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2ª de feria en Murcia. A hombros junto a El Juli y Puerta, Ponce logró la gran faena de la tarde con un mediocre toro del variado envío de Victoriano del Río

Fotografías de Julio Maza

Ponce, Juli y Puerta sacan sus armas

Los mejores toros de la corrida, sobre todo los del lote del lugareño Antonio Puerta, bravos y nobles donde los haya, no cayeron en las manos de El Juli ni en las de Enrique Ponce. Manes del destino aunque el valenciano consiguió que su mala suerte se trocara en buena.

Es lo que siempre distinguió al gran maestro de Chiva. Su gran habilidad en convertir lo que para los demás toreros está vedado. Como tantísimas veces, ayer tuvo en sus manos el con mucho peor toro de la tarde: el toro que abrió plaza, además de un cuarto bastante menos aprovechable que los demás porque al sustituto de Roca Rey, el muy joven diestro local, Antonio Puerta, le cupo la enorme suerte de llevarse un lote de revolución del que obtuvo cuanto pudo hasta cortar tres orejas un tanto localista la segunda del su último oponente. Y, a El Juli, el lote medio. Dos toros francamente manejables aunque sin clase, de los que consiguió otros tres apéndices.

Enrique Ponce, en efecto,  cortó las dos orejas del único que medio se dejó de los suyos. Un toro del que nadie, salvo él, habría cambiado sobre la marcha haciéndolo pasar de apenas propicio a sumiso colaborador. Hasta el punto, incluso, de aportarle la clase que no tuvo el animal. Y esta vez, en Murcia, su capacidad creativa llevada a cabo ante prácticamente de la la nada…

Esta misma aportación que, en mayor o menor grado, venía aconteciendo también con algunos toros en las corridas inmediatamente anteriores que nos ha dado la suerte de contemplar.

El animal con el que triunfó Ponce que, al principio de su lidia, embistió sosamente y sin humillar hasta que, gracias a la inteligente determinación de Enrique y mediante el valor además del temple, extremados como armas fundamentales, obraron la transfiguración del burel para que la faena pasara de simplemente habilidosa a grandiosa. Una vez relajado y hasta abandonado, Ponce terminó toreando como los propios ángeles con el añadido de saber medir los tiempos milimétricamente  porque, de haber prolongando el trasteo, hubiera sido imposible conseguir una segunda parte tan apasionante.

La mayoría de los más de tres cuartos que ocuparon las localidades tomaron el portento técnico y artístico de Ponce con tanta naturalidad como entusiasmo. Pues son ya casi 27 años en los que viene consiguiéndolo. En esta plaza muchísimas veces. Y en esta temporada de su mayor progreso, más y más y más en su cuasi diario devenir…

También la gran estocada que cerró la obra poncista añadió razones para que su triunfo fuera indiscutible además de liberalizador de las tensiones de propios y extraños salvo la suya por su absoluta seguridad en el empeño.

Uno comprende la desazón de los colegas que alternan con Enrique, cuando creen, como esta vez, que no les sería posible superar lo que ya había hecho el valenciano. El Juli, frente al también mediocre y desclasado animal que le cupo en suerte en segundo lugar cuando Ponce todavía no se había mostrado en todo su esplendor.

En el primer toro del lote para Julián fue con el que anduvo muy por encima de sus condiciones. Y, sin embargo, con el quinto pareció que le aumentaba la sensación de íntimo disgusto que, para mayor dolor, creció después hasta no tener más remedio que rendirse a la evidencia porque, tras la inverosímil faena del valenciano, el publico solo pidió una oreja y no las dos que, seguro, habría paseado orgullosísimo el madrileño de no haber estado allí presente el valenciano y tan incómodamente por cierto. Las caras fueron los espejos de las almas de los tan ilustres contendientes.

Y como la costumbre de tener que aguantar estas mismas derrotas es tan pertinaz como real para El Juli – cual la vida misma -, menos mal que al menos pudo compartir la apoteósica salida a hombros de la plaza.

El más feliz de los tres alternantes por su novedosa e inesperada oportunidad de lograr esto mismo y, sobre todo, con más orejas en la talega – nada menos que cuatro -, que las conseguidas por el gran Ponce, fue el ayer muy apoyado por el público Antonio Puerta.

En su primer toro, tercero de la tarde a la vez que el mejor con mucho de los ya lidiados antes – fue un animal ciertamente extraordinario de principio a fin –, el jovencísimo Antonio Puerta se gustó y nos gustó más con el capote que con la muleta que manejó vulgarmente, independientemente de la algarabía de sus paisanos que no cesaron de jalear y de apoyarle sin la más mínima duda pese al defectuoso aunque eficaz espadazo con que lo mató.

Pero con el aún más extraordinario sexto y último del festejo, de nombre “Jilguerito”, un toro que pidió ser indultado y que fue tan bravo como incuestionablemente noble, encastado e incansable repetidor como siempre pronto y fijo a todas las llamadas,  Puerta anduvo finalmente al borde del abismo cuando,  en vez de no dejar al animal solo en sucesivas y largas pausas que no vinieron a cuento, hubiera logrado redondear sin tantos paseos su labor. Paseos y pausas que aburrieron tanto al toro que terminó rajándose, yéndose finalmente a tablas. Lugar donde el tierno espada hasta fue desarmado. En cualquier otra plaza, el fiasco de Puerta hubiera sido letal. No en Murcia y con los paisanos dispuestos a perdonarle todo a su torero. Y menos mal que la cosa acabó bien con una estocada de efectos fulminantes que puso en sus manos las dos orejas, a todas luces de regalo la segunda. Mejor hubiera sido que el dadivoso presidente hubiera ordenado la vuelta al ruedo de este “Jilguerito” que, desgraciadamente, no podrá ser de vacas.  Mi enhorabuena al ganadero Victoriano del Rio. Otra vez será como tantas otras más definitivamente felices.

Ponce y su don inigualable para crear de la nada

Ayer noche ya muy avanzada, viajamos desde Murcia a Madrid con parada de descanso antes de partir hacia Salamanca, esa maravilla de los mares de Castilla… Ojalá que los toros de El Pilar embistan como no lo están haciendo este año y que los que van a sustituir a Alejandro Talavante y a Roca Rey, Javier Castaño y José Garrido, tengan tanta suerte como aciertos para que Ponce se sienta bien acompañado. Y es que hay tanta diferencia y distancia entre él y los demás, que jamás se siente triste con los triunfos ajenos. Si a caso, estimulado.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Aficionao dice:

    Admirado Don José Antonio, tres orejas una derrota? Para mi Ponce es más que un Maestro, y he coincidido con usted en la fechoría de JT que en categoría personal y profesional no le llega al valenciano a la suela de las zapatillas. Pero veo absurdo buscar inquinas y persecuciones por todas partes. Un saludo

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