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Últimas escurriduras de América

A punto de empezar la gran temporada en España con las ferias de Olivenza y Fallas, de las que les tendremos puntualmente informados con las crónicas de José Antonio del Moral, últimamente cuasi fuera de combate por las sucesivas operaciones de cataratas ya felizmente superadas, les damos cuenta de las últimas corridas celebradas en las plazas de Mérida (Venezuela) y Ambato (Ecuador)

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Última de Mérida. López Chaves, puerta grande por ambición y raza

Dos orejas (una en cada toro) las que paseó el salmantino espada en el último capítulo de la cita ferial emeritense, donde igualmente lo más artístico corrió a cargo de Alexander

López Chaves, puerta grande por ambición y raza

RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ

De la resaca del día anterior muchos habían tomado rumbo a sus destinos. Y solo ayer quedábamos los fieles que esperamos la reivindicación de una sangre de toro bravo que ofrece emociones. Pero fue todo lo contrario. Tarde de toros aburrida, a veces con momentos de interés y poco más como lo fue las lidias técnicas y entregadas del debutante en esta plaza Domingo López Chaves. Al final, fue esfuerzo para abrirse la puerta grande, a la que no se necesita de mucho, a tenor de lo que se ha manejado estos últimos días de feria, digo criterio y ortodoxia por parte de Usía.

Toros de Los Aranguez discretos de presentación, para no decir de justo trapío para lo que ha sido su paso por esta plaza en ediciones anteriores. Aparte de ello, en Carora han dejado el manantial de nobleza bravura que les caracteriza, por lo que han dado muestra de un descastamiento a veces rayando en la mansedumbre. Incluso dos de estos saltaron el callejón, protagonizando el último, la curiosa anécdota de voltear a un funcionario militar que ajeno a lo que estar en un callejón quedo estupefacto en la puerta de enfermería cuando esta se abría para devolver al burel al ruedo. El capote milagroso nos salvó de una tragedia, en un sitio donde están muchos que no deben de estar.

El menudo salmantino López Chaves se ha trabajado el par de orejas que ha paseado por el ruedo emeritense. Su primero lo cuidaría en medido castigo en varas, para quitar por ceñidas chicuelinas lo que era el prólogo a una labor haciéndose con la sosota y parada embestida de un animal al que le había brindado su lidia y muerte a su pupilo, Manolo Vanegas. El temple, el mando con la voz y en especial la entrega en especial por la derecha hicieron de su labor meritoria para que tras la estocada entera, ligeramente desprendida se le concediera la oreja.

Misma receta ofreció en su segundo, toro de similar característica y comportamiento que su hermano, al que recibió por chicuelinas en el tercio. Por bajo inicio labor muleteril, la misma que tuvo mucho que ver el torero en hacer pasar las “agarradas al piso” embestidas del morlaco, en especial por la derecha por donde basó en su mayoría trasteo, para nuevamente con la espada luego de tres viajes con el acero, cortar una generosa orejita que poco o más da a estas alturas donde se han visto apéndices paseados de menor valía y méritos.

Otro debutante en esta plaza era el espigadísimo extremeño Israel Lancho, quien su actuación en la pasada Feria de Tovar le valió para hacer el paseíllo en Mérida. En sus dos antagonista del enlotados por la mañana poco le dejaron estar por lo parado y manso de su condición, quien se le intuyó deseos de agradar pero escasa ortodoxia para lograrlo, incluso cayendo en el excesivo toreo a la galería. Su primero que saltó al callejón lo brindó al hijo del matador Rafael Orellana, quien es una representación del gran logro que ha significado que en esta feria hayan vuelto los niños mayores de 12 años a la plaza; y su segundo (que también había saltado al callejón en las cercanías del burladero 3) al guardia nacional, volteado momentos antes en el callejón. De lo demás poco a destacar.

Regalaría un escurrido, cornalón y feo jabonero de El Prado, el cual en su misma condición de lidia ofrecida, le propinaría par de volteretas, en faena más de aliño y justificación que otra cosa, cuando muchos habían ya dejado un poco aburridos por el contexto de la tarde, sus escaños en los tendidos. Leves palmas al gesto de cerrar feria con ansias de triunfo.

La espada para Alexander Guillén viene a ser una materia pendiente de hace tiempo. Su faena al sexto de la función ha tenido ramalazos de gran torería, templando, embarcando y llevando con arte las noblotas embestidas del más potable ejemplar que se lidio a nombre de Los Aranguez. Sería lo más artístico y más emotivo que hizo que el espada emeritense, quien la espada le ha emborronado lo que era de seguro una oreja de peso. Pero se dedicó a pinchar en reiteradas ocasiones hasta escuchar de recados presidenciales.

Similar lecturas tuvo la faena en el primero de su actuación, un animal en la que solo pudiéramos destacar los toreros doblones por ambos pitones con los que inicio trasteo y poco más, pues su parada condición y mansurrón comportamiento hizo de esta mucha entrega y poco valor para los del tendido. El sainete con el acero por poco le cuesta que el toro pasara al corral, despachándole con el descabello in extremis.

Culmina así una edición donde de todo el colorario visto se destacan dos cosas importantes: la gran salud y nobleza de la afición merideña en una feria donde hasta siete cambios hubo en sus carteles de última hora, y en especial, el gran espectáculo que ofrecieron los toros de la ganadería San Antonio. Esas dos cosas hacen que uno como aficionado por lo menos mantenga la ilusión de seguir en la vera de una fiesta brava que se niega a morir. Lo demás, cuando por la arena merideña se han paseado 23 orejas de distinto peso, 2 rabos y dos indultos es historia ya pasada. Allí queda eso para análisis posteriores.

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José Garrido, también en Ambato

El extremeño le corta las dos orejas a un toro de Mirafuente y abre la puerta grande en la segunda corrida de la Feria de las Flores y las Frutas

José Garrido abrió la puerta grande de la plaza de toros ecuatoriana de Ambato tras cortar dos orejas del sexto toro de la tarde. El extremeño se impuso con capacidad a un astado de exigente embestida con el hierro de Mirafuente. Paco Ureña también tocó pelo, lo hizo frente al quinto de la ganadería de Vistahermosa. Por su parte, Cruz Ordóñez, no tuvo opciones de triunfo frente al lote más complicado. La ficha del festejo es la siguiente:

Ambato (Ecuador), lunes 27 de febrero de 2017. Segunda corrida de la Feria de las Flores y las Frutas. Toros de Mirafuente (1º, 2º y 6º) y Vistahermosa (3º, 4º y 5º). Cruz Ordóñez, ovación con saludos en ambos; Paco Ureña, ovación con saludos y oreja; José Garrido, ovación con saludos y dos orejas.

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