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Recuerdos del ayer ahora que TVE cumple 60 años

La primera tele que tuvimos en mi casa fue la segunda que hubo en mi pueblo porque la primera fue la del Casino de Colmenar de Oreja, a un paso de Chinchón, a tres de Aranjuez y a tres cuartos de hora de Madrid aunque, en mi infancia, el famoso tren de Arganda  – que pita más que anda – tardaba nada menos que cuatro hora cuatro en llegar a los madriles. Hasta nos daba tiempo de bajar con el tren en marcha, arrancar un racimo de uvas de cualquiera de las viñas que había en el camino y de subir al tren en un pispás.

Lo que más gustaba a la gente de lo que podía verse en aquellas primeras televisiones, todavía en blanco y negro, eran las corridas de toros. Cada vez que televisaban alguna, el Casino se llenaba hasta los topes con muchos paisanos en la calle sin poder entrar,  rabiosos de envidia a los que estaban dentro. Ahí es nada, ver los toros gratis… Con tanta gente delante de aparato, el ambiente era tan grande que parecía que estábamos en el tendido de la plaza. Oles, gritos, protestas… y hasta ovaciones o pitos… Igual que en las plazas.

Cuando compramos la tele en mi casa, pasó otro tanto aunque no como en el Casino porque en nuestra sala de estar no cabían más de treinta. Les poníamos sillas en fila… La mayoría eran amigos y vecinos, todos aficionados…

Y había discusiones entre partidarios de unos toreros y otros… En mi casa éramos ordoñistas hasta los tuétanos y cuando quien toreaba era Antonio o su hermano Pepe que por entonces acababa de tomar la alternativa en Valladolid – fuimos a ver esa corrida en un viaje que entonces parecía ir a la Luna –, no consentíamos la menor censura hacia ellos. Una tarde eché de mi casa a un vecino… Mucha era la pasión que le echábamos en cada retrasmisión. Y yo el que más. Ya apuntaba entonces la que sigo manteniendo y a mucha honra…. Esa pasión es la que me ha mantenido durante tantos años como si aún fuera joven. Un viejo muy joven. Lo heredé de mi madre que, por cierto, como también su mantuvo juvenil hasta su muerte, don Álvaro Domecq. A ambos les escuche hablar de proyectos de futuro varias veces, más que pasados sus 80 años…

En aquella TVE desde sus primeros pinitos ocurrieron muchas cosas, positivas y negativas, aunque primaron las primeras. Y algunas escandalosamente difundidas, como aquella que sucedió durante la retrasmisión en directo de una corrida celebrada en vieja la plaza de Marbella.

Ya pasados algunos años desde los comienzos de TVE, quien se ocupaba de la información taurina y de los comentarios en las retrasmisiones en entonces exclusivo medio televisivo fue Manuel Lozano Sevilla quien, a su vez, compatibilizaba este cargo con la misma misión en Radio Nacional de España y en La Vanguardia de Barcelona. En la Ciudad Condal se celebraban más corridas de toros que en toda España entre las celebradas en La Monumental y en la plaza de las Arenas. Quien iba a pensar esos años en que lo toros se prohibirían en Cataluña… Absolutamente nadie.

Lozano Sevilla, tenía un poder enorme porque, por si le faltara algún medio más, fundó y dirigió un semanario taurino en el que se anunciaban los toreros como ahora también lo hacen en las revistas actuales, solo que con la enorme diferencia de que en aquella revista, cobraban un dineral por página. Tanto, que cundieron las airadas protestas de los espadas afectados, a sabiendas de que quienes pagaban por su anuncio eran bien tratados por Lozano Sevilla en sus otros medios y, quienes no, sufrían las consecuencias de su “abstención”…

Pues bien y a lo que íbamos, en la citada corrida de Marbella, actuaba el siempre aguerrido y desahogado matador de toros, Jaime Ostos, y al brindar precisamente a Lozano Sevilla que estaba detrás del micrófono en la retrasmisión del festejo, consiguió la máxima atención en primer plano y el más alto voltaje posible de su voz: “Quiero brindar la muerte de este toro a don Manuel Lozano Sevilla que es el trincón más grande que he conocido en mi vida…”  Como podrán imaginar, el escándalo fue mayúsculo. Lozano Sevilla fue inmediatamente destituido de sus cargos periodísticos y, para pasmo general, también de su puesto en la política porque casi nadie sabía que era el taquígrafo personal de Franco. A propósito de estas destituciones, alguien comentó entonces que, al saber Franco lo que había ocurrido, dijo: “Ah, qué pena, lo que no sabía es que Lozano era crítico de toros…”  

En aquellos años, los toreros y, aún más las figuras, no eran tan prudentes ni tan educados, respetuosos y tímidos como los actuales. Le echaban valor a todo. A los toros y a los avatares de la vida. Recuerdo otro suceso que levantó ampollas y este protagonizado por Antonio Ordóñez.

