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Tibia apoteosis en la Goyesca de Ronda

Publicado en El Correo de Andalucía

Manzanares, Cayetano y López Simón abrieron la puerta grande aunque fue el segundo de los Rivera el que ofreció el toreo más templado y personal de un festejo ayuno del ambiente de otros tiempos cercano

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: se lidió un toro de Pasanha a caballo, manejable ; y seis ejemplares de Garcigrande en lidia ordinaria, bien presentados. El primero resultó noble y rajado; soso el segundo; manejable el tercero; tuvo clase y duración el cuarto; potable el quinto y derrengado el sexto. El sobrero, de Domingo Hernández, no pasó de soso.
Actuantes: El rejoneador Manuel Manzanares, de casaca alpaca y calzón negro, palmas
José María Manzanares, de damasco estaño con pasamanería negra, ovación y dos orejas tras aviso
Cayetano, de perla y negro, oreja, ovación tras aviso y dos orejas en el sobrero que regaló.
Alberto López Simón, de damasco fucsia y abalorios negros, oreja y oreja
Incidencias: La plaza se llenó sin apreturas en tarde calurosa.

Se comentaba en los corrillos y se palpaba en el ambiente. Pero a pesar de la inicial escasez de apreturas, dicen, se puso el ansiado cartel de «no hay billetes». ¿Era un cartel cerrado para la idiosincrasia particular de la Goyesca? Se admiten opiniones. La situación económica y social -con o sin los cantos de sirena de la grey política- también ha ido mudando el paisaje humano que pululaba por la ciudad del Tajo en estas fechas, no hace tanto. Pero así está esto y hay que aceptarlo. El callejón ofrecía el habitual espectáculo de políticos, famosetes y deudos de Francisco Rivera, mantenedor de un exigente legado sobre el que planea, inevitablemente, el espíritu de Antonio Ordóñez. Y no faltaron los guiños a las cosas de los suyos, como el paseíllo que se marcó cierto urólogo sevillano impecablemente vestido de goyesco que sólo se iba a mover del callejón para recoger los puros en las vueltas al ruedo de Cayetano. Su tío Luis Miguel, que le iba la marcha, ya lo había hecho hace mil años con el conde de Teba, que palideció cuando el socarrón diestro madrileño le invitó a salir a un quite.

Dejamos las batallitas y nos vamos al toro: la corrida empezó, en su parte seria, con unos lances de tanteo de Manzanares. El toro, cuajado y bien hecho, hizo cosas buenas en la lidia que el alicantino aprovechó una faena mejor expresada por naturales que en el toreo diestro. El animal amagó con rajarse aunque el Manzana supo sujetarlo en una labor de tono medio que remató de un estoconazo contrario al segundo viaje. La cosa se quedó en ovación. Más fría que tibia. La verdad es que ofreció mejor dimensión con el cuarto, un bicho esriñonado que acabó yendo a más -al final fue el mejor del envío- y al que supo torear con empaque y son, fiel a su mejor ser, sobre ambas manos. Pero especialmente sobre esa renovada zurda que debe prodigar más. La estocada, dictada en la suerte de recibir, validó el doble trofeo. Pero, ojo, aquello no había reventado.

Cayetano, que el pasado año cuajó la faena de su vida en la plaza de sus ancestros, recibió a su primero con una larga cambiada de pie que evocaba fotos de otro tiempo. Pero el toro delató en los lances iniciales que no podía con su alma. Se gustó el nieto del maestro en el quite antes de cuajar un fulgurante inicio de faena rodilla en tierra. El menor de los Rivera sumó elegancia y un exquisito temple natural que hizo mejorar la tambaleante fortaleza del toro. Ojo a Cayetano. Pero la cosa se fue espesando. El animal había echado el freno y la faena quedó en agua de borrajas. Eso sí, le pego un estoconazo de libro.

Un tal Miguel el Canario le sopló en el quinto el fandango de rigor. No nos libramos de la plaga ni en Ronda. El caso es que el hijo de Paquirri se relajó, a sus anchas, toreando en el patio de su casa. Se le nota feliz toreando aunque la espada no ayudó esta vez y pidió el sobrero para arreglarlo. Hubo larga en el tercio, entrega atropellada, derribo al caballo… No faltó el quite de Ronda -larga de pie y lances de frente por detrás- antes de emplearse en una faena de buena compostura y ritmo declinante en la que falló el motor del toro. La entrega del torero y la estocada final recompusieron el asunto. Se marchó a hombros.

El tercero en discordia era el destajista diestro madrileño, líder de la estadística, Alberto López Simón. Se entendió con su primero en una labor bien dicha, sobre todo muy ligada, en la que no hubo las prisas de otras ocasiones. No faltó el arrimón de ordenanza y la oreja de rigor. Le quedaba el derrengado el sexto, brindado a los hermanos Rivera, y toreado con tanta voluntad como falta de rendimiento. Eso sí: el tío se arrimó, la gente se puso bizcochona y cayó otra oreja.

Había abierto plaza, animoso y entregado, el rejoneador Manuel Manzanares. El hombre hizo lo que pudo. El urólogo, por cierto, no pidió el otro sobrero. Mejor así.

 

A. R. del Moral

A. R. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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