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Ponte lo que quieras Enrique

Ponte lo que quieras Enrique, monstruo del toreo, que últimamente nos asombras más y más. Ponte lo que quieras, traje de luces, smoking, ropa deportiva, traje corto. Lo que quieras. Y torea. Sigue toreando así.

O traje largo, como en Istres, que –según veo- fue algo muy, pero que muy especial, desde la música, las mejores sinfonías, hasta ese smoking para los dos últimos de la tarde, 5º y 6º después de haber cortado rabos y protagonizar un indulto. Música del máximo nivel para un torero que se está saliendo de los límites ancestrales marcados del toreo.

Como persona, aficionado y periodista profesional te tengo que agradecer tres cosas de tus últimas : tu actuación en Madrid de este San Isidro, lo de Bilbao 2015 que ahí quedó y tu hazaña después en septiembre en Nimes, cojo perdío y loco perdío cortando orejas, esfuerzo que te llevó a perder gran parte de septiembre, el de la melancolía.

Y ahora Istres, único espada, toreo del bueno e imagen única, colgado el traje de luces en la misma plaza y sustituído por un smoking, que supongo es el símbolo de que el toreo está en el máximo nivel de todo. Y que se puede torear con el espectacular y fabuloso traje de luces pero también con la gran expresión de la elegancia, que es el smoking.

Pero cuidado esto ha sido por una vez y que conste que el 98 por ciento salen con el smoking al ruedo y los fríen a tomatazos. Hay que estar muy seguro y ser muy bueno para poder hacer esto.

Enrique Ponce asombró en su momento por su madurez, calidad y técnica. Eran sus principios increíbles, incluso cuando no crecía y daba la impresión de que no iba a alcanzar la estatura física normal en un torero.

Nadie pudo con él y su afición y empezó la labrar una historia que sería única y ya lo es por los siglos de los siglos. Una vez instalado, subiendo y escalando a lo más alto, la gente pareció cansarse un poco –él no- y muchos enseñaban y señalaban más sus defectos, pocos, que sus virtudes, muchas. Y la impresión era que se retiraría pronto conseguido ya tanto. Algo como si la masa lo deseara y mostrara algo de hartazgo.

Y él que no. Lo contrario. Sumaba años y temporadas y cada primavera hasta el otoño nos sorprendía. Cada vez está mejor, teníamos que admitir. Cada día tiene más afición. Cada corrida es para él una nueva ilusión. Cada actuación es una fuente de creatividad. Cada faena un disfrute. Cada tarde un canto a la esperanza. Cada plaza una exhibición de entusiasmo y sueños, que a estas alturas parece y es ilógico mientras que la técnica y la experiencia son normales que afloren y se afiancen según pasa el tiempo.

Y nunca se ha tomado un descanso ni ha eludido una feria. Al revés, reapareció en Sevilla, el año de la deserción de las figuras,  tras la cornada de Fallas, que fue fuerte. Y año tras año, de aquí para allá, de Olivenza en marzo hasta el octubre de Jaén y después a América y vuelta para España para seguir al frente y para ir ahondando en un toreo que no se sabe cuándo acabará pero que él lo descubre cada día y pone el alma en superarse.

Enrique Ponce : ponte lo que quieras y, por favor, transmítenos tu afición. A esa masa que tanto la necesita ahora y a mí, aunque –salvando las distancias- me pasa como a tí, Enrique : con los años cada vez tengo más.

Son las seis y media de la mañana del día de San Luis y me he levantado para escribir porque no podía callarme y algo dentro me impulsaba, como siempre que escribo, a sacar de dentro lo que me quema.

Escribir para un torero que, profesionalmente, es “más bonito que un San Luis”. Y de qué pocos se puede decir esto torera y humanamente.

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