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Guadalajara (México). Con un enorme Perera se dio tarde entretenida

 

Con todo y que la tarde invitaba a toros, clara, azulada de cielo sin nubes y clima más que agradable, la entrada resultó de un tercio de plaza para la segunda parte de la temporada tapatía.

Corrida de San Miguel de Mimiahuapam de Don Alberto Bailleres variopinta, que tan salió el mulato como el cárdeno y predominando el pelaje castaño.  Toros con crianza, romana y astifinos de pitones; cinco serios con imponencia, galopando poco y sí los más con trote cochinero, que recibiendo puyazo por cabeza ya que acusaron justeza de fuerza, llegaron al tercio último con medida movilidad, varios regateando pero al acometer claros, con nobleza colaboradora como otros faltos de emotividad y transmisión, lo que era perceptible en el tono de las faenas.

Y escribo esto, porque los alternantes tuvieron que echar mano de su sapiencia, expresión y oficio, — cada uno de los tres a los niveles de su momento profesional –, para brindar actuaciones en las que la voluntad, el empeño y los deseos justificaron los carteles de cada uno de ellos.

Miguel Ángel Perera, ése torerazo extremeño que me impactó desde su debut novilleril en Las Ventas madrileña, atravesando en un momento espléndido de su carrera; ése en el que dominando a plenitud el oficio, pisando seguro, firme, con poder y mando, le permite inventarse las faenas llenas de contenido, valor y expresión artística, para echar para afuera su esencia torera que le hace justificarse como figura del toreo.

Comprendiendo a la perfección las condiciones de sus toros, con una claridad de mente y un estilo fincado en el temple, en la quietud, en el clavar las zapatillas en la arena girando, sin enmendar más que lo justo, elevó el toreo con ayudados por abajo con la derecha y al natural con la zurda, deletreando los pases, llevando al ejemplar embebido en el engaño, aplicando ritmo, fundando cadencia con la elasticidad de sus muñecas y el leve quiebre de su cintura.

Series que arrancaron el batir de palmas de una afición que se sintió impactada por la proyección de Perera.

Trasteos largos, exprimiendo a los astados sacándoles lo que le podían ofrecer, que no fue mucho, inventándose, repito e insisto las faenas, hilvanando toreo bueno, giros enroscándose embarrado de toro y sendos remates de pecho vaciando con verdad, sacando los pitones por la hombrera contraria para poner toda la emoción y transmitir lo que el burel, medido de casta, no hacía sentir.

Y para cuando tenía los trofeos más que ganados, a su primero propinó pinchazo hondo en todo lo alto de efectos que le mereció una oreja de las de ley, con peso, con importancia, con trascendencia, y en su segundo, tras de escuchar dos avisos dado lo prolongado de su labor, pinchar y descabellar, lo que le impidió tocar pelo de nuevo, pero saliendo a saludar a los medios en medio de sonora ovación.

Torero importante con verdad y autenticismo es Miguel Ángel Perera.  Triunfador indiscutible que ha impactado en la afición guadalajarense.

Ignacio Garibay ha dejado de nueva vez, justificación de que se trata de un buen torero, que tiene la técnica bien asimilada y cuenta con buen temple, tanto al lancear de capote en verónicas lentas, sedeñas y rítmicas rematadas con medias, como con la muleta buscando el toreo con lentitud, pero en repetidos momentos toreando despegadillo y sobrándose con el pico de la zarga.  Se llevó el mejor lote y alcanzó  momentos de lucimiento, pero sin la intensidad suficiente, recibiendo aplausos tras de cobrar entera desprendidilla en el que abrió plaza, y pinchazo y entera al cuarto, que con el otro suyo conformaron el mejor de los lotes del festejo.

Y cómo está madurando Diego Silveti…

Se le refleja en su pisar seguro, sintiéndose y desarrollando una actuación lucida, muy acorde al juego que sus bureles le ofrecieron, haciéndose aplaudir en ceñido quite por gaoneras echándose el capote a la espalda y rematando con revolera, para con la muleta…

Con la muleta emocionar con cambiado por la espalda de inicio en el centro del ruedo, y darse a torear por abajo por los dos lados y con ambas manos, cuajando muletazos templados, pasándose cerca al astado, para intercalar desde el molinete como el desdén rematando con pases de pecho que se le jalearon.

Tras estoquear al tercero de entera de efectos, con el más que deslucido sexto que no ofrecía condiciones de lucimiento, regaló un sobrero de la misma ganadería que tampoco era de triunfo, mirándose Diego voluntarioso y con empeño tratando de agradar en todo momento a la afición tapatía.

Creo que Silveti está llegando a ésa etapa en la que cuando se domina el oficio, le permite al artista desbordar lo que dentro de sí trae como mensaje artístico de torero.  A seguir su camino…

Me queda claro que las corridas en sábado no motivan tanto como las domingueras.  Cosa pues de tomar en consideración……

F. Baruqui

F. Baruqui

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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