No recuerdo exactamente si fue en la temporada de 1954 o en la siguiente. El rondeño empezó su campaña matando una corrida de Miura en la feria de La Magdalena en Castellón, haciéndose acompañar por su hermano Pepe. Para tomar precauciones pensando en una posible cogida de Pepe que iba a matar dos toros de Miura por primer vez en su vida, Antonio pidió que les acompañara el doctor Tamames, padre del famoso político y escritor que todavía vive y, lo que son los imprevistos, quien sufrió dos graves cornadas al entrar a matar fue el propio Antonio. Las consecuencias de este percance no se limitaron a las puramente hospitalarias. Lo peor fue que Antonio, que cumplía ese año su servicio militar en Barcelona, fue castigado por el Capitán General de Cataluña por haberse escapado sin pedir permiso para actuar en Castellón. Fue condenado a no poder torear en toda la temporada. Así se las gastaban entonces las autoridades militares.

Soberbio en todo Antonio Ordoñez a la verónica en  Sevilla

Pasados un par de años, Antonio Ordóñez, de nievo activo en los ruedos y concretamente en Madrid por San Isidro, se enteró de que a la corrida iba a asistir el Jefe del Estado, Francisco Franco, acompañado por el presidente de la Republica de Portugal, Oliveira Salazar, que estaba en visita oficial en España. Antonio se negó a participar en el festejo, sin duda en protesta por lo que le había ocurrido a raíz de su escapatoria para torear en Castellón. Huyó a la finca de su cuñado, Luis Miguel Dominguín, “Villa Paz”, en el término municipal de Saelices (Cuenca),  precisamente donde se había casado con Carmen. Fue buscado, detenido y amonestado…  ¿Quién se atreve ahora a hacer algo parecido?

Podría contar muchas más anécdotas parecidas sobre cómo eran los toreros de aquellos tiempos. Muchos se echaban p´lante sin miramiento alguno. Sobre todo los cuñados, Dominguín y Ordóñez. Grandes maestros desafiantes y soberbios donde los haya. Y nos enterábamos de todo. Más incluso que ahora a pesar de los adelantos.

Ahí va otra para no  extenderme demasiado con más anécdotas y polémicas que me harían alargar demasiado estos recuerdos. Pero no me resisto a otra que hizo muchísimo ruido. Fueron los hechos que provocaron la salida del diario Pueblo del que fue crítico en este medio durante muchos años, Gonzalo Carvajal y Betancour. Gran escritor, muy barroco y ciertamente brillante en sus crónicas aunque desgraciadamente venal. Durante uno de los almuerzos taurinos mensuales que se celebraban en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Madrid durante el invierno al que asistimos – acudían políticos, periodistas, toreros, empresarios…. Todo el toreo.. – un famoso matador de toros tomó la palabra para denunciar que Emilio Romero, director de Pueblo allí presente, compartía los “sobres” que le daban a Carvajal los toreros. Se armó la mundial y Romero, en venganza, mandó a Carvajal como corresponsal a un país iberoamericano y contrató al siempre temido Alfonso Navalón para que se ocupara de la crítica en el Diario Sindical.  Claro que, al cabo de pocos meses, colocó en la sección taurina a su hija, Mariví, quien finalmente fue obligada a compartir sus tareas con Manuel Molés, que trabajaba en Pueblo y ya venía siendo recadero de Carvajal. De tal modo, pasaron temporadas en las que de cada corrida aparecían tres crónicas, la de Navalón, la de Mariví y la de Molés. Así se escribe la historia…

Pero sigamos con los avatares de la tele. Con el tiempo, a TVE le salieron en competencia infinidad de canales que al principio se liaron a televisar corridas en su mayoría sin interés. Se abusó tanto con festejos de nula categoría que perdieron interés hasta que dejaron de hacerlo. Ahora solamente y, menos mal,  tenemos en la práctica un canal taurino que funciona muy bien por lo que se refiere a la calidad de los festejos y ferias que se ofrecen. Casi todas las grandes ferias de España y hasta algunas corridas importantes de Francia. Estas corridas se pueden  ver en todo el mundo gracias a internet.

No habría estado mal que la feria del Señor de los Milagros de Lima en la histórica plaza de Acho que este año cumple sus 250 años de existencia, hubiéramos podida verla todos. A ver si se consigue el año que viene.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

6 Resultados

  1. Alejandro Romero dice:

    No tiene nada que ver con el tema. Que me perdone el autor de la web, J.A. Del Moral. Pero solamente me gustaría decir, que hoy (4 Noviembre) hace dos meses justos de la corrida homenaje a V.Barrio en Valladolid. Una corrida que ayudó a una empresa como la de Matilla-Erice a vender abonos. En teoría era para un monumento Pro-V.Barrio y también para la Fundación. Dos meses después no hay información sobre la recaudación. Me parece lamentable.

  2. J.A. del Moral J.A. del Moral dice:

    Por el momento, el único dinero que hay para eso es el que donaron Enrique Ponce y David Mora

  3. Marianao Beltranejo dice:

    Si es que sabe más el diablo por viejo que por diablo.

  4. Aficionao dice:

    El Maestro Enrique Ponce, David Mora y López Simón. Puede que un torero no nos guste, pero si ha tenido un gesto de generosidad es de justicia reconocerlo. Por lo que he escuchado no pinta bien lo de Valladolid

  5. joselito dice:

    Me hubiera gustado vivir aquellos tiempos. Eso sí que era afición.

  6. joselito dice:

    Y los toreros demostraban tener cojones también fuera de la plaza, no como ahora.

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