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Roca Rey, a hombros en el regreso de la Fiesta a Bogotá

Paulo Andrés Sánchez Gil

El Juli, Luis Bolívar y Roca Rey, que confirma alternativa, protagonistas del histórico acontecimiento

El peruano le cortó las dos orejas al sexto y abrió la puerta grande al término de un festejo en el que Bolívar paseó un trofeo y El Juli perdió el premio tras marrar con los aceros

Antes de arrancar el paseíllo, sonaron el himno nacional de la República de Colombia y el himno de la ciudad de Bogotá. Además, se escucharon gritos espontáneos de ¡Libertad, libertad! por parte del público. Una lona que cubría el ruedo pedía “Libertad, respeto y derecho” .
Andrés Roca Rey, en la reapertura de Santamaría, en Bogotá

Roca Rey se llevó el gato al agua en el festejo de reapertura de la Santamaría de Bogotá y salió a hombros tras cortarle las dos orejas al sexto. Luis Bolívar obtuvo un trofeo de su primero y si El Juli se marchó sin premio fue, únicamente, por marrar con los aceros su estupenda labor al cuarto astado de la función.

Roca Rey brindó el sexto a los novilleros que se mantuvieron en huelga de hambre hasta lograr el regreso de los toros a la ciudad. Y no pudo dedicarles mejor homenaje que el del triunfo que obtuvo, pues le cortó las dos orejas y se aseguró la salida a hombros en olor de multitudes. Labor de muchos detalles, con algunos altibajos, pero con muestras de su toreo valiente, vistoso y variado, tanto con capote como con muleta. Destacó a la verónica en el primer tercio, al igual que en un poderoso quite por gaoneras, aclamado por la afición. Muleta en mano, trasteó por ambos pitones en terrenos de tablas, donde buscó refugio el toro. Allí hubo muletazos de desigual calidad, pues desiguales fueron también las acometidas del animal de Ernesto Gutiérrez. La entrega por parte de Roca fue el denominador común de la faena. Un pinchazo sin soltar y un espadazo sin puntilla terminaron de convencer al respetable para premiarle con el doble trofeo. El toro, aunque a menos, embistió por momentos con calidad, fijeza y humillación.

El primero no tuvo franqueza en su embestida, desluciendo el toreo de Roca Rey. Protagonizó el peruano una labor paciente, plena de valor sereno y con pasajes destacados al natural por el pitón izquierdo. A esos muletazos, lentos y vistosos, le siguió un final pleno de entrega, en el que el diestro pisó con enorme determinación la corta distancia. Conectó ahí con fuerza con el público. La estocada no tuvo el efecto esperado dada su buena ejecución y colocación y todo quedó en una vuelta al ruedo tras petición de trofeo.

El segundo mostró desde el comienzo de su lidia mal comportamiento, pegando arreones, resultando incierto en su embestida, peleando sin ninguna franqueza en el caballo… y en la muleta, sin pasar casi nunca; y cuando lo hizo, lo hizo con peligro. Absolutamente deslucido el ejemplar de Ernesto Gutiérrez. No pudo lograr ni un pase El Juli, que fue silenciado con semejante material. El toro, por su parte, fue fuertemente pitado en el arrastre.

El Juli emborronó con la espada la, hasta ese momento, faena más importante del festejo. Si su primero le puso las cosas imposibles, este cuarto sí se prestó más al lucimiento del madrileño. Sobresalió el poderío del torero, que fue haciendo al toro por ambos pitones. Aunque el animal fue a menos en su comportamiento, sobre todo en el último tramo del trasteo, sí es cierto que tuvo una gran condición en su embestida. La labor de El Juli fue a más. Presentó Julián todas sus credenciales de poderío y mando y se impuso al toro de manera impresionante. La conexión con el público fue total: hubo gritos de ¡torero, torero! y sólo media estocada, de defectuosa colocación, unida a dos golpes de descabello, enfriaron al público. Aun así, El Juli fue obligado a dar la vuelta al ruedo.

Luis Bolívar le cortó la oreja al encastado tercero tras una faena muy importante, en la que a fuerza de voluntad, entrega y disposición, haciendo las cosas muy bien en todo momento, se impuso a la difícil condición de su antagonista. Hubo muletazos de trazo largo, de toreo lento. El toro por momentos quiso rajarse, pero hasta las tablas se iba a buscarlo Bolívar, logrando destacados pasajes por ambos pitones. Hubo también circulares invertidos, con cambios de mano incluidos, con el toro respondiendo cuando logró sujetarlo el caleño. Labor con mérito, pues el animal puso a prueba las condiciones del diestro, que previamente había brindado aFelipe Negret, presidente de la Corporación Taurina de Bogotá.

