se mete por dentro con «Amatista»; con su hijo, «Despacio», forma un lío, quebrando muy en corto; se adorna con «Xarope», dándole con la cabeza al toro, en un alarde de elasticidad, y mata certero: dos orejas. También es bueno el sexto: Leonardo se luce con «Calimocho» (nieto del mítico «Cagancho»); deja llegar muy cerca al toro con el albino «Sol», de Peralta; da espectáculo con «Xarope». Vuelve a mostrarse segurísimo al matar y el público exige las dos orejas. En total, cuatro y la salida triunfal por la Puerta Grande.

Posdata. Recuerdo la sentencia del maestro Ángel Peralta: «Torear es engañar al toro sin mentir, con la verdad por delante, y se debe hacer tanto a pie como a caballo».

 

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