No terminaron de romper ni toro ni torero en el quinto capítulo del festejo, enfriando también los ánimos del público el fallo a espadas del diestro de turno: Luis Bolívar. La faena comenzó lucida con el capote con tres largas cambiadas de rodillas al hilo de las tablas y se mantuvo en lo alto en el inicio de faena en los medios, con cambiados por la espalda y pases de pitón a rabo. Pero las ilusiones se desvanecieron pronto al comprobar cómo ni toro ni torero terminaron de entenderse. El público esperaba una salida a hombros que, finalmente, no se produjo. Silencio al torero y silencio para el toro.

FICHA DEL FESTEJO

Bogotá (Colombia), domingo 22 de enero de 2017. Festejo de reapertura de la Plaza Santamaría tras cinco años sin toros. 

Toros de Ernesto Gutiérrez. Julián López “El Juli”, silencio y vuelta al ruedo; Luis Bolívar, oreja y silencio; y Andrés Roca Rey, que confirma alternativa, vuelta al ruedo tras petición. Entrada: Lleno de “No hay billetes”. El toro del regreso de la Fiesta a Bogotá atendió por “Libertador”, nº 6, de 471 kilos, y con él confirmó alternativa Andrés Roca Rey. Antes de arrancar el paseíllo, sonaron el himno nacional de la República de Colombia y el himno de la ciudad de Bogotá. Además, se escucharon gritos espontáneos de ¡Libertad, libertad! por parte del público. Una lona que cubría el ruedo pedía “Libertad, respeto y derecho”. El periodista y sociólogo Alfredo Molano entregó la llave de los toriles a los monosabios. Se guardó un minuto de silencio por todos los fallecidos en el mundo del toro los últimos cinco años. Los tres toreros y sus cuadrillas fueron obligados a saludar tras el paseíllo. La empresa organizadora también fue fuertemente aplaudida. Bolívar brindó la muerte de su primero a Felipe Negret, presidente de la Corporación Taurina. Saludaron montera en mano Ricardo Santana y Carlos Garrido tras sus excelentes pares de banderillas al quinto toro.

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GRAVES INCIDENTES PROVOCADOS POR VIOLENTOS ANTITAURINOS PREVIOS AL FESTEJO 

La violencia antitaurina ha vuelto a hacer efecto esta noche en la vuelta de las corridas de toros al a plaza de la Santamaría de Bogotá. Cientos de antitaurinos violentos han impedido que se celebre el festejo a base del lanzamiento de objetos y piedras a los aficionados de la plaza, algo que ha quedado materializado en varios heridos trasladados gravemente a los hospitales.

Esto es fruto del afán antitaurino del nuevo alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, en su campaña contra la tauromaquia a pesar de tener que acatar la sentencia de la Corte Constitucional colombiana devolviendo los festejos taurinos a la capital. La poca presencia policial no pudo contener la violencia antitaurina.

“Nos escupieron, nos tiraron cosas, nos insultaron…”

LA OPINIÓN DE JORGE ARTURO DÍAZ REYES

Bogotá: La fiesta sitiada

Foto: Jorge Arturo Díaz Reyes
 

Fuera estallaban bombas, un helicóptero de la policía sobrevolaba los alrededores de la plaza y dentro, los díez mil doscientos aficionados que habían roto el cerco de las turbas antitaurinas copando los remodelados tendidos, entonaban a todo pulmón el himno nacional. Así bajo sol esplendoroso empezó la histórica corrida del retorno.

El alcalde Peñalosa desde su posesión había estado amenazando que lideraría la ofensiva antitaurina contra la corrida. No dio la cara, pero a distancia, quizás sus palabras ejercieron un efecto estimulante sobre las turbas. Efecto contrario a su deber remunerado, de salvaguardar el orden, el respeto y la paz ciudadana. Terrible, terrible, terrible. Ahí están los videos de los noticieros.

En una plaza llena, soleada, pero cercada por el odio y la barbarie, se dió la reapertura. Roca Rey, vino, debutó, confirmó y se fue a hombros por la puerta grande marcando la efeméride. Bolívar cortó una oreja de ley, y El Julí malogró con la espada una vibrante faena. Buen encierro de Ernesto Gutiérrez.

Fuera estallaban bombas, un helicóptero de la policía sobrevolaba los alrededores de la plaza y dentro, los díez mil doscientos aficionados que habían roto el cerco de las turbas antitaurinas copando los remodelados tendidos, entonaban a todo pulmón el himno nacional. Así bajo sol esplendoroso empezó la histórica corrida del retorno.

Al fin del paseíllo se guardó un minuto de silencio por Fermín Sanz de Santamaría, ganadero de Mondoñedo, y comenzaron a salir los toros de Ernesto Gutiérrez, negros, en el mejor tipo de la casa, bien armados y encastados, con diversos matices de nobleza y bravura, pero todos embistiendo, atacando monturas y peleando la mayor parte del tiempo en los medios. Digna presentación del hierro manizaleño honrando la importante y crispada fecha. Si bien no salió el de bandera, cuatro de ellos se fueron aplaudidos en el arrastre, y no lo hicieron desorejados porque no los mataron como Dios manda. Pero no fue culpa suya que la corrida no terminara con todos a hombros. La ganadería más vendida de Colombia, corrige así el rumbo de una temporada que le venía contraria, con cuatro encierros cuestionados en Cali y Manizales.

Caía la tarde, y el peruano Roca Rey, quien con una estocada inefectiva, un aviso y un descabello había dejado sin trofeo su faena de confirmación (pese a la petición generosa), salió a por todas. “Esperanza” cargaba 512 kilos y los recibió de rodillas con larga, tres verónicas y farol invertido. Luego le puso en suerte con chicuelinas caminadas, tres verónicas y otra larga cambiada postrado. Ya en el primero había tirado inspiraciones capoteras ligando evocadora tanda de cacerinas. Cayetano se agarró en un buen puyazo metiendo más candela en el fogón de plaza, y como si fuera poco Santana y Garrido cuajaron un ovacionado tercio.

Al brindis, que lo recibieron tres de los banderilleros de la huelga de hambre por la liberación, la Santamaría echaba humo por dentro y por fuera. De largo, dos cambios a pecho y espalda y con pases de todas las marcas en una sucesión emotiva, salpicada de sorpresivas ocurrencias se puso por encima de todo. El pasodoble y el jaleo acallaba las explosiones de la batalla exterior y el chorro de luz del helicóptero serpenteaba dramáticamente. Un pinchazo arriba y una estocada sin puntilla culminaron. Las dos orejas y la salida triunfal hacia tierra de nadie.

Luis Bolívar y el geniudo “Epazote” se trabaron en fraca lid. Larga, seis verónicas ganando pasos y una media le pararon más allá de los medios. Marcheneras y revolera de quite. Sus banderilleros saludan con mérito. El caleño saca al tercio a Felipe Negret, comandante de la reconquista, le entrega la montera, le dice cosas, y con las dos rodillas clavadas liga cuatro derechas en redondo abrochadas con un obligado desatando pasiones. El toro quería el mando, punteaba y ceñía, pero la muleta se lo negó, para eso es, y se lo hizo sentir con rigor en los siete naturales, y los circulares de doble vuelta coreados con furia por paganinis y músicos. El gutierrez rendido, declinó. Tres ayudados bajos y un espadazo cobraron la indiscutible oreja. Faena de poder. Con el quinto lucho a brazo partido, ganó pueblo y música pero no mató de una.

El Juli, no empatizó con el bronco segundo, no le porfió mucho, le macheteó y le liquidó con degüello. Nada. El cuarto, acucharado, se dejó, sin mucha codicia, sin mucha transmisión, pero el torero puso lo que faltaba y mantuvo la parroquia en vilo, e in crescendo el escándalo. Zapopinas jaleadas, fea cogida sin consecuencias de“El Popis”, tres por alto, y el trapo se hace dueño evitando la deserción del bravucón, obligando y atando las embestida, por abajo, por arriba, por un lado y por el otro. El cenit, seis naturales y el forzado. Luego el dominio absoluto hasta la noria. Pero el pinchazo y los dos descabellos apenas permiten la honorable vuelta al ruedo.

Ya de noche salimos tras la procesión de Roca Rey, mientras los altavoces daban instrucciones de la policía sobre el camino abierto entre los sitiadores para poder escapar. Las seguimos. Vimos y oímos cosas muy, muy feas, pero sobrevivimos.

El alcalde Peñalosa desde su posesión había estado amenazando que lideraría la ofensiva antitaurina contra la corrida. No dio la cara, pero a distancia, quizás sus palabras ejercieron un efecto estimulante sobre las turbas. Efecto contrario a su deber remunerado, de salvaguardar el orden, el respeto y la paz ciudadana. Terrible, terrible, terrible. Ahí están los videos de los noticieros.

FICHA DE LA CORRIDA

Domingo 22 de enero 2017. Plaza de Santamaría. 1ª de “La Libertad”. Sol. Lleno de “No hay boletas”. 

Seis toros de Ernesto Gutiérrez, bien presentados parejos y encastados. Aplaudidos en el arrastre 1º, 3º, 4º y 6º. El toro de la confirmación fue “Libertad”, cuatreño, # 6, negro, zaíno cornivuelto de 471 kilos.

El Juli, silencio tras aviso y vuelta.

Luis Bolívar, oreja y silencio.

Andrés Roca Rey, quien confirmó alternativa, vuelta tras petición, y dos orejas. 

Incidencias: Saludaron: Gustavo García “Jeringa” y Carlos Garrido tras parear al 3º. Ricardo Santana yCarlos Garrido tras parear al 5º. Al terminar la corrida Andrés Roca Rey salió a hombros por la puerta grande.